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Curar la inflación exige reducir el gasto: las lecciones de Friedman que debería aprender Sánchez

La reedición de "Libertad de elegir" vuelve a poner en la palestra las enseñanzas del mítico ganador del Premio Nobel de Economía.

La reedición de "Libertad de elegir" vuelve a poner en la palestra las enseñanzas del mítico ganador del Premio Nobel de Economía.
Milton Friedman, en 1981, promocionando la primera edición de | Dana Gluckstein / Cordon Press
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Publicado por primera vez en 1980, "Libertad de elegir" fue uno de los libros de economía más vendidos del siglo XX. Despachó cientos de miles de ejemplares a lo largo ancho del globo y sirvió como manual de compañía para una exitosa serie protagonizada por su autor, el Premio Nobel de Economía y referente máximo del liberalismo de la Escuela de Chicago, Milton Friedman.

Este 2022, coincidiendo con la durísima crisis económica e inflacionista que golpea a España, la editorial Deusto acaba de sacar al mercado una nueva edición en español del clásico ensayo que hizo de Friedman una figura de fama internacional.

Sus ideas tuvieron un impacto directo en la conformación de la política económica de los gobiernos de Ronald Reagan, en Estados Unidos, o Margaret Thatcher, en Gran Bretaña. En España también ha tenido una indudable influencia en las reformas liberales de líderes como José María Aznar o Esperanza Aguirre.

Quizá el capítulo más interesante de "Libertad de elegir" es el dedicado a la inflación. Friedman no deja lugar a dudas: "la cantidad de dinero la determina el Estado, de modo que sólo es es responsable de cualquier aumento rápido en la cantidad de dinero en circulación, fuente a su vez del problema de la inflación. Revertir ese exceso de dinero es, a su vez, la cura del problema".

"La inflación es una enfermedad, peligrosa y a veces fatal. Es una dolencia que, si no se controla a tiempo, puede destruir una sociedad. Ningún gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de crear inflación (…). Cargan contra los empresarios, contra los líderes extranjeros que elevan el precio de las materias primas, etc.Estos factores podrían generar subidas de precios altos en algunos bienes concretos, pero no pueden producir aumentos de precios en todos los bienes, de forma general", señala el máximo exponente del liberalismo de la Escuela de Chicago en su obra de 1980, en una reflexión perfectamente aplicable a los tiempos que corren.

"Si queremos solucionar el problema, hay que empezar reconociendo que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario (…). Si la cantidad de bienes y servicios disponibles aumentara tan rápidamente como la cantidad de dinero, los precios tenderían a ser estables. Pero, si la cantidad de dinero aumenta mucho más rápidamente que la producción, mayor será la tasa de inflación. La producción está limitada en sus crecimiento por los recursos físicos y humanos disponibles, de modo que una economía como Estados Unidos crece a aproximadamente un 3% anual. Pero la cantidad de dinero no está sujeta a esas mismas limitaciones, de modo que puede crecer a ritmos extraordinarios", señala el célebre economista. En efecto, eso es lo que ha venido ocurriendo en España y Europa, sobre todo a raíz de los estímulos fiscales y monetarios que se han venido aprobando tras el estallido de la pandemia del covid-19.

En una sentencia de vital importancia para España, Friedman reflexiona sobre la relación entre el déficit presupuestario, la monetización del mismo y el aumento de los precios: "un mayor gasto público no conducirá a un crecimiento monetario ni a una inflación sostenida si el gasto adicional se financia con impuestos o con préstamos del público. En ese caso, el Estado tiene más dinero para gastar, pero la sociedad tiene menos dinero a su alcance: el mayor gasto público se corresponde con un menor gasto privado en consumo e inversión. Sin embargo, en términos políticos, gravar impuestos y pedir prestado al público son formas poco atractivas de financiar el gasto público. Por el contrario, cuando se financia ese gasto aumentando la cantidad de dinero, los gobiernos no incrementan los impuestos ni se pide dinero prestado al sector privado (…), pero el resultado final es la inflación (…). Estos desarrollos no son solamente propios de las últimas décadas, puesto que los hemos visto desde tiempos inmemoriales. Hace casi dos mil años, el emperador romano Diocleciano provocó una crisis de inflación al poner más dinero en circulación a base de reemplazar las divisas de plata por otras con menor contenido de dicho metal".

Milton Friedman recalcó también que, al bajar el valor real del dinero, la deuda pública se vuelve más asequible, puesto que ha sido negociada en una moneda que cada vez vale menos. Otro beneficio para el Estado sería el aumento de los ingresos fiscales, que se disparan sin necesidad de subir los impuestos de forma directa. Pero todo ello sucede a costa de un empobrecimiento brutal de las empresas y las familias.

Así, "la solución para la inflación es simple de articular, pero difícil de implementar. Así como un aumento excesivo en la cantidad de dinero es la única causa importante de la inflación, una reducción en la tasa de crecimiento monetario es la única cura para la inflación. Hay que ralentizar el ritmo emisión de dinero. El problema es tener la voluntad política para tomar las medidas necesarias. Y, una vez que la enfermedad inflacionista se encuentra en un punto avanzado, la cura se demora mucho más tiempo y tiene efectos secundarios más dolorosos (…). Así como un gasto público elevado es una de las razones del crecimiento monetario excesivo, un gasto público más bajo es un elemento que puede contribuir a reducir el crecimiento de la emisión de divisa". Es decir: justo lo contrario de lo que está haciendo Pedro Sánchez, que plantea año tras año un fortísimo aumento del gasto público, sostenido gracias a los manguerazos del BCE.

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