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Todos los interrogantes tras las amenazas de Yolanda Díaz a los supermercados

La ministra de Trabajo quiere prohibir el reparto de dividendos a las cadenas que no ofrezcan una cesta de productos de calidad a bajo precio.

La ministra de Trabajo quiere prohibir el reparto de dividendos a las cadenas que no ofrezcan una cesta de productos de calidad a bajo precio.
Las ministras de Trabajo, Yolanda Diaz, y Hacienda, María Jesús Montero, el pasado jueves, en el Congreso. | EFE

Estamos ya tan acostumbrados a las declaraciones poco convencionales de los miembros de este Gobierno que se nos escapan incluso algunas que son muy peculiares. Esta semana, por ejemplo, Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, vicepresidenta y (en teoría) candidata