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El truco del período de cálculo de las pensiones: qué se esconde en la "cajita" de Escrivá

Si lo que ha afirmado el ministro de Seguridad Social es cierto, sería la primera vez que un Gobierno promete a Bruselas más gasto y no menos.

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Si lo que ha afirmado el ministro de Seguridad Social es cierto, sería la primera vez que un Gobierno promete a Bruselas más gasto y no menos.
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, este miércoles en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. | EFE

"Extending the computation period for the calculation of the retirement pension"

Esta "frase" metida en una "cajita" (según la explicación del propio José Luis Escrivá ha provocado el último incendio en el Gobierno relacionado con la próxima reforma de las pensiones. El ministro de Seguridad Social lo ha llamado también "serpiente de verano", aunque se ha alargado un poco... porque viene de 2020, e incluso ha echado la culpa a Pablo Iglesias, que hasta hace unos meses se sentaba junto a él en el Consejo de Ministros.

Lo cierto es que la "cajita" forma parte de uno de los documentos más importantes que el Gobierno ha escrito y firmado: es el acuerdo con Bruselas por el que España se compromete a realizar una serie de reformas, recortes de gasto y ajustes en el déficit, a cambio de los fondos que le corresponden a nuestro país del Plan de Recuperación de la UE. Hablamos, por lo tanto, un compromiso firme por parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Y debería aprobarse en no demasiado tiempo: antes del inicio de 2023, según el propio documento.

Una vez desatada la tormenta, comienza eso que ahora se llama "la batalla del relato". En Podemos aseguran que ellos nunca aprobarán un recorte de las pensiones. La parte socialista del Gobierno, con Escrivá a la cabeza, defiende que no hay previsto tal recorte y que todo se debe a una mala interpretación de la ya famosa frase. No tanto interpretación por la traducción del inglés al español. Ahí no hay demasiado margen para la discusión: hasta las palabras se parecen en uno y otro idioma, y el texto dice lo que dice "extender el período de cómputo para el cálculo de la pensión de jubilación". Lo que se discute es cómo puede interpretarse ese pequeño resumen.

En los últimos días, Escrivá se ha multiplicado en los medios para defender su tesis. Esto decía este jueves en RNE: "No, no, no. Rotundamente no [sobre ampliar de forma generalizada el período de cómputo]. Lo que se va a hacer es mejorar la situación de estas personas cuyos últimos años (cotizados) no son los mejores". Y Nadia Calviño lo ratificaba en TVE: "[Alargar el período de cómputo] no conlleva necesariamente una bajada de las pensiones, sino todo lo contrario".

¿Y entonces? ¿Por qué tanta polémica si no perjudica a nadie? ¿Cómo se ha estirado tanto la serpiente? ¿Cómo nos afecta ese período de cómputo, un término en apariencia técnico pero que no es la primera vez que provoca enormes dolores de cabeza a un Gobierno socialista? En 1985, los sindicatos convocaron la huelga general más exitosa de la democracia española contra el Ejecutivo de Felipe González exactamente por este tema.

El período de cómputo

Aunque hay otras cuestiones que atrapan mejor la imaginación del trabajador medio (edad de jubilación, la revalorización anual...), el período de cómputo es clave para el cálculo de la primera pensión. De hecho, la ampliación de 15 a 25 años que contenía la reforma de 2011 suponía un recorte de la pensión de los futuros jubilados mucho más importante que el polémico y ya olvidado Factor de Sostenibilidad (FS) del PP en 2013: la propia AIReF de Escrivá calculó que de cada 100 euros de recorte por la suma de las dos reformas, 70-75 euros los generaba la aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (aquí el detalle con las cifras de la AIReF) y sólo 25-30 la introducción del FS.

Sin embargo, aunque hablamos de un recorte, cuando se habla de "alargar" el período de cálculo a muchos les suena bien la idea. Parece más "justo" y "equitativo", como ha asegurado Escrivá esta semana.

