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Diego Barceló Larran

La Europa de Adenauer o la Europa de Ulbricht

El acuerdo para obligar a las multinacionales a informar de los impuestos paga en la UE y en 19 "refugios fiscales" es un paso adelante del estatismo.

Diego Barceló Larran
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El acuerdo para obligar a las multinacionales a informar de los impuestos paga en la UE y en 19 "refugios fiscales" es un paso adelante del estatismo.
Más impuestos en Europa | Europa Press

Europa sufrió mucho por las ideologías totalitarias que se desarrollaron en su seno. Millones de vidas se perdieron en la lucha por la libertad. El Parlamento Europeo, en una resolución de septiembre de 2019, equiparó nazismo y comunismo como ideologías totalitarias, enemigas de los valores europeos, por lo cual "condena toda manifestación y propagación" de las mismas.

Aun así, ese mismo Parlamento celebra con alborozo acuerdos inspirados en ideas contrarias a la libertad. Aunque se haga en nombre de la "justicia fiscal" y de la "transparencia", el acuerdo para obligar a las grandes multinacionales a informar cuántos impuestos paga en cada país de la UE y en un diecinueve "refugios fiscales" (Panamá, Islas Vírgenes, etc.), es un paso adelante del estatismo y, por lo tanto, un paso atrás de la libertad.

Seguramente con exageración (para quienes desconfían de las empresas, éstas siempre ganan más y pagan menos impuestos de lo que sería "equitativo"), en Bruselas estiman que las grandes multinacionales eluden el pago de entre 50.000 y 70.000 millones de euros anuales en impuestos a los gobiernos de la UE.

Sea cual fuere esa cifra, supongamos que, a partir de este acuerdo, esa elusión logra reducirse o, en el peor de los casos, eliminarse. ¿Quiénes ganarían y quiénes perderían? Un mayor pago de impuestos haría que invertir en Europa sea menos rentable para las multinacionales. Por eso, cabría esperar menos inversión y, por lo tanto, menor creación de empleo, perjudicando tanto a los parados como a los proveedores de esas empresas. Los empleados de las multinacionales también perderían, pues un negocio que es menos rentable ofrece menores oportunidades de desarrollo profesional. Con todo, el mayor grupo de perdedores sería el de los consumidores, que gozarían de menos alternativas y productos menos innovadores de los que podría haber en caso de una menor presión tributaria.

Cobrando más impuestos a las multinacionales pierden sus proveedores, sus empleados, los parados y los consumidores. ¿Quiénes ganan, entonces? Los políticos y los "activistas fiscales" (nuevo grupo liberticida de creciente predicamento). Gana el relato según el cual las empresas son esencialmente entes malignos, oscuros, explotadores, en mayor medida cuanto mayor su tamaño.

El continente donde se cobran más impuestos en todo el mundo quiere cobrar aún más. La voracidad de los socialistas de todos los partidos no tiene límite. De hecho, eurodiputados ya han dicho que el acuerdo alcanzado es "insuficiente" y una "oportunidad perdida", porque pretenden que las multinacionales informen de sus ganancias e impuestos pagados en todos y cada uno de los países del mundo.

Cualquiera que haya estudiado el tema sabe que los impuestos sobre las empresas constituyen una doble imposición. Las empresas no existen como entes separados de sus accionistas y trabajadores. Por lo tanto, no se justifica cobrar un impuesto sobre la renta generada por ese ente abstracto y luego volver a cobrar impuestos sobre los salarios y dividendos que surgen de aquella misma renta.

Si en el Parlamento Europeo dominaran las ideas de la libertad, no solo para declaraciones sobre "memoria histórica" sobre el nazismo y el comunismo, sino para enfocar todos los problemas, se haría evidente que habría que avanzar en el sentido exactamente opuesto al de este acuerdo: hacia la eliminación de los impuestos a las empresas.

Sin necesidad de llegar a ese ideal, imaginemos un acuerdo para un impuesto a la renta de las empresas, único en toda la UE, del 5%. ¿Qué ocurriría? Una explosión de inversiones, creación de empleo, innovación y actividad económica. La UE se colocaría en el centro de la economía global. Solo perderían los políticos, que inicialmente tendrían menos dinero para gestionar (la mayor actividad incrementaría la recaudación de todos los demás tributos hasta más que compensar la pérdida inicial).

No está todo perdido: el acuerdo aún debe ser aprobado por un pleno del Parlamento Europeo después del verano. Un voto que mostrará si se quiere construir la Europa de Adenauer (padre del "milagro" alemán) o la de Ulbricht (líder de la República Democrática Alemana que construyó el Muro de Berlín).

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