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Los españoles aseguran que les importa el cambio climático... pero luego admiten que es mentira

Según las encuestas, existe un enorme consenso sobre lo preocupante del calentamiento. Y un consenso similar sobre no hacer nada que nos cueste algo.

Según las encuestas, existe un enorme consenso sobre lo preocupante del calentamiento. Y un consenso similar sobre no hacer nada que nos cueste algo.
En la imagen, de la semana pasada, dos personas repostan en una gasolinera de Madrid. | EFE

¿Ha apagado usted el aire acondicionado de casa durante la última semana? ¿Ha dejado el coche en casa y ha ido andando o en bicicleta al trabajo? Probablemente, si tenía la opción de elegir (otra cosa es que no tenga aparato en su domicilio), la respuesta sea "no" y "no". Creemos que es la que han dado la gran mayoría de los españoles. ¿Cómo lo sabemos? 100% seguro no lo podemos afirmar, pero lo intuimos. Por ejemplo, viendo las cifras de Red Eléctrica Española, que nos dicen que este viernes 17 de junio se demandó casi un 15% más de energía eléctrica que dos semanas antes (659 GWh el 3 de junio y 754 GWh el 17). No es un dato aislado o un día especial, ha pasado algo parecido durante toda la semana pasada. Habrá que esperar a fin de mes, al acumulado y a un análisis más reposado, pero todo apunta a que estos diez días de ola de calor estarán cerca de los máximos históricos de consumo de electricidad en junio en nuestro país.

Hasta aquí, todo normal. Hace calor e intentamos evitar sus peores efectos.

Lo que no es tan normal es lo que decimos cuando nos preguntan. Hace unos días, Esade EcPol Center for Economic Policy publicaba el informe "Radiografía de las divisiones y consensos de la sociedad española en torno al cambio climático". Se trata de una encuesta acerca de las actitudes de nuestros conciudadanos respecto al calentamiento global y a las medidas para hacerle frente.

Los primeros resultados parecen confirmar la idea que nuestros políticos, empresarios, sindicatos, activistas y todo tipo de organizaciones nos transmiten cada día. El cambio climático es una de las grandes amenazas que la humanidad debe enfrentar y tenemos que tomar medidas drásticas para contenerlo.

Así, por ejemplo, cuando les preguntan que valoren de 0 a 10 lo mucho o poco que les preocupa este tema, los españoles le dan una puntuación de 8,3 (siendo 10 "Muy preocupados" y 0 "Nada preocupados"). Y no es sólo esa nota, de notable muy alto, si miramos la tabla de Esade, vemos que esa preocupación por el cambio climático es superior a la que los españoles sienten ante otras cuestiones políticas muy polémicas, como la independencia de Cataluña (saca 4,7 puntos) o la inmigración ilegal (7,6 puntos).

En otro apartado se suman las menciones que sitúan al cambio climático como uno de los tres principales problemas a los que hacen frente los españoles: pues bien, esta cuestión se sitúa en el quinto lugar de la lista de prioridades, por detrás del paro o el funcionamiento de los servicios públicos, pero por delante de los partidos políticos o la seguridad ciudadana. Incluso, en otra pregunta de la encuesta se plantea una disyuntiva a los ciudadanos: ¿qué es más importante, el cambio climático o las libertades individuales? O lo que es lo mismo, nos preguntan si estaríamos dispuestos a renunciar a estas últimas para contener aquel. Y aunque la respuesta está más dividida, sorprende que hasta un 37,4% de los encuestados dicen que es más importante el clima, otro 22% iguala ambos aspectos y apenas un 36% prioriza las libertades. En un país que tanto recuerda la dictadura y en el que el insulto con referencias totalitarias está tan presente en el debate público, llama la atención que estemos dispuestos a renunciar a las libertades que tanto decimos amar por limitar la subida de las temperaturas. Pero es lo que dicen los encuestados. En resumen: que nos importa, y mucho, este tema. O eso es lo que aseguramos...

¿Dispuestos a...?

Porque la encuesta tiene una segunda parte. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para revertir esta situación? Es importante este punto porque el cambio climático se diferencia de otros problemas de orden político en que en teoría los ciudadanos podemos ayudar en nuestro día a día. Por ejemplo, una persona que se declara preocupada por el paro o la calidad de los servicios públicos, quizás no pueda hacer nada al respecto. Al fin y al cabo, ¿qué puede hacer para que el hospital de su ciudad mejore? Sin embargo, en lo que toca al clima sí puede actuar. Hay decenas de medidas que servirían para reducir las emisiones. Como apagar el aire acondicionado durante la ola de calor. La paradoja es que los mismos ciudadanos que se dan golpes en el pecho y defienden su compromiso climático, luego no hacen nada de lo que tan fácil les resultaría hacer. Ni lo hacen, ni quieren que otros les obliguen a hacerlo.

