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Luis Fernando Quintero

¿Qué prefiere: comer, calentarse o pagar la hipoteca?

Dentro de pocas semanas, miles de familias españolas van a sufrir un brutal encarecimiento del coste de la vida.

Dentro de pocas semanas, miles de familias españolas van a sufrir un brutal encarecimiento del coste de la vida.
radiador, calefacción, radiadores planos | Pixabay/CC/ri

El Gobierno aprovechaba la publicación de los datos de PIB correspondientes al segundo trimestre, según los cuales habríamos crecido un 1,5% respecto al primero, para sacar pecho de fortaleza económica. Para Calviño, Montero, Teresa Ribera, Yolanda Díaz o Pedro Sánchez, vivimos en el mejor país de Europa para atravesar la crisis energética que ya sufrimos. Detalles como que tenemos el peor desempeño laboral de la UE, la mayor inflación o que seamos el único país que no ha logrado recuperar los niveles prepandemia poco parecen importarle al Ejecutivo. Que un enorme porcentaje de los españoles vayan a sufrir el peor invierno de su historia reciente, tampoco. Pero así va a ser.

No hace falta tener una bola de cristal para avanzar la situación que vamos a atravesar cuando comiencen los primeros fríos. Hay dos factores que amenazan muy seriamente a buena parte de la población española. Y la combinación de ambos puede ser letal.

Por un lado está la cuestión hipotecaria, cuyo encarecimiento está disparado merced a la escalada de los tipos de interés que tratan –sin demasiado ahínco, haya que decir— de frenar la fuerte inflación que sufrimos. Y, por otro lado, los consumos del hogar, que comienzan a convertirse en artículos de lujo.

La realidad para miles de familias españolas va a ser dantesca: van a tener que elegir entre comer, calentarse o pagar la hipoteca.

Si tenemos en cuenta que el salario medio en España (según el INE con datos de 2020) es de 25.000 euros brutos anuales (alrededor de 1.500 euros netos/mes), y sumamos la inflación que sufren los alimentos de primera necesidad (un 30% según el INE), unido al incremento de precios de consumos como la luz o el gas y el fuerte incremento de precios que van a sufrir en las cuotas hipotecarias los 4 millones de españoles que todavía tienen su crédito hipotecario referenciado a tipo variable, la economía familiar va a saltar por los aires.

Con un euríbor rozando el 2,5% en el mes de septiembre y en pleno rally alcista, no es descabellado pronosticar que terminará el año en el entorno del 4% (el pasado mes de abril la previsión de euríbor para 2022 era que terminase en positivo y que a finales de 2023 estuviera en el entorno del 1%).

No obstante, usemos un escenario algo más conservador para describir el problema que atravesamos: digamos que esos 4 millones de hipotecados a tipo variable tendrán que actualizar su hipoteca con un euríbor al 3%.

Si tomamos como ejemplo un español que cobra el salario medio, unos 1.500 euros al mes, y que tiene suscrita una hipoteca media de 150.000 euros a tipo variable Euribor + 1% que lleva años pagando 489 euros de cuota hipotecaria, que gasta unos 50 euros mensuales de luz, y cuyas facturas de gas alcanzan en invierno los 60 euros al mes, este invierno va a ver cómo en lugar de pagar un 0,5% de interés por su hipoteca como estos años atrás, empezará a pagar el 4%. Es decir que en lugar de 489 euros, pagará 781 (si se revisa al 4% el euríbor, pagaría 878).

Si tenemos en cuenta que, tal y como publicaba esta semana Libre Mercado, en sus consumos de gas, la factura efectiva final que paga se va a multiplicar por tres , en lugar de 60 euros, pagará cada mes 180. Si la factura de la luz se le duplica por las subidas que ha experimentado y la compensación al tope del gas, y donde pagaba 50 ahora paga 100. Sólo en hipoteca y estos dos consumos va a pasar de 600 euros mensuales a 1.060 euros. Sólo esos tres gastos fijos han elevado su factura un 76%.

De los 1.500 euros netos que cobra este ciudadano al mes, le quedarán 440 euros. Con ellos tendrá que afrontar el pago del teléfono móvil, la fibra óptica, el agua, las letras o pagos de créditos que mantenga, el transporte (y en su caso, con el fuerte incremento que han sufrido los combustibles) y, por supuesto, la alimentación, que ha disparado su coste un 30%.

Elevemos estas cifras, por ejemplo a una hipoteca de 200.000 euros a treinta años con el mismo tipo de interés, pasará de pagar 648 euros a 1.034. Y si su consumo de gas era cercano a los 100 euros mensuales, ahora será de 300. Y la luz pasará de 70 euros a 140. Los gastos fijos pasarían de 800 euros mensuales a 1474.

Pensemos en esos hogares de 4 miembros que además de pagar hipoteca y calentarse con gas, tienen hijos en edad escolar y han de pagar comedores o rutas escolares, material escolar y uniformes o clases extraescolares. Familias que, además, necesitan tener contratada alguna empleada del hogar para poder conciliar la vida laboral y familiar. Familias que ya han visto cómo la cesta de la compra se ha disparado. Familias que, en definitiva, van a tener que elegir entre calentarse, comer o impagar la hipoteca, porque ni siquiera reducir su gasto mensual a la mínima expresión va a ser suficiente para hacer frente al brutal encarecimiento del coste de la vida que van a sufrir.

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