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EDITORIAL

Gastar más de lo que se ingresa está mal en Gran Bretaña (y en España)

Lo que creó desconfianza no fue el anuncio de Truss de bajada de impuestos sino su negativa a reducir el disparatado gasto público británico.

El conservador Rishi Sunak se ha convertido oficialmente en el nuevo primer ministro británico tras recibir este martes el encargo de formar nuevo Gobierno durante su audiencia con el rey Carlos III en el palacio de Buckingham. En un discurso frente a Downing Street, Sunak, primer "premier" de una minoría étnica desde los tiempos de Disraeli y el más joven desde hace más de 200 años, ha prometido subsanar los "errores" cometidos por su predecesora Liz Truss, devolver la "estabilidad" y "restablecer la confianza".

Tiempo habrá para que Sunak haga explícitos los "errores" que él considera ha cometido su antecesora, así como para que concrete cuales son las medidas económicas que va a tomar para alcanzar objetivos tan loables y generalmente aceptados como recuperar la estabilidad y la confianza. Aun así, dada la machacona y artera propaganda izquierdista que atribuye el desplome de la libra al anuncio de "bajar los impuestos a los ricos" de su fugaz antecesora, hay que señalar que lo que provocó el desplomen de la libra, que ya se había iniciado su caída antes de la llegada de Truss a Downin Street, fue la pretensión de Truss de mantener un disparatado gasto público al tiempo que anunciaba una rebaja fiscal que, lejos de afectar solo a los más ricos, beneficiaba a todos los contribuyentes. Fue, por tanto, una política abocada no a reducir sino a incrementar todavía más el diferencial entre gastos e ingresos del Estado británico —uno de los más endeudados del mundo— lo que provocó la alarma en los mercados y la necesidad de intervención del Banco de Inglaterra.

Así las cosas, Sunak estará obligado a ajustar gastos e ingresos, ya sea por la vía más dañina como sería tratar de lograrlo únicamente mediante subidas de impuestos; ya sea por la vía más encomiable como sería afrontarlo únicamente mediante una drástica reducción del gasto público; o, como será lo más probable, mediante una combinación más moderada de ambas políticas, como mantener o subir ligeramente los impuestos al tiempo que reducir levemente el gasto público.

Es cierto que lo ocurrido en Gran Bretaña ha de ser un aviso —y muy serio— a navegantes para un PP que nunca acompaña su propuesta de bajada de impuestos con propuesta alguna de reducción de gasto público y que todo lo confía a una mala interpretación de la famosa curva de Laffer, como si esta dijera que el efecto de reactivación económica que provoca toda bajada de impuestos compensara siempre la caída de recaudación derivada de la bajada de los tipos impositivos. Ahora bien, lo sucedido en Gran Bretaña tanto o más debe ser una advertencia para un gobierno como el de Pedro Sánchez, que no hace más que incrementar el déficit y el endeudamiento público a pesar de no haber dejado de incrementar la presión fiscal.

A este respecto, y por si fueran pocos los organismos, tanto españoles como extranjeros, que ya han desmentido clamorosamente las previsiones de crecimiento y, por tanto, de recaudación de los presupuestos del Ejecutivo socialcomunista para 2023, este martes la AIREF ha rebajado 6 décimas la previsión del PIB del Gobierno y ha alertado de una recesión técnica durante el final de este año y principios de 2023. Eso, por no hablar del Circulo de Empresarios, que este martes ha acusado al Ejecutivo de "hacer un roto" a la economía con unos presupuestos "tan electoralistas como nada realistas".

Finalmente, sólo cabe advertir, tanto a Sunak, como a Sánchez como a Feijóo, aquella celebre frase atribuida a Churchill según la cual "una nación que intente prosperar a base de impuestos —o a base de gasto público, añadimos nosotros— es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa".

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