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La 'obra y gracia' de Sánchez empieza notarse en la economía real

Hay datos altamente correlacionados con el ciclo económico, como la vivienda o el consumo de electricidad, que están empeorando.

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Hay datos altamente correlacionados con el ciclo económico, como la vivienda o el consumo de electricidad, que están empeorando.
Pedro Sánchez, esta semana | EFE

Pedro Sánchez lleva más de un año en la Moncloa. Tiempo suficiente para comenzar a desarrollar la visión de país que, supuestamente, debería haber dibujado en una moción de censura con carácter constructivo.

El verano del año pasado, ya se advertían una serie de indicadores que evidenciaban patrones propios del fin de ciclo económico para la economía española. Y el tiempo los ha confirmado.

La desaceleración es un hecho, e incluso el propio Sánchez y sus ministros hablan de "enfriamiento" económico. Lo cierto es que es algo más que un enfriamiento, aunque llama la atención la facilidad que tienen algunos políticos para modular mensajes en función del momento del ciclo político. Eso sí, hasta que ya no son modulables porque se han convertido en una realidad.

Frente a la batalla contra la desaceleración que se ha librado en toda Europa, bajando impuestos y flexibilizando la economía, Sánchez ha preferido ocuparse de articular un gobierno hecho a su imagen y semejanza, que no se desvíe lo más mínimo del discurso del líder supremo, y que divida más de lo que trabaja. No en vano, nos ha llevado a unas nuevas elecciones generales. Elecciones que, por otro lado, ya no dibujan un panorama con indicios de fin de ciclo, sino que muestran los síntomas de una desaceleración en toda regla, más cerca de la recesión que del cambio de tendencia.

La economía real se resiente

Así, debemos llamar la atención, en primer lugar, por los preocupantes datos de la economía real:

Por ejemplo, la compraventa de viviendas, un dato altamente correlacionado con el ciclo económico, muestra un crecimiento plano durante los seis primeros meses del año, frente a un promedio de crecimiento del 13% interanual durante los últimos 4 años.

El otro bien de inversión de las familias por excelencia son los vehículos, que tampoco muestra síntomas positivos. La matriculación de automóviles concatena 11 de los últimos 12 meses con tasas de crecimiento negativas. Si bien es cierto que el dato de Agosto (-30,8%) esconde un efecto adelantamiento de las compras durante el mismo mes de 2018, no cabe duda de que el sector está sufriendo un impacto relevante debido a:

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  • Incertidumbre en torno al vehículo de combustión, especialmente el de motor diésel, que es consecuencia de las políticas de globo sonda del Gobierno de Sánchez.
  • Menor demanda agregada de agentes privados.
  • Evolución a la baja del mercado de trabajo.

¿Recuerdan la política de globos sonda de que no circularán vehículos diésel por las carreteras españolas a partir de 2040? Ahí tienen los resultados.

La demanda de electricidad, por su parte, también concatena 6 de los últimos 8 meses en negativo. Nada nuevo para los que sigan habitualmente esta columna, salvo el detalle de la demanda de electricidad en grandes consumidores, que da una perspectiva aún más grave de la situación real de la economía. Según el informe de Red Eléctrica de España: "Tras el paréntesis registrado en julio, los registros brutos de agosto han retomado los fuertes ritmos de caída que venían manteniendo en los meses precedentes, retrocediendo en algo más de cinco puntos con respecto al mismo mes del año anterior".

Este descenso, además, se produce tanto en el sector industrial y ya comienza a haber resquicios en el sector servicios. El dato de los últimos 12 meses para dicho sector ya es negativo, y observamos una agudización de la tendencia a la baja en agosto.

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Dicho de otra manera, lo que en abril eran indicios de desaceleración en la industria ahora es todo un sector industrial en recesión técnica, y los servicios, principal motor económico (66%), comienza a dar síntomas de fin de ciclo. ¿Adivinan lo que va a venir si seguimos con los brazos cruzados? Correcto. Un nuevo sector en recesión.

A la debilidad en la demanda doméstica, debemos añadir un sector exterior gripado, y no sólo por la debilidad internacional. En el primer semestre de 2019 las exportaciones de bienes españoles crecen al menor ritmo desde el año 2014. La evolución, tanto de los mercados europeos como extraeuropeos es la propia de un encefalograma plano y Sánchez, lejos de velar por la competitividad de nuestras empresas las ha incrementado su factura fiscal y las trabas burocráticas.

No en vano, la productividad ya está en terreno negativo, con un crecimiento del empleo por encima del crecimiento del PIB y los costes laborales unitarios se están disparando, al calor de la subida del SMI y de la negociación colectiva al alza. En el segundo trimestre de 2019, los costes laborales unitarios crecían un 2,4%, donde el coste salarial crece un 2,1% por el efecto de la subida del SMI. El coste laboral por hora, por su parte, crecía un 3,1% en términos homogéneos. Estamos ante ritmos de crecimiento históricos que no se ven reflejados ni en el IPC, ni en el ritmo de crecimiento económico y, por lo tanto, nos hacen perder competitividad internacional.

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La acumulación de desincentivos al crecimiento en sólo un año ha sido de tal magnitud que ya comenzamos a observar en España lo que ocurre en cualquier país gobernado por el socialismo: espantada en la inversión extranjera directa. El descenso en el primer semestre del año ya es del 66% interanual, y estamos en niveles de salida de la crisis.

Las señales de aviso se suceden, y muchos se preguntan si estamos de vuelta a 2008. Lo más preocupante no es la repetición de patrones económicos, sino la inacción gubernamental en la que estamos inmersos. Un patrón a la baja en cualquier indicador es una señal que ha de llamar a un gestor a la acción. Aplicando las medidas que se han demostrado eficaces, podremos mitigar, o paliar en el mejor de los casos, sus efectos. Pero no hacer nada es la receta perfecta para que la tendencia siga su curso.

Sánchez sólo se mueve para comprar con dinero público los votos que le den otra oportunidad de permanecer en la mesa de negociación para mantener su puesto. No sólo con las comunidades autónomas, a quienes ya ha advertido de que "encontrará" una solución. También, con los pensionistas, para quienes prepara otros 3.000 millones de euros para 2020, ya que el presupuesto de 2019 está en los huesos.

Nada nuevo bajo el sol. Tácticas que tienen el sello cualquier socialista, aunque no por acostumbrarnos son menos nocivas. La obra y las gracias del señor Sánchez ponen en jaque el futuro del país.

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