Lo explicaremos con un ejemplo:

  • Tenemos dos trabajadores que han cotizado lo mismo a lo largo de su vida activa. El primero comenzó a trabajar a los 18 años y tuvo su mejor etapa (sueldos más altos) de los 30 a los 40 años. Luego, por las características de su sector (trabajaba como modelo y bailarín) comenzó a enlazar algunos empleos buenos y otros no tan buenos, e incluso etapas en el paro. Enfrente, su amigo inició su carrera con 25 años. Al principio ganaba y cotizaba menos, pero a partir de los 45-50 años su salario se disparó (le nombraron directivo de la empresa en la que trabajaba) y no tuvo períodos de desempleo desde los 25 años hasta la jubilación.
  • Los dos han cotizado lo mismo en el acumulado de sus carreras. Pero el segundo tendrá una pensión más alta (2.000 euros) que el primero (1.600 euros al mes) porque aquel concentra sus mejores años en el final de su vida activa. Recordemos que, con la legislación actual, a partir de 2022 se usan los 25 últimos años de cotización para calcular la primera pensión: lo anterior no cuenta en este punto, ni para bien ni para mal. Y se hace así porque para la gran mayoría de trabajadores es mejor este período de cómputo, ya que casi todos tenemos un salario más elevado con 55 años que con 30.

Con esto en la cabeza, tras leer la frase y ver en la "cajita", qué opciones tenemos para interpretarla:

  1. Una reforma que mejora la situación del primer trabajador (el bailarín) sin tocar la del segundo (el ejecutivo). Le permite escoger sus mejores años: tanto aquellos de joven en los que ganaba-cotizaba mucho como algunos en la cincuentena en los que también tuvo sueldos elevados. Y puede quitar sus períodos de desempleo. Es lo que parece que ha defendido Escrivá en sus últimas entrevistas de esta semana. Simplificando mucho, en nuestro ejemplo los dos pasarían a cobrar 2.000 euros.
  2. Otra interpretación sería que se va a mantener el gasto igual, pero repartiéndolo mejor entre los trabajadores, para no perjudicar a aquellos que han tenido una vida laboral no lineal-ascendente. En nuestro ejemplo, el primero pasaría a cobrar 1.800 y el segundo, también. El gasto agregado sería el mismo (3.600), pero el reparto no. Estamos seguros de que el primer trabajador protestaría por lo que entiende que es un recorte en la prestación que le prometieron.
  3. La tercera interpretación es una reforma-recorte que perjudica a los dos, pero algo menos al bailarín. Al ampliar el período de cálculo, los dos salen perjudicados: incluso el bailarín pierde algo, porque con 50-55 años tuvo algunos buenos trabajos con sueldos muy altos. Pero el recorte es menor en su caso: nueva pensión de 1.650€ para el ejecutivo (recorte del 18%) y de 1.500 euros para el bailarín (6% de rebaja).

Por supuesto, nada de esto afecta en absoluto a los actuales pensionistas. Pero las prestaciones que ya se cobran no se verán recortadas ni en un euro por este tema.

El anterior ejemplo, muy poco técnico, sirve para explicar cómo podría afectar a los futuros pensionistas una ampliación del período de cómputo en función de cómo se haga esa reforma: (1) Sólo se aplica a los que beneficie; (2) Manteniendo los costes del sistema, se reorganizan las prestaciones; (3) Se recorta el gasto total, a unos les afecta más y a otros menos.

Hasta ahora, siempre que se ha puesto sobre la mesa la ampliación del período de cómputo, se ha hecho por el motivo 3: había que recortar el gasto. O, mejor dicho, había que contener la tasa de crecimiento del gasto futuro. No es tanto que gastaremos menos en pensiones, como que la subida será algo menor que sin esa reforma. Para eso se aprobaron los cambios de 2011: como hemos explicado en Libre Mercado, aquí y aquí, las prestaciones de las nuevas altas han moderado su incremento desde 2011 (o incluso la media ha llegado a bajar en algún año) como consecuencia de aquella reforma.

Es verdad que los ministros del ramo lo han vendido como un modelo "más justo". Pero los sindicatos siempre han sabido que eso es un eufemismo para no reconocer lo obvio: a la gran mayoría de los trabajadores les perjudica este nuevo sistema (aunque nunca se ha publicado una cifra oficial de a cuántos perjudica y cuánto les perjudica, quizás por miedo a lo que saldría). ¿A algunos más y a otros menos? Pues sí, como en nuestro ejemplo. Pero casi todos saldríamos perdiendo si tienen en cuenta toda la vida laboral, incluyendo esos primeros años de becarios-aprendices en los que nuestras cotizaciones eran muy bajas, frente a los últimos 15 años que había antes de 2011 o los 25 años que se tienen en cuenta en la actualidad. Por no hablar de los 35 años que el Gobierno ha incluido en algún documento esta misma legislatura o si se da el último paso para tomar toda la vida activa de cada trabajador. Otra opción, también perjudicial para la mayoría, pero con un matiz que suena a minimizar el daño, sería tener en cuenta toda la vida activa quitando los peores años de cada carrera laboral.

Sea cuál sea el modelo y el período, en esa venta a la opinión pública, el argumento era siempre el mismo: "Hay algunos trabajadores, personas que se quedaron en paro a los 50-55 años, que sí podrían salir beneficiados". Y es cierto, en un colectivo tan amplio (el de los futuros pensionistas), con millones de carreras laborales, siempre habrá alguien a quien le viene mejor. Pero es la excepción que confirma la regla: si pasamos de 25 a 35 o a toda la vida activa o incluso a toda la vida activa sin los cinco peores años... en cualquiera de los tres casos, la mayoría de los trabajadores saldríamos perjudicados.

¿Cuál es la novedad de esta semana? Pues que Escrivá ha contestado a las críticas que le han llegado de Podemos con ese "rotundamente no" que le perseguirá en los próximos meses. Lo que ha venido a decir el ministro de Seguridad Social es que las nuevas reglas sólo se aplicarán a un colectivo: los que se vean beneficiados. En nuestro ejemplo, sería la situación 1: el primer nuevo pensionista sigue con sus 2.000 euros reconocidos y es su amigo el que pasa de 1.600 a 2.000.

El final del cuento

Si fuera así, no habría polémica. Nadie podría enfadarse. Sólo hay beneficiados y ningún perjudicado. Todos contentos, ¿no?

Para los que cobren la pensión, quizás. Pero el cuento no acaba aquí.

Todas las reformas de las pensiones se hacen para recortar el gasto. Son recortes, no reformas. No porque tal o cual ministro sea un malvado, sino porque no hay dinero en la caja. Pero el escenario 1 supondría un incremento de ese gasto futuro. Y una subida no menor: este viernes, Miguel Ángel García Díaz, uno de los más reconocidos expertos en pensiones de nuestro país, apuntaba en su cuenta de Twitter que una medida como la planteada por Escrivá (ampliar el cómputo a toda la vida activa y pudiendo escoger los mejores años de cada pensionista, pero sólo a los que se beneficien de este nuevo sistema de cómputo) supondría un incremento del gasto de hasta 4 puntos del PIB a medio plazo.

Es verdad que ese incremento puede ser mayor o menor según se diseñe el mecanismo: si afecta a todos o sólo a los que ahora tengan una determinada edad, si se pueden escoger siempre los 25 mejores años, si sólo se pueden quitar los 5 peores años, si los últimos 10-15 años cuentan siempre... El diablo también aquí se escondería en los detalles. Pero sea cuál sea el formato, si Escrivá cumple lo que ha dicho (sólo afectará a los que se beneficien): ¡¡estaríamos ante la primera promesa de incremento estructural del gasto en las nuevas pensiones de los últimos 30 años!! Sería la primera reforma de la que se tiene memoria que se hace para gastar más y no menos.

¿De verdad el Gobierno ha incluido en sus promesas a Bruselas una medida que no sólo no supone ni un euro de recorte sino que anticipa una subida milmillonaria del gasto? Y Bruselas: ¿qué opina de esto? Y, entonces, ¿por qué se han enfadado tanto en Podemos?

Suena todo muy raro. Pero el ministro no es la primera vez que se enfada mucho con este tema. En diciembre-enero, ya se generó una enorme polémica que terminó con una entrevista muy tensa con Carlos Alsina por las informaciones que aseguraban que el Gobierno había propuesta a Bruselas pasar de 25 a 35 años en el período de cálculo. Quizás por eso, Escrivá fue tan "rotundo" hace unos días. Un término que, según la RAE significa "completo, preciso y terminante".

Pero, ¿y si al final lo rotundo no lo es tanto? ¿Qué ocurrirá si el período de cómputo pasa de 25 a 35 años? ¿O a toda la vida laboral? ¿Dimitirá Escrivá? ¿Se romperá la coalición por esto? ¿"Terminante"? Que esto finalice aquí no parece demasiado probable.

En Libre Mercado

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