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Sánchez confirma a España como un dependiente energético del gas ruso y del enviado por la propia Europa

En agosto hemos dejado de enviar gas hacia el norte de Europa por el gasoducto pirenaico, y, justo al revés de lo reclamado, recibirlo vía Francia.

En agosto hemos dejado de enviar gas hacia el norte de Europa por el gasoducto pirenaico, y, justo al revés de lo reclamado, recibirlo vía Francia.
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Pedro Sánchez lleva este jueves a al Congreso de los Diputados su decreto de cortes energéticos con el objetivo, en teoría, de ayudar al norte de la UE ante el bloqueo del gas ruso. Es necesario que los españoles "seamos solidarios", repite una y otra vez. Sin embargo, lo hace con unos extraños y muy recientes datos. Se supone que debía reducirse la dependencia del gas ruso, y España está comprando en estos momentos 5.317 GWh, según los datos oficiales y cerrados del último mes de julio. Esa cifra supone multiplicar por 2,4 las compras del mismo mes del año anterior. Pero, es más, se supone igualmente que España debe enviar gas al norte de Europa para paliar la escasez provocada por las represalias de Rusia, pero la realidad es que los 20 primeros días de agosto han sido utilizados para dejar de enviar gas hacia el norte de Europa por el gasoducto pirenaico, y, justo al revés de lo reclamado, recibirlo vía Francia.

Sánchez ha convertido España literalmente en un dependiente energético de un gas muy caro -el de EEUU-, de uno de nula legitimidad -el ruso- y de otro necesitado por el norte de Europa -el adquirido vía Francia-.

Los datos de compras de gas por España en el último mes de julio son esclarecedores del inexplicable mapa energético nacional. La economía española consumió en julio de 2021 un total de 13.505 GWh procedentes de Argelia. Sánchez se ha enemistado con este país tras regalar el Sáhara a Marruecos y, ahora, el volumen adquirido cae hasta los 8.572 GWh.

¿Y con qué países se ha suplido esta falta de suministro argelino tradicional?

Principalmente con tres. El primero es Estados Unidos, país que exporta un gas muy caro -extraído por fracking y transportado en metanero-: ahora envía a España 8.530 GWh, cuando en el mismo mes de julio pero de 2021 sólo vendió 2.664 GWh.

El segundo de los países que han entrado a suplir la falta de gas argelino ha sido Nigeria: este año le compramos 5.882 GWh mensuales y hace un año sólo 1.142. De nuevo es un gas más caro por la necesidad de licuarlo y transportarlo en buque metanero.

Pero el tercer parche es todo un descrédito internacional: Rusia. Al país de Putin y en pleno ataque a Ucrania le compramos 5.317 GWh al mes frente a los 2.204 adquiridos en julio del año pasado, cuando no había ninguna invasión.

Pero, por si fuera poco, esas peripecias importadoras, encima, no están sirviendo para que España ayude a la UE a tener más gas frente a las restricciones rusas a Alemania y otros estados del norte europeo, tal y como prometió Pedro Sánchez y reza su real decreto de recortes de luz y gas.

Su famoso real decreto de recortes energéticos, apagones y limitaciones al uso del aire acondicionado y calefacción estaba destinado, según escribió su Gobierno expresamente en el texto de la norma, a poder ayudar a los países del norte de Europa porque tenían peligro de cortes de suministro por culpa de Rusia y del ataque de Putin a Ucrania. En el mismo texto, el Ejecutivo aseguraba que España no tenia esos problemas. Pues bien, los datos oficiales del mes de agosto muestran un cambio radical de tendencia: el gasoducto por el que España enviaba gas al norte de Europa, lejos de incrementar más la exportación para ayudar, se ha invertido y está importándolo desde Francia. Una extraña forma de ayudar. Y todo ello, después de que el Gobierno esté alardeando de los recortes impuestos en el consumo de luz y gas a los ciudadanos.

Los datos de los primeros 20 días de agosto son reveladores: la información oficial registrada por el gestor técnico del gas muestra cómo el 1 de agosto, lejos de exportar gas hacia el norte de Europa, el tubo importó 54 GWh/día. El día 2 la cosa fue a más: 132,6 GWh/día. El día 3, aún más: 157,7. Y así, sucesivamente, a lo largo de una secuencia de días en los cuales se ha llegado a alcanzar una entrada de ese gas que podría haber ido destinado al norte de Europa de 179,8 GWh/día. Un volumen más que considerable.

La importación de gas vía Francia ha sido más que notable hasta el día 15 de agosto. Los últimos cinco días contabilizados hasta el pasado y muy reciente día 20 de agosto, sábado, la llegada ha ido reduciéndose hasta registrar llegadas de gas por ese gasoducto casi nulas, de 2,4 GWh/día. Pero lo cierto es que entre el día uno de agosto y el 20 de este mismo mes, no ha habido exportación ni un sólo día, sino importación de gas procedente de Francia.

Sánchez ha convertido, por lo tanto y en estos momentos, a España no en una solución energética para Europa. Sino en un problema: en un país dependiente del resto.

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