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Emilio J. González

La importancia del empresario

No podemos pretender que haya empresarios mientras la sociedad no valore su función en su justa medida, y la sociedad española, por tradición y por formación, es rabiosamente anti empresa.

Emilio J. González
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Las propuestas para la creación de empleo se están configurando como uno de los principales ejes de las campañas electorales del PSOE y del PP, cosa lógica teniendo en cuenta la dramática situación que vive nuestro país en este sentido. Rajoy dice que la aplicación de su programa va a permitir generar 3,5 millones de puestos de trabajo gracias a los incentivos fiscales que se aplicarán a las empresas, lo cual permitirá la aparición de nuevas compañías y de más trabajadores autónomos. Rubalcaba dice que él también va a crear empleo aunque no da cifras, quizá para que no le recuerden que perteneció a aquel Gobierno de Felipe González que prometió 800.000 puestos de trabajo y acabó por destruir otros tantos. O que ha sido miembro de los Ejecutivos de Zapatero, que han dejado el mercado de trabajo español como los mongoles las ciudades que se negaban a abrirles las puertas. Lo que yo echo de menos es que ambos candidatos hablen de crear vocaciones empresariales y de reivindicar verdaderamente el papel del empresario como generador de riqueza y bienestar para todos.

Uno de los muchos errores en la estrategia para superar la crisis que comparten Zapatero y Obama es no entender, precisamente, la relevancia de la empresa, del sector privado, para poder resolver los problemas. Es más, a la menor ocasión que tienen, ambos mandatarios, lo mismo que los demás socialistas españoles y los sindicalistas, arremeten con todas sus fuerzas contra la empresa y el empresario. De esta forma, entre unos y otros han creado un clima muy poco favorable al desarrollo de la actividad empresarial, ya de por sí muy castigado por la falta de crédito, que está incidiendo negativamente en la marcha de la economía y el empleo. En consecuencia, recuperar un clima favorable para el mundo de los negocios se constituye en condición necesaria para salir de la crisis. Rajoy podrá hacerlo; un Rubalcaba que se está echando en brazos de lo más radical de la izquierda, lo dudo. Pero no basta con ello.

Para que haya empresas, tiene que haber empresarios; para que haya empresarios, tiene que haber vocaciones empresariales. Si el déficit público en nuestro país es preocupante, el déficit de dichas vocaciones lo es aún más. No podemos esperar que surjan esas personas dispuestas a asumir los riesgos propios de la actividad empresarial si se les demoniza constantemente en los medios de comunicación, en los mensajes políticos y hasta en los libros de texto de las escuelas, por no hablar ya de lo que ocurre en muchas universidades públicas españolas. No podemos pretender que haya empresarios mientras la sociedad no valore su función en su justa medida, y la sociedad española, por tradición y por formación, es rabiosamente anti empresa. Para salir de la crisis, por tanto, el próximo presidente del Gobierno no sólo tendrá que acometer medidas de política económica en favor de la empresa; tendrá también que reivindicar la importancia de la figura del empresario en todos los sentidos y en todos los terrenos. Sólo así llegaremos al pleno empleo y a disfrutar de altos niveles de bienestar.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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