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La crisis del euro y la inflación: el reto de invertir en tiempos inciertos

El empresario alemán repasa sus decisiones de ahorro e inversión más exitosas ante la crisis inflacionista.

El empresario alemán repasa sus decisiones de ahorro e inversión más exitosas ante la crisis inflacionista.
La dificultad de invertir en tiempos de inflación | Alamy

La inflación ha alcanzado los niveles más altos de las últimas cuatro décadas y el euro está en su punto más bajo de cambio frente al dólar en los veinte años pasados. ¿Están las familias preparadas para el reto de ahorrar en tiempos inciertos? Responder afirmativamente a esta pregunta es fundamental para evitar una brutal erosión del poder adquisitivo.

Todo inversor tiene que tener una opinión determinada sobre lo que nos depara el futuro. Ya sea que una proyección acertada o una intuición fallida, lo cierto es que toda inversión se basa en pronósticos. Por supuesto, nadie sabe lo que puede ocurrir mañana, pero tiene sentido pensar en términos de escenarios probables y, de esta forma, actuar con mayor criterio.

Por ejemplo, hace veinte años, recomendé en la prensa alemana distintas formas de inversión, desde activos inmobiliarios de lo que había sido Alemania del Este a metales preciosos como el oro. Aquellas sugerencias no siempre eran bien recibidas pero, a fecha de hoy, puedo decir que he vendido la mayoría de mis activos inmobiliarios en la zona Este de Berlín por al menos cuatro veces más de lo que pagué para hacerme con ellos. En cuanto a los metales preciosos, cuando hice mi recomendación formé una cartera de oro valorada en 10.000-14.000 euros el kilo, frente a los 55.000 euros que se pagan hoy.

Cuando hice estas recomendaciones, me definí como optimista con respecto a las propiedades inmobiliarias o el oro, pero también como pesimista en relación con el euro. Por supuesto, no sabía exactamente cuándo el euro tendría grandes problemas, pero sí tenía claro que era muy probable que acabásemos viendo un episodio de inflación. En mi caso, siempre planteo las inversiones a largo plazo, lo que se traduce en plazos de al menos diez años, de modo que mis planteamientos descontaban una crisis de precios como la actual.

Así, en el año 2015, en mi libro Reich werden und bleiben, escribí que "a largo plazo, el dólar se desarrollará más positivamente que el euro" y expliqué mi pronóstico de la siguiente manera: "la combinación de un Estado de Bienestar de gran alcance y unas tendencias demográficas muy negativas son argumentos negativos para el euro. Tampoco el potencial innovador de Europa se compara positivamente con la economía estadounidense. Y, además, no olvidemos que el euro es una moneda políticamente motivada y artificialmente diseñada. Por lo tanto, he decidido invertir alrededor de un tercio de mi dinero en dólares estadounidenses, principalmente en vehículos de inversión inmobiliaria en el país norteamericano. Creo que esta es una apuesta sensata porque, cuando uno piensa a largo plazo, a menudo encuentra oportunidades de inversión interesantes, puesto que los mercados financieros están dominados por actores que operan con horizontes de inversión muy cortos y, por lo general, no están interesados ​​en los desarrollos a largo plazo e, incluso si lo están, a menudo no son capaces de evaluarlos a fondo".

¿Bonos en cartera?

También recomendé incorporar bonos a la cartera de inversión. ¿Por qué? Porque no me parece que tenga sentido estar 100% invertido en los mercados bursátiles o inmobiliarios. Sí, estos son los vehículos que ofrecen los rendimientos más altos, pero también pueden entrañar un mayor riesgo en tiempos de colapso.

