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La dura realidad tras la subida de precios: "Cada vez que pago digo, ¿pero qué he comprado?"

Visitamos varios mercados y supermercados de Madrid. Los tenderos, reacios a hablar por miedo a frenar el consumo, corroboran subidas escalofriantes.

Visitamos varios mercados y supermercados de Madrid. Los tenderos, reacios a hablar por miedo a frenar el consumo, corroboran subidas escalofriantes.

El ultimo Índice de Precios al Consumo (IPC) revela una inflación que no se veía en España desde hace 37 años: concretamente, un 10,2%. Las estadísticas son escalofriantes, pero la realidad detrás de las cifras lo es todavía más. "No sé a dónde vamos a llegar -lamenta María, una de las tantas madres de familia que acude a hacer la compra semanal haciendo malabares entre el ahorro y la necesaria adquisición de ciertos caprichos para los más pequeños de la casa-. Va a llegar un momento en el que la gente no tenga ni para comer".

A sus 92 años, Carmen está literalmente asustada por una subida de precios tan brusca que incluso a ella le cuesta recordar: "¿Qué si ha subido? Dímelo a mí, que cada vez que pago digo... ¿Pero qué he comprado? ¡Una barbaridad! No un poquito, una barbaridad". A las puertas del Mercado de Prosperidad, en Madrid, todo son quejas.

En la calle, se juntan los clientes de estos puestos y los de una conocida cadena de supermercados. En esto, todos parecen ponerse de acuerdo. "El aceite, la leche, el pescado, la carne, la fruta... Ha subido todo", denuncian indignados. Una joven nos muestra su carro de la compra: apenas cuatro cosas por las que ha pagado 60 euros. "Antes, por 30 euros llenabas el carro y ahora, mínimo 60. En el momento que coges cosas frescas, se nota", lamenta.

La carne y el salmón se disparan

Los tenderos son reacios a abordar esta subida. "Si los medios estáis todo el día con lo mismo, al final la gente va a dejar de comprar, así que yo me niego a participar de esto", responde la dueña de uno de los puestos del mercado. Los que lo hacen, corroboran el incremento de precios. "Más o menos dos euros por piezas como el lomo, los filetes, el pollo... Entre un 20% y un 30% -estima un joven carnicero de la zona-. Todo lo que requiera pienso y transporte ha subido bastante. El pollo y el cerdo, lo que más. La carne picada, por ejemplo, otros años costaba dos euros menos".

Con todo, ya están notando el cambio de hábitos de consumo: "La gente intenta hacer más comida de aprovechamiento, como cocido, costillas, carne para guisar... El típico filete a la plancha que te hacías antes está a 14 euros, así que ahora preparas un kilo de costillas con patatas y te da la comida para dos días". Sus propias clientas así lo corroboran: "El otro día que vine a por filetes costaban tres euros más de lo que pagaba antes, así que sí, claro que procuro hacer más comida de aprovechamiento".

Entre los pescados, sin embargo, no todo son subidas. "El boquerón, la pescadilla o el gallo están igual o más baratos, pero eso la gente no lo ve", lamenta el pescadero. Aquí lo prohibitivo es el salmón en rodajas: "Eso sí ha subido y, además, bastante: de 10 a 18 euros el kilo". Y lo mismo sucede con la fruta. "A mi me gusta la fruta buena y ha subido muchísimo", lamenta una clienta.

Diferencias abismales en la fruta

En el Mercado de Prosperidad, lo que más se ha disparado, según nos dicen, son los plátanos. "Estaban a tres y pico y ahora están a cinco euros el kilo", explica Omar. Le pedimos que nos pese una sandía: 16,67 euros. "Nuestra línea es de mayor calidad y siempre ha tenido un precio alto, pero hemos intentado no subirla mucho reduciendo el margen -se justifica-. Estamos hablando de piezas que ya cuestan tres euros el kilo, así que no podemos ponerlas a cuatro, pero algo sí ha subido, claro, en torno al 10% que marca la inflación".

Ante esta situación, aquellos que se lo pueden permitir, buscan, comparan y compran cada cosa en una tienda diferente. "Yo me voy ahora a otro sitio a por la fruta, porque está más barata", confiesa entre risas una clienta. Y lo cierto es que, en este caso, la diferencia puede ser abismal.

A tan solo unas calles de distancia, el frutero de una pequeña tienda de barrio nos muestra orgulloso sus sandías negras a 0,89 euros el kilo y nos explica que este mes bajan los precios, porque hasta ahora algunas piezas venían de fuera y ahora hay que dar salida a todo el stock que hay en España: "El melón, por ejemplo, ahora está a 0,99 euros y ha llegado a estar a más de dos, porque antes venía de Brasil y ahora sale de Almería". Un pequeño consuelo en una cesta de la compra que, sin embargo, cada día cuesta más.

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