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Fracking, el último tabú derribado por la crisis energética

Con EEUU convertido en uno de los principales exportadores de gas gracias al fracking, voces en Europa apuestan por abrir el debate.

Con EEUU convertido en uno de los principales exportadores de gas gracias al fracking, voces en Europa apuestan por abrir el debate.
Protesta contra el fracking en Australia | EFE

Este jueves, el gobierno británico confirmó el levantamiento de la moratoria sobre la facturación hidráulica o fracking, el sistema para extraer el denominado gas no convencional o de esquisto. La medida, que había sido avanzada hace unos días por la primera ministra, Liz Truss, ha sido adoptada porque "fortalecer nuestra seguridad energética es una prioridad absoluta". Así lo señaló el ministro de Negocios y Energía, Jacob Rees-Mogg, quien se encargó de anunciar el levantamiento de la prohibición.

La medida supone un importante cambio de rumbo tras años en que los países europeos encadenaron moratorias y prohibiciones sobre una práctica que permite extraer gas perforando rocas a gran profundidad mediante agua a presión. La detección de temblores en torno a algunos de estos proyectos y las presiones ecologistas que denunciaban la posible contaminación de acuíferos hicieron que varios países renunciaran a una práctica que entre tanto convirtió a Estados Unidos en una potencia gasística, con miles de pozos en su territorio. Con la invasión de Ucrania y el fin del gas ruso, Europa ha aumentado su dependencia del gas natural licuado que llega a través de metaneros y que, paradójicamente, procede en buena parte, del fracking.

En Reino Unido, el fracking se prohibió en 2019 tras la detección de más de 120 temblores, la mayoría imperceptibles, en prospecciones en Lancashire. Ahora, el Gobierno británico defiende una práctica que permitirá al país contar con "energía más barata". "Es seguro, se ha demostrado que es seguro", señaló el ministro, que se enfrenta con esta decisión a la oposición y a ecologistas locales.

Entre tanto, en otros países el debate empieza a ponerse sobre la mesa. Es el caso de Alemania, que enfrenta su primer invierno sin gas ruso y que intenta a marchas forzadas romper décadas de dependencia energética del Kremlin. Al tiempo que construye varias regasificadoras flotantes y fortalece los lazos con Noruega y otros países exportadores, voces en el país han planteado la posibilidad de explotar sus propios recursos gasísticos empleando esta tecnología. El ministro de Economía, Christian Lindner, quien ya en su día pidió no enterrar el debate de la energía nuclear, ha señalado que debería estudiarse en lugares donde "sea geológicamente posible" y no implique riesgos para el agua potable.

El líder de los liberales coincidía así con el presidente de la asociación alemana de gas natural, petróleo y geoenergía, Ludwig Möhring, que apeló al cambio climático para defender el fracking, señalando cómo resulta menos eficiente y más contaminante traer gas mediante metaneros. Mientras, políticos regionales de la CDU se han posicionado a favor y en contra de una solución que hasta ahora no había fructificado en un país con acceso a gas barato.

Entre los muchos países europeos que optaron por prohibir el fracking hace años, como Francia, Dinamarca u Holanda, está España: la Ley de Cambio Climático aprobada en 2021 prohíbe expresamente esta técnica y también la posibilidad de nuevos permisos de investigación y concesiones de explotación de hidrocarburos.

Según varios estudios, en España existirían yacimientos de gas no convencional, especialmente en la cuenca Vasco-Cantábrica. Las cantidades, que son sólo estimaciones, podrían alcanzar los 2000 BCM (BCM=mil millones de metros cúbicos de gas) en todo el territorio. El proyecto que llegó más lejos fue el que intentó extraer gas en Álava y que en su día contó incluso con el respaldo del entonces lehendakari Patxi López. Tras años de tiras y aflojas entre administraciones, las prospecciones no salieron adelante.

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