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No estamos para verbenas

El mantenimiento de gastos superfluos mientras se recorta en servicios fundamentales como sanidad y educación, mientras no está asegurado el futuro de las pensiones en España, carece totalmente de justificación.

Emilio J. González
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En un ejercicio lógico y de sentido común con los tiempos que corren, que imponen la austeridad a todas las administraciones públicas españolas, el Ayuntamiento de Madrid, con muy buen sentido, ha decidido no celebrar este año ni la ‘Noche en blanco’, ni el concierto de música clásica en la Plaza Mayor dirigido por el genial Daniel Barenboim. La suspensión es lógica: si estamos en plena crisis fiscal y todo el mundo, Estado, autonomías, ayuntamientos y ciudadanos nos tenemos que apretar el cinturón, es evidente que, en lo que al gasto público se refiere, deben eliminarse todos aquellos proyectos y programas que no sean estrictamente necesarios, con el fin de reducir cuanto antes el déficit presupuestario de nuestro país. Y, como esto es lógico, la corporación municipal de la Villa y Corte ha optado por ahorrar el dinero que cuesta la organización de ambos eventos.

Pues bien, mientras la mayor parte de los ciudadanos entendemos que la cosa no está para verbenas públicas, sobre todo después de que nos hayan subido los impuestos, a la izquierda madrileña, con la honrosa excepción de UPyD, le ha faltado tiempo para cargar contra el PP por esta medida. Para ellos, por lo visto, da igual que este país se encuentre en una crisis fiscal sin precedentes en los tiempos modernos, que dicha crisis esté provocando la desaparición de cientos de miles de empresas y de millones de puestos de trabajo, y que mientras no se cierre la misma, no se podrá hablar de verdadera recuperación económica. Lo que les importa es seguir organizando verbenas y festejos para el pueblo, sufragados con un dinero público que es escaso. Por lo visto, el PSOE e Izquierda Unida entienden que el ocio y la diversión, a costa del Erario público, es un derecho tan fundamental como la sanidad o la educación, mientras esos socialistas que hoy critican al Ayuntamiento de Madrid, ayer, cuando todavía estaban en el Gobierno de España, recortaban las pensiones de los españoles. Un curioso concepto de lo social el que tiene esa izquierda decimonónica que pulula por estos pagos.

No nos llamemos a engaño. Si de verdad queremos poner fin a la crisis fiscal que asola la economía española, tendremos que cortar de raíz todos los gastos superfluos. No me refiero solo a los coches oficiales y las visas oro, que también; me refiero, asimismo, a todo tipo de espectáculos subvencionados, de talleres de todo tipo y demás actividades de ocio y entretenimiento que se sufragan a costa del bolsillo de todos los españoles, en especial de la fiscalmente tan castigada clase media. El mantenimiento de estos tipos de gasto mientras se recorta en servicios fundamentales como sanidad y educación, mientras no está asegurado el futuro de las pensiones en España, carece totalmente de justificación. Por ello, a la hora de ajustar los presupuestos de cada Administración Pública española, estas partidas deberían desaparecer de un plumazo. Insisto, no estamos para verbenas, y menos después de subirnos el IRPF y de que, muy probablemente, después del verano nos suban también el IVA.

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