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Domingo Soriano

El Gobierno, la OPA y los oligopolios: ¿por qué estaba bien Caixabank-Bankia y está mal BBVA-Sabadell?

La concentración del sistema financiero fue impulsada por los mismos políticos que ahora critican al sector por tener poca competencia.

La concentración del sistema financiero fue impulsada por los mismos políticos que ahora critican al sector por tener poca competencia.
Un cajero del Banco Sabadell en el centro de Madrid, este lunes. | EFE

El Gobierno ha descubierto esta semana que el sector bancario español es un oligopolio. Nos imaginamos que el hallazgo habrá llegado en la misma mañana en la que Carlos Cuerpo y Pedro Sánchez se enteraron de que la mayoría de los productos ligth engordan casi lo mismo que los normales, que las reglas de las elecciones rusas no fueron del todo justas para la oposición a Vladimir Putin y que en el café de Rick’s había una sala en la parte de atrás con una ruleta y unas cuantas mesas de blackjack.

También es cierto que lo del sector financiero parece que lo han descubierto por fases. En la primera etapa, y no hablamos de hace dos años sino de esta misma semana, Félix Bolaños, que opina casi de todo, no es que estuviera feliz, es que estaba exultante. Esto es lo que dijo el ministro de Presidencia cuando se conoció la noticia:

Desde luego, desde el Gobierno, para nosotros, tener entidades financieras que sean sólidas, que sean punteras, que sean líderes en Europa y en el mundo, desde ese punto de vista es una buena noticia.

Pero luego Puigdemont levantó la mano, y los ministros cambiaron de opinión [al final va a ser cierto eso que decía Sánchez de que él no miente, porque no tiene opinión sobre nada y que cambia de parecer según se lo ordena el prófugo; lo que pasa es que se lo ordena tantas veces y sobre tantos temas que deberíamos ahorrarnos el paso de preguntar en Ferraz y Moncloa e ir directamente a Waterloo o donde quiera que se encuentre, para saber a qué atenernos en cualquier tema]. Por extraño que pueda sonar, al nacionalismo catalán le molesta lo que hagan una entidad que consideran vasca-madrileña (española, en resumen) y una alicantina (era catalana hasta que ese mismo nacionalismo les empujó a marcharse). Así que una cuestión que debería quedar en las páginas bursátiles, con las clásicas discusiones entre analistas acerca de si la oferta es suficiente o no; si salen beneficiados los accionistas opantes o los opados; o si el nuevo banco podría aprovechar las sinergias que siempre nos venden en una operación así [Spoiler: casi nunca merece la pena]... decimos que este debate pasa a las páginas de información política.

Y sí, el sector bancario es un oligopolio. Lo es con o sin fusión BBVA-Sabadell. Y también, hay muy poca competencia, precios más caros que en otros países y amplias zonas de España en las que en la práctica sólo hay una o dos opciones disponibles para el cliente medio. Una situación que empeorará algo si se completa la fusión. Pero lo que más llama la atención de lo ocurrido esta semana es que es un oligopolio, ¡porque los políticos españoles así lo han forzado!

La crisis

España vivió una de las peores crisis financieras de Occidente entre 2008 y 2014. Aquí no fueron las subprime, sino la burbuja del ladrillo, pero el destrozo en el balance de los bancos y las cajas fue brutal igualmente. ¿Y cómo les dijeron los políticos españoles (y europeos) a aquellos bancos y cajas que tenían que salir de esa situación? Pues sí, fusionándose. Miren el gráfico que encontrábamos el otro día en Twitter:

Todos estos movimientos no fueron desatados por las fuerzas del mercado. Antes al contrario, la consolidación de las cajas fue una operación política. Incluso en aquellos casos en los que no tenía ningún sentido, se hizo porque se lo mandaron o les hicieron una de esas ofertas políticas que no se pueden rechazar. Miren lo que pasó en Bankia: ¿habría caído CajaMadrid en solitario? Sinceramente, no lo creo. Pero se tuvo que comer Bancaja... y lo demás es historia.

Por supuesto, aquello no se quedó en las fusiones frías que impulsó Elena Salgado o en el empujón de Luis de Guindos a la consolidación del sector (porque sí, los dos grandes partidos colaboraron en la tarea). Este mismo Gobierno, el que esta semana amenaza con vetar la operación, dio su visto bueno a una fusión muchísimo más dañina para la competencia. En realidad, no es que la aprobase, es que la alentó, protegió, apoyó e impulsó. Bankia y Caixabank se unieron no a pesar del Gobierno, sino animadas por el mismo.

Pero por alguna extraña razón, lo que era una gran noticia en el caso de Bankia y Caixabank (bastante más grandes, en conjunto, de lo que sería la unión BBVA-Sabadell), ahora es inaceptable. ¿Será porque en un caso la opada era de Madrid y ahora es catalana?

Todo esto puede sonar a otro atropello más de este Gobierno o al clásico politiqueo al que ya estamos tan acostumbrados. Pero no deberíamos dejarlo pasar. En un país normal, habría una ley de opas; unas normas sobre fusiones-adquisiciones-poder de mercado; una normativa sobre competencia; y un organismo supervisor (la CNMV, la Comisión de Competencia) que controlaría todo aquello. El Gobierno o el Parlamento no tendrían nada que decir: o, mejor dicho, lo que tuvieran que decir ya lo habrían dicho en esa ley de opas, que es la que establecería las reglas del juego.

Intuyo que a mí esa ley no me gustaría demasiado, porque las normas anti-monopolio siempre me han parecido bastante arbitrarias: ¿cómo defines sector? ¿En qué producto y qué porcentaje de cuota de mercado de ese producto impide la competencia? Si las barreras de entrada son bajas (y deberían serlo más, para nuevos actores y para inversores extranjeros), ¿por qué es malo que haya uno, dos, cinco o veinte empresas? En el sector financiero, ¿contamos sólo bancos con sucursales o incluimos a los nuevos operadores de internet?

Pero no estamos en un país normal. Sino en uno en el que los empresarios y accionistas saben que sus decisiones, acertadas o no, tendrán que pasar por la aprobación del Consejo de Ministros. Por supuesto, esto tiene implicaciones en el empleo, la inversión y la creación de riqueza.

Los riesgos

Por supuesto, esto no quiere decir que el sistema financiero español no mejoraría con más competencia; por ejemplo, con la llegada de nuevos jugadores desde el extranjero. Lo haría. Y reduciría los riesgos. Porque todo esto se hizo para sacar de nuestras vidas a las cajas, que se suponía que eran las culpables de lo que pasó entre 2008-2012, y al final lo que tenemos es un sector con entidades mucho más grandes y potentes... pero quizás por eso mismo más peligrosas en caso de otra gran crisis. Con 50-60 cajas danzando por ahí, una quiebra era tolerable. Ahora mismo, se te cae uno de los tres grandes y probablemente arrastraría al país. Es cierto que estos tres grandes parecen sólidos y solventes, mucho más que aquellas cajas politizadas y muy mal gestionadas. Pero, como diría Taleb, quizás el nuevo diseño impulsado por los políticos nos ha vuelto más eficientes, pero también más frágiles y más expuestos a uno de esos cisnes negros que nunca pensamos que aparecerán hasta que aparecen.

Pero el tema de cuántos bancos caben en el mercado español es una discusión de segundo orden. Porque lo sustancial no es cuántas entidades tiene que haber, ni cuáles deben ser esas entidades, sino quién debe tomar la decisión. El Gobierno ha decidido que esto es cosa suya. Recurrimos de nuevo a Taleb y a su idea de "jugarse la piel", es decir, que es bueno que los que tomen las decisiones deben soportar las consecuencias de sus actos. Esto con Sánchez y Cuerpo tampoco parece que encaje demasiado bien.

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