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El Plan Biden logra muchos titulares, pero tendrá pocos efectos económicos positivos

1,9 billones de dólares. Esa es la gran cifra que está vendiendo Biden para impulsar la economía norteamericana.

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1,9 billones de dólares. Esa es la gran cifra que está vendiendo Biden para impulsar la economía norteamericana.
Biden firma órdenes ejecutivas en el Comedor Estatal de la Casa Blanca | Cordon Press

Estados Unidos tiene nuevo Presidente. Joe Biden ha entrado en la Casa Blanca con un mensaje de concordia y de acabar con la polarización extrema que asola el país y sus dos primeros movimientos han consistido en tirar abajo buena parte de la gestión Trump y aprobar un macroplan de estímulo fiscal para el país que mejor se está recuperando de la crisis. 

1,9 billones de dólares. Esa es la gran cifra que está vendiendo Biden para impulsar la economía norteamericana. Un plan que contiene, fundamentalmente, los siguientes elementos: 

  • Programa Nacional para vacunar a 50 millones de personas.
  • Plan para la reapertura de colegios y centros educativos.
  • 350.000 millones de dólares en transferencias directas a gobiernos locales y estatales.
  • Incremento del subsidio al desempleo de 300 a 400 dólares.
  • Cheque de 1.400 dólares para familias estadounidenses. 

En este último punto se basa para garantizar el componente social y fortalecer la demanda interna. Un dinero en efectivo que, recordemos, se suma a los 600 que ya aprobó Trump en diciembre y a los 1.200 dólares que también fueron aprobados en marzo. 

Las transferencias directas a entidades públicas de menor rango también fueron una parte fundamental de los dos últimos planes, por lo que, alguno podría afirmar, equivocadamente, que el Plan Biden no es más que una copia del Plan Trump pero de menor cuantía (Trump ha aprobado más de 2,2 billones de dólares en estímulos). 

Hay una pequeña diferencia entre ambos documentos: la factura fiscal. Lo primero que hizo Trump en cuanto aprobó la declaración de emergencia fue lanzar varias leyes para aliviar la carga fiscal a familias y empresas. Entre ellas, merece la pena destacar:

  • Aplazamiento del IRPF.
  • Ventajas fiscales para los planes de pensiones y posibilidad de distribuir los fondos acumulados bajo determinados supuestos;
  • Permitir el traslado de pérdidas empresariales de hasta seis años atrás. 

El resultado, tal y  como ha recogido BBVA Research, es el de una renta disponible que durante los peores meses del año pasado ha superado incluso a los niveles tendenciales a los que avanzaba Estados Unidos antes de la pandemia.

Como consecuencia, Estados Unidos ha sido la economía avanzada que menos impacto económico ha tenido que asumir, el mercado de trabajo norteamericano ha reabsorbido más de la mitad del empleo perdido durante los peores meses del año pasado. 

Tal y como ya explicamos en el artículo anual de perspectivas económicas, Estados Unidos presentaba la recuperación más sólida de las economías avanzadas y sus dos grandes retos eran:

  • La evolución de los créditos morosos y evitar la crisis bancaria.
  • Evaluar qué capacidad de estímulo de la demanda interna mantenía el país sin los planes de estímulo. 

Es difícil dirimir qué parte de esta buena evolución. Lo que sí que quedó claro es que parte de los receptores de los estímulos de Trump usaron este colchón para… invertir en acciones. Concretamente, las familias cuyas rentas oscilaron entre los 35.000 y los 75.000 dólares anuales incrementaron sus operaciones con acciones un 90% intersemanal cuando recibieron estos fondos, según recogió la CNBC. 

¿El cheque a fondo perdido estimuló la demanda? Pues probablemente sí, pero parte fue a los mercados financieros. El elemento, por tanto, que ha usado Biden en su macroplan de estímulos no sé si es el más efectivo. 

El tiempo dirá si Trump ha sido un buen Presidente para Estados Unidos o no. Lo que sí queda claro, a la luz de los datos, es que la economía norteamericana ha crecido a ritmos nos vistos desde hace años (especialmente desde la bajada de impuestos de 2017), que los mercados financieros han alcanzado máximos históricos, que la rentabilidad de los bonos norteamericanos ha alcanzado mínimos históricos y que la tasa de paro pre-pandemia era del 3,2%. 

Todo ello sin una sola guerra y con una política comercial de muchos titulares pero pocos aranceles. Según el Servicio de Inteligencia Geopolítica, Estados Unidos implementó más medidas proteccionistas que cualquier otro país del mundo durante la administración Obama, más de 600 medidas que limitan el libre comercio, incluidos aranceles sobre paneles solares y barreras comerciales sobre capital y productos importados. Biden también ha anunciado ya un "endurecimiento" de las relaciones con China, así como mantener los aranceles a países que sigan adelante con la tasa Google (como España). 

La conclusión preliminar, a la luz de los pocos elementos con los que contamos, es que el fenómeno de la administración Biden no es tan distinto que la de Trump (al menos en términos económicos), pero sí más ideologizada. 

¿Soportará la economía norteamericana esta presión? El repunte económico desde 2017 ha logrado registros al alza en términos de ingresos públicos para Estados Unidos. Esto, sin embargo, no ha sido suficiente para reducir el déficit, que ya evolucionaba al alza incluso antes de la pandemia. 

La propia oficina de Control Presupuestario del Congreso ha cifrado en 550.000 millones de dólares más el déficit acumulado de Biden en relación con el que presentaba Trump en su programa. Una cifra que podría ascender hasta los 1,45 billones de dólares si se aplican todas las medidas recogidas en su campaña electoral. 

Los principales analistas apuestan por los sectores relacionados con la sostenibilidad y el cambio climático como principales motores de crecimiento de la economía norteamericana durante la era Biden. La experiencia con Obama, sin embargo, muestra una realidad repleta de bancarrotas y un sector ineficiente tras sucesivos planes de estímulo, unos mercados financieros nacionales débiles… y el fracking (esto es importante recordarlo) actuando como verdadero impulsor de la economía y como palanca para conseguir la tan ansiada autonomía energética. 

Los sucesivos planes de estímulo que impulsará Biden (ya ha avisado de que habrá más) se financian con deuda, es decir, con impuestos en un futuro no tan lejano. Los sectores estratégicos se llenarán de regulaciones y burocracia provocando una pérdida notable de competitividad.

Y, mientras tanto, las grandes potencias asiáticas se frotan las manos. La debilidad estadounidense es la vulnerabilidad de las democracias occidentales que conocemos a día de hoy, incluida Europa. 

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