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Manuel Fernández Ordóñez

Sistema eléctrico español (III): electricidad fiable y no fiable

Como consecuencia de las desorbitadas subvenciones, el precio final de la electricidad se encarece cada vez más, llevándonos a una pérdida paulatina de competitividad y a un aumento del desempleo. Pagamos la electricidad un 56 % más cara que en Francia.

Manuel Fernández Ordóñez
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Una de las magnitudes más relevantes cuando se trata de cuantificar la fiabilidad de una cierta tecnología eléctrica es la que mide las horas medias de funcionamiento anuales a potencia nominal. Es decir, cuántas horas al año es capaz una central de producir electricidad a plena potencia. Como vimos en el anterior artículo, teniendo en cuenta que un año tiene 8.760 horas, las tecnologías más representativas en España durante 2010 funcionaron las siguientes horas: nuclear (8.028 horas), gas natural (2.564 horas), hidráulica (2.281 horas), carbón (2.174 horas), eólica (2.153 horas), solar fotovoltaica (1.737 horas) y fuel/gas oil (1.634).

Es realmente notable la diferencia en horas de funcionamiento entre las centrales nucleares y el resto de tecnologías. Las nucleares funcionan casi todo el año de manera continua, mientras que las demás funcionan en torno a las 2.000 horas anuales. Como ejemplo, la central nuclear valenciana de Cofrentes detendrá su operación el domingo, por primera vez en los últimos dos años, para recargar combustible. Esta central lleva más de 700 días generando electricidad de forma ininterrumpida. La energía solar fotovoltaica, en cambio, apenas funciona 1.700 horas al año, es decir, opera el equivalente a dos meses al año y los otros diez no produce ni un solo kWh.

Hay dos tipos de tecnologías de generación eléctrica, las fiables y las que no lo son. Las que aseguran nuestro suministro eléctrico y las que no lo pueden hacer. Una central nuclear funciona de media 8.000 horas al año porque tiene la capacidad técnica de hacerlo, un generador eólico funciona de media 2.000 horas al año porque, con la tecnología actual y la distribución de nuestros parques eólicos, eso es todo lo que puedes sacar del viento. Lo mismo sucede con la solar fotovoltaica, que produce únicamente cuando hay sol, o la hidráulica que depende de las precipitaciones. Es decir, estas tecnologías dependen de factores que el ser humano no controla ni predice, son intermitentes y su factor de carga muy pequeño. No pueden asegurar el suministro y no lo podrán hacer hasta que no se desarrollen tecnologías de almacenamiento de energía. La termosolar va por ese camino.

Tenemos otras tecnologías, sin embargo, con las que sucede algo paradójico. Me refiero especialmente a los ciclos combinados de gas natural y a las centrales de carbón. Estas tecnologías podrían funcionar un número elevado de horas anuales, pero no lo hacen ¿por qué? El carbón, a nivel mundial, es la fuente energética que más ha crecido en los últimos años. El gas, por otra parte, es la tecnología que más ha crecido en España. Sin embargo, ambas están disminuyendo sus horas de funcionamiento anuales por dos motivos, las políticas medioambientales y la adulteración que produce en el mercado la legislación a favor de las energías renovables, que expulsan del mismo al resto de tecnologías cuando la demanda eléctrica es baja.

Año a año, las centrales de ciclo combinado van perdiendo cuota de mercado debido a la nefasta legislación en materia energética de la que hacemos gala en este país. Entre el marasmo de inseguridad jurídica que nos asola encontramos el Real Decreto 661/2007 que reza en su Anexo XI: "... los generadores de régimen especial tendrán prioridad para la evacuación de la energía producida frente a los generadores de régimen ordinario, con particular preferencia para la generación de régimen especial no gestionable a partir de fuentes renovables". Esta preferencia de despacho de las energías renovables implica, de facto, que si sopla el viento tenemos que apagar las centrales de gas que estén funcionando para comprar, obligatoriamente, todos y cada uno de los kWh de origen eólico.

Esto, que a priori es bueno para mitigar las emisiones de efecto invernadero, es contraproducente para todo lo demás. Primero, crea una inseguridad jurídica que desincentiva las inversiones porque las centrales de gas están funcionando muchísimas menos horas de las que habían determinado en los cálculos de retorno de capital, teniendo ahora serios problemas para recuperar las inversiones. Segundo, no solo nos obligan de forma ineludible a comprar todos los kWh renovables, sino que además cada uno de esos kWh del régimen especial recibe subvenciones y, en algunos casos como la solar fotovoltaica, son 10 veces más caros que un kWh en el mercado. Tercero, las fuertes primas a ciertas tecnologías desincentivan la competencia en el resto de tecnologías. Cuarto, las subvenciones elevadas a ciertas tecnologías desincentivan la investigación y desarrollo de esas mismas tecnologías puesto que ingresarán miles de millones de euros de dinero público de todos modos. Quinto, como consecuencia de las desorbitadas subvenciones, el precio final de la electricidad se encarece cada vez más, llevándonos a una pérdida paulatina de competitividad, a una destrucción de riqueza y a un aumento del desempleo. Pagamos la electricidad un 56 % más cara que en Francia. Por algo será.

En definitiva, por motivos políticos se ha decidido que tecnologías fiables (como el gas) pierdan cuota de mercado para dar prioridad a otro tipo de tecnologías que no son fiables ni competitivas (de ahí que estén primadas). Por si esto no fuera bastante, los días (pocos) que tenemos un exceso de renovables y ya hemos apagado todo el gas que Red Eléctrica permite (por estabilidad en la red), algunos se quejan porque quieren que también apaguemos las centrales nucleares para meter en el mercado más kWh primados a precios desorbitados. Las nucleares son nuestra generación de base, y lo son precisamente porque son fiables. Pretenden que apaguemos una tecnología estable que es capaz de funcionar a plena potencia de manera continua para basar nuestra producción en tecnologías que funcionan el equivalente a 3 meses al año y encima nos cuestan mucho más a todos los españoles. Lo peor es que no es broma, va en serio y los políticos les hacen las leyes a medida... porque la economía, el crecimiento y el desarrollo dan igual, lo importante son los votos.

El sr. Fernández Ordóñez es doctor en física nuclear.

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