Otro aspecto que creo que es fundamental recomendar es que, en un momento de crack, invertir puede ser una buena estrategia. En marzo de 2020, cuando los mercados bursátiles se desplomaron ante la crisis del coronavirus, desembolsé una cantidad significativa para entrar en un fondo ETF de acciones globales. Lo hice porque tenía suficiente liquidez reservada, a la espera de una oportunidad así. Y esa liquidez la articulé mediante una pequeña cartera de bonos de deuda pública a corto plazo, vinculados a los tesoros de Alemania, Austria, Estados Unidos…

También he invertido en bonos indexados a la inflación, es decir, bonos cuyo valor está indexado a la inflación. Como escribí en mi libro Reich werden und bleiben, "estos productos son una excepción, porque no son tan populares pero están disponibles desde hace mucho tiempo, por ejemplo en Alemania desde 2006. Hablamos de títulos que tienen una tasa de interés más baja, pero ofrecen protección contra una crisis de inflación. Si uno está preocupado de que los gobiernos puedan reducir sus deudas a través de una política de inflación, entonces debería comprar bonos indexados a la inflación. Y, en la medida en que los agentes del mercado descartan la inflación como una perspectiva poco realista, estos bonos están disponibles a un precio más bajo".

Esto último es tanto una oportunidad como un problema. ¿Por qué? Porque cuando compramos un bono indexado a la inflación, hay ciertas expectativas de inflación que se incluyen en el precio. Cuando escribí estas líneas, el interés era del 0,55%, pero en la actualidad vemos que estos títulos se negocian muy por encima. Y, desde luego, esto le da sentido a la operación, porque temo que la inflación será alta en los años venideros.

Como el lector puede imaginar, estoy feliz de que la mayoría de los bonos incluidos en mi cartera estén efectivamente indexados a la inflación. Lo mismo he hecho en aquellos inmuebles que he dedicado al alquiler, porque en los contratos de arrendamiento he procurado que estos activos se negocien siempre indexados a la inflación.

Estos bonos indexados a la inflación ya no son tan baratos como antes. De hecho, puede que ya no sea el momento de comprarlos, porque es muy probable que suban los tipos de interés y su atractivo se reduzca. Puesto que la inflación probablemente se extenderá más de un año, no existe una solución ideal. Hay ETF que invierten en bonos indexados a la inflación, pero en la mayoría de los casos sus vencimientos son demasiado largos, lo que genera riesgos de precios elevados. De modo que esta estrategia fue útil hasta ahora, pero el escenario en el que hemos entrado es diferente.

Europa, en declive

Los pilares de mi cartera, por supuesto, no son los bonos indexados a la inflación, sino acciones y bienes inmuebles. Mantengo esa apuesta incluso en tiempos turbulentos. Sin embargo, hace algún tiempo cambié parte de mis inversiones inmobiliarias del mercado alemán al estadounidense. De hecho, si no hice una rotación más grande fue porque hubiese salido penalizado fiscalmente. Al final, lo único que quiero mantener son activos muy concretos en los que no espero ninguna pérdida de valor.

Con respecto a los bienes inmobiliarios estadounidenses, he de decir que, de momento, no he perdido dinero, pero tampoco he obtenido grandes ganancias. Sin embargo, desde el punto de vista de la moneda, la decisión fue la correcta, porque con cada centavo que baja el euro o sube el dólar, mis activos aumentan de valor. Además, creo que el sector inmobiliario estadounidense superará al alemán durante la década que viene.

Alemania, y Europa en general, están en declive. Así lo confirma un estudio reciente de EY que muestra que, mientras que a finales de 2007 aún había siete empresas alemanas entre las cien de mayor valor del mundo, a finales de 2021 solo quedaban dos. De hecho, en la primera mitad de 2022, ya no hay empresas alemanas entre las cien de mayor capitalización. Si ampliamos el foco vemos que, antes de la crisis financiera de finales de 2007, unas 46 de las 100 empresas más valiosas del mundo eran europeas, pero esa cifra no ha parado de reducirse. En cambio, Estados Unidos ya copa 60 de esos 100 puestos.

En conclusión: es hora de pensar en términos de los escenarios más probables y, sobre todo, de plantear las inversiones a largo plazo. La mayoría de mis decisiones de inversión solo han valido la pena cuando han transcurrido plazos que van de 5 a 15 años. Si uno no tiene paciencia, nunca se hará rico y tampoco podrá mantener sus ahorros a salvo.

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Rainer Zitelmann es empresario, además de doctor en Historia y en Sociología. Considerado uno de los liberales más influyentes de Alemania, ha publicado más de una veintena de libros, entre los que destacan "El capitalismo no es el problema, es la solución" (2021) y "Los ricos ante la opinión pública" (2022), en Unión Editorial.

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