Por ejemplo, volvemos a la encuesta de Esade. Tenemos un epígrafe sobre el "grado de apoyo a medidas para la transición verde en torno al combustible y el transporte". ¿Apoyo? Todo el del mundo, ¿no? Pues no tanto. Por ejemplo, subir los impuestos a la gasolina sólo tiene el voto favorable del ¡16%! Sí, así es, del 80-90% de consenso cuando se pregunta por lo relevante y lo preocupante que es la subida de las temperaturas, a menos del 20% cuando se pide un pequeño sacrificio: usar menos el coche o pagar más por ese uso (el 64% se muestra en contra y un 16% indiferente).

También hay un apoyo muy reducido a "prohibir la circulación de los coches diésel" (23% a favor, 55% en contra y 11% indiferente).

Luego, según las medidas nos afectan menos, nos volvemos más sostenibles. Así, el 27% está a favor de prohibir la circulación de camiones diésel (47% en contra) y el 33% a favor de subir el impuesto de matriculación a los vehículos grandes (43% en contra). Ayudas y subvenciones, sin embargo, sí logran consenso: el 70% está de acuerdo en que el Estado pague parte del precio de los de coches y camiones híbridos.

Es complicado sacar conclusiones que no pasen por reconocer que lo primero que dijimos (la preocupación por el cambio climático) es, como mucho, un ejercicio retórico y, en la realidad, directamente una mentira. Si alguien está preocupado por algo, cree que es una emergencia, está concienciado de su importancia y puede colaborar a reducirlo... lo normal es que lo haga, ¿no? Si no, podríamos pensar que en realidad simplemente dice lo que piensa que los otros quieren escuchar.

Lo mismo ocurre cuando se pregunta a la población española por su "grado de apoyo a medidas para la transición verde en torno a la producción y consumo de carne". Si no nos afecta o no nos cuesta nada de forma directa, estamos a favor. Pero en cuanto es algo que repercute en nuestro bolsillo o en nuestros hábitos... no estamos ni cerca de apoyarlo. De esta manera, aumentar el IVA de la carne tiene casi al 70% de la población en contra (68,5%) mientras que dar "subvenciones a ganaderos con granjas sostenibles" concita un enorme consenso a favor (67%). Entre estas dos alternativas, prohibir la carne "no ecológica" tiene en contra a casi la mitad de los encuestados (48% en contra y otro 17% indiferente, por sólo un 26% a favor) mientras que aumentar el Impuesto de Sociedades a las macrogranjas mantiene a la población dividida pero ligeramente a favor.

Las preguntas

"Lucha contra el cambio climático" ya es para muchas personas un sintagma que equivale a "cuidar el medioambiente" o "desear que el entorno que nos rodea sea más sano". Pero los propios términos con los que nos conminan a actuar ya nos deberían alertar contra esa interpretación. Si hay que "luchar"... luchemos o habrá quien piense que no nos interesa tanto.

Porque, además, qué significa "cambio climático":

  • ¿Han subido las temperaturas en el último siglo?
  • ¿Cuánto? ¿Y qué parte de ese porcentaje se debe al ser humano?
  • ¿Qué otros factores influyen?
  • ¿Cuánto subirán en el próximo siglo? ¿Qué margen de error manejan los modelos?
  • Asumiendo que las temperaturas estén subiendo, ¿es esto peligroso? ¿Es malo vivir en un planeta 1,5ºC más cálido que en 1870? ¿Por qué?
  • Si la respuesta a todo lo anterior es afirmativa: ¿cómo reducir las temperaturas en 2100? ¿Son realmente efectivas las medidas propuestas?
  • Incluso si las medidas son efectivas, ¿tendrían efectos de segunda vuelta sobre el crecimiento? ¿Preferimos crecimiento ahora o menos calentamiento en 2100?

Si queremos ser honestos sobre esta cuestión, debemos responder a cada una de las preguntas de la lista. Sobre todo a las últimas. Y plantearnos si estamos siendo coherentes en el punto en el que se conectan nuestro discurso y nuestros actos.

La otra cara del estudio es que todas las medidas que generan consenso son las que podríamos denominar como "que pague otro". Dice Andrew Roberts, en su biografía sobre el general corso, que cuando negociaba con los príncipes europeos Napoleón se mofaba a los ingleses diciendo que eran una nación dispuesta a arriesgar hasta la última gota de sangre de sus aliados. En el cambio climático, parece que todos estamos dispuestos a dar hasta el último céntimo de los demás contribuyentes, pero ni uno solo que salga de nuestro bolsillo.

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