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El Gobierno, a contracorriente: cada vez más países europeos apuestan por la nuclear

Además de Francia, hay planes para expandir la nuclear en Bélgica, Eslovaquia, Polonia, Finlandia, Hungría…

Las noticias de Herrero: Bruselas desafía todas las críticas y otorga a nuclear y gas la etiqueta de energías verdes En casa de Herrero

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Además de Francia, hay planes para expandir la nuclear en Bélgica, Eslovaquia, Polonia, Finlandia, Hungría…
Pedro Sánchez y Teresa Ribera | Cordon Press

A veces se dice de los países ricos en materias primas que han sufrido una maldición. Contar con abundantes reservas de petróleo o gas puede ser suficiente para sostener en el poder a regímenes con escaso apego por la libertad económica y política. Las rentas que se obtienen de la explotación de esas reservas se convierten en la fórmula de supervivencia de estas naciones, de modo que la economía nunca se llega a desarrollar y el sistema político gira en torno al poder que brindan estos activos.

La cuestión de la independencia energética no es sencilla, porque no todos los países cuentan con estos recursos. He ahí el motivo por el que la nuclear ha ganado tantos enteros en los últimos años. Al fin y al cabo, se trata de una tecnología al alcance de todo país que quiera desarrollarla, de modo que se antoja como la solución perfecta al delicado problema del suministro de energía que enfrenta una Europa pobre en petróleo o gas.

La crisis desatada por Rusia a raíz de la invasión de Ucrania ha puesto de manifiesto la necesidad de un cambio. Estamos pagando la friolera de 700 euros por MW/h en los peores momentos del día, de modo que los incrementos intradía llegan a ser del 25% y el repunte en apenas dos-tres años es tan elevado que pagamos hasta diez veces más.

Sánchez no quiere oír ni hablar de la energía nuclear, pero se está quedando solo. En Francia, por ejemplo, no solo llevan años apostando por la nuclear, sino que ya han anunciado planes para ahondar esta apuesta. Emmanuel Macron comunicó hace ahora un mes su decisión de autorizar la construcción de catorce nuevos reactores nucleares. "Lo que nuestro país necesita es el renacimiento de la industria nuclear francesa", afirmó el presidente centrista. Lo hizo a las puertas de su campaña a la reelección, de modo que su anuncio demuestra que tal planteamiento no causa rechazo en un país que ya bebe en un 70% de este tipo de fuente de energía.

Conviene recordar que la apuesta de Macron tiene el aval de la Comisión Europea, que ha desarrollado una polémica Ley de Taxonomía Climática con la que pretende etiquetar los distintos tipos de fuentes de energía de acuerdo con su impacto en materia de medio ambiente y descarbonización.

"La Comisión Europea considera que hay espacio para la inversión privada en las actividades nucleares. Están en línea con los objetivos climáticos y medioambientales de la UE y nos ayudarán a acelerar el tránsito hacia actividades menos contaminantes", apunta el comunicado oficial del ente comunitario.

Y Francia, que debe el 70% de su electricidad a la nuclear, no es el único país europeo que avanza en esta dirección. Son cada vez más los socios comunitarios que se alejan del planteamiento del gobierno socialista-comunista español y se comprometen con esta forma de producir energía:

- En Bélgica han anunciado que suspenderán sus planes de abandono de la energía nuclear y volverán a apostar por esta tecnología.

- Hungría tiene cuatro centrales nucleares en funcionamiento que le brindan el 48% de su electricidad. El gobierno está estudiando la posibilidad de aumentar la red.

- En Polonia se ha programado recientemente la apertura de seis nuevas plantas nucleares.

- Eslovaquia lleva años creciendo apoyada en su modelo energético fuertemente vinculado a esta fuente de energía, que pronto podría hacer del país una potencia exportadora. El 53% de su electricidad es de origen nuclear y su capacidad va a aumentar un 50% en el corto plazo, con dos nuevos reactores.

- Países como Suiza, Bulgaria, Eslovenia, República Checa, Finlandia o Suecia deben entre el 35% y el 40% de su electricidad a estas plantas.

En clave internacional, China va por el mismo camino y prepara una inversión de 380.000 millones en la apertura de 150 nuevos reactores. Corea del Sur también lo tiene claro y tiene previsto añadir 4 rectores nuevos a los 24 que ya tiene en operación. De modo que soplan vientos favorables para esta tecnología en clave internacional, pero en España seguimos mirando hacia otro lado a pesar del fortísimo incremento de los precios de la electricidad que hemos vivido en las últimas décadas y, más especialmente, en años recientes.

España: buenos datos pese a la escasa implantación

En cambio, España sigue lidiando con las consecuencias del apagón nuclear decretado por el PSOE bajo gobierno de Felipe González. Nuestro país, que llegó a ser la séptima potencia global en lo referido a la producción de este tipo de energía, perdió de esta forma una fuente esencial para asegurar un suministro de energía limpio, barato y seguro. Si esta decisión no se hubiese tomado, hoy tendríamos cinco centrales nucleares más, elevando la cifra de plantas nucleares operativas a un total de doce. Se estima que la moratoria nos ha costado más de 5.000 millones en indemnizaciones y, peor aún, ha contribuido de forma directa a encarecer nuestra factura de la luz.

La potencia nuclear existente hoy es de apenas siete reactores que, no obstante, generan el 22% de la producción eléctrica. No solo eso: se estima que el 33% de la energía libre de emisiones de CO2 generada en España proviene de esta industria, lo que ahorra emisiones equivalentes a 20 millones de toneladas de CO2. Las economías locales salen beneficiadas con este tipo de industria, que aporta 27.500 empleos de forma directa, indirecta e inducida.

La operatividad continuada de las centrales permite que el suministro de luz sea estable a pesar de las carencias de otras fuentes. Así, la nuclear opera una media de 7.597 horas al año, lo que significa que sus plantas funcionan el 90% de las horas del año, datos que se comparan muy favorablemente frente a las 2.154 horas de la energía eólica, las 2.055 horas de la solar o las 1.727 horas de la hidráulica.

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