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Tsipras se sale con la suya: el 'no' arrasa en Grecia

Con el 75% escrutado, la opción defendida por Alexis Tsipras obtendría un 61,57% de los votos, frente al 38,43% del .

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Entusiasmo entre los seguidores del "no" | EFE

Alexis Tsipras ha ganado. Al menos por esta noche, eso es lo que sienten sus seguidores reunidos en la Plaza Syntagma de Atenas. Los partidarios del no celebran el resultado de un referéndum inesperado, convocado por sorpresa apenas hace nueve días y para el que las encuestas daban un resultado muy apretado. La contundencia de la victoria del primer ministro ha pillado a casi todos por sorpresa.

El 61-39% que apunta el escrutinio (todavía no cerrado al 100%) es un enorme espaldarazo a nivel interno al líder de Syriza, que hace seis meses ganaba las elecciones con apenas el 35% de los votos. Con el 90% de los votos escrutado, el no se ha impuesto con el 61,42% frente al que ha obtenido el 38,58%.

Eso sí, no hay que olvidar que la votación se refería a un acuerdo con otra parte (la troika). O por decirlo de otra manera, el resultado final de la negociación no se decidía este domingo en las urnas griegas. A lo largo de la semana, líderes de toda Europa han recordado que al igual que el pueblo heleno era soberano para votar en un referéndum, los demás países también lo son para no prestarles más dinero y no firmar un tercer plan de rescate. Por eso, la victoria final de Tsipras dependerá de lo que hagan a partir de ahora sus socios europeos. ¿Será verdad que ese 61% "fortalece" la posición negociadora del Gobierno griego en Bruselas? ¿Supondrá la victoria del "No" la expulsión de Grecia del euro? La respuesta a dichas preguntas determinará quién es, de verdad, el vencedor de este domingo.

Frente interno

Todos los referéndums, incluso los que se convocan para responder a cuestiones de política exterior (como el de la OTAN en España) tienen una lectura en clave política interna y éste no será una excepción. En este frente, Tsipras ha vencido con rotundidad. Su posición al frente del Gobierno, ante la oposición y ante los críticos de su propio partido, se ha reforzado. La apuesta le ha salido bien.

Pero además, Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, quieren que la victoria les sirva de trampolín también en Bruselas. A lo largo de la jornada ya habían reiterado sus mensajes de la última semana: éste no era un referéndum sobre la permanencia de Grecia en el euro, hay un acuerdo casi cerrado con los acreedores y el objetivo de la votación era dar más fuerza al Gobierno en las negociaciones. En su comparecencia en la televisión pública, el primer ministro ha afirmado que este mismo lunes reanudarán las negociaciones: "Mañana reiniciaremos la negociación. Nuestra prioridad es el funcionamiento del sistema bancario".

En la misma línea, Gavriil Sakelaridis, el portavoz del Gobierno heleno, ha asegurado a lo largo del día que si ganaba el "No" las negociaciones tenían que retomarse "inmediatamente" e, incluso, ha pronosticado que se alcanzará un acuerdo en las próximas 48 horas.

El propio Varufakis, en la primera rueda de prensa que ha dado tras conocerse los resultados ha asegurado que su extenderá "una mano de cooperación" a los socios europeos, para buscar con ellos un "lugar común": "A partir de mañana vamos a colaborar con el Banco Central Europeo que mantuvo una posición neutra la semana pasada y tendremos una actitud positiva hacia la Comisión Europea".

Reacciones en Europa

Por lo tanto, parece claro que el Gobierno griego quiere un acuerdo rápido y está convencido de que lo conseguirá. El problema puede llegar desde el otro lado de la mesa de negociaciones. Para los primeros ministros del resto de Europa sería muy complicado vender a su electorado que tras un desplante (o chantaje) como el de Tsipras se firme un pacto en los términos que los políticos helenos buscan. Especialmente en Alemania, las encuestas aseguran que la mayoría de los ciudadanos quiere que Grecia salga del euro.

Además, hay numerosos factores objetivos que dificultarán el acuerdo: la economía griega ha entrado en recesión, los bancos podrían quedarse sin fondos esta misma semana, las relaciones personales entre Tsipras-Varufakis y el resto de políticos europeos es pésima, los plazos se acortan (el 20 de julio hay que pagar un nuevo rescate al BCE),...

En este punto, la postura en Europa está lejos de ser unánime. Parece claro que el Gobierno alemán seguirá firme, pero no está tan claro qué pasará en el resto de los ejecutivos comunitarios. Para este lunes hay prevista una reunión entre François Hollande y Angela Merkel. El ministro de Economía francés, Emmanuel Macron, afirmaba a lo largo de la jornada del domingo que fuera cual fuera el resultado habría que volver a la mesa de las negociaciones.

Desde Alemania, quizás la reacción más significativa sea la de Signar Gabriel, vicecanciller y líder de de los socialdemócratas alemanes. En declaraciones al diario Tagesspiegel ha asegurado tras conocer el resultado del referéndum que con esta decisión se ha roto el "último puente" para un acuerdo. "Tsipras y su Gobierno llevan a los griegos a un camino de resignación amarga y sin esperanza", ha asegurado. Y no hablamos de Wolfgang Schauble, el ministro de Finanzas que parece que se ha quedado con el papel de malo de la película. Es el líder de los socialistas germanos el que ha dado el primer portazo a Tsipras.

El ejemplo

En este punto hay que recordar que Grecia no ha sido el único país rescatado o al que se le han exigido decisiones difíciles en los últimos años. Si se le da a Tsipras lo que quiere, ¿qué impedirá que los gobiernos español o italiano (los actuales o los que salgan de las próximas elecciones) sigan el ejemplo de Syriza? Si la troika acepta las exigencias de los griegos, estaría mandando un mensaje muy peligroso para el futuro de la Eurozona a medio plazo. Quedaría la sensación de que los que incumplen las reglas y chantajean a las instituciones acaban obteniendo ventajas que los que acatan las normas no tienen.

Por eso, muchos comentaristas alertan de que el peligro, si se accede a las peticiones de Tsipras, no es tanto la ruptura del euro por el sur, como por el norte. Quizás no a corto plazo, pero sí en unos años. Al fin y al cabo, lo que pide el Gobierno griego es que Europa le sostenga financieramente sine die, a cambio de unos mínimos ajustes. Si se admite, Italia, España o Portugal podrían ir detrás.

Desde el punto de vista financiero, esto sería cada día más complicado: menos paganos y más receptores. Y desde el punto de vista político tampoco sería nada sencillo. En cualquier momento, en alguno de los países del norte de Europa, un partido euroescéptico ganará las elecciones o será clave para formar Gobierno con la promesa de salir del euro y reinstaurar su antigua moneda.

Todas estas circunstancias estarán encima de la mesa durante las próximas semanas. No hay demasiado tiempo para tiras y aflojas. Como apuntamos, el próximo 20 de julio hay un pago pendiente de 3.500 millones al Banco Central Europeo (BCE) que no admite demoras. Si llega la fecha y no hay acuerdo sobre el nuevo paquete de rescate, el país estará en bancarrota, con todo lo que eso supone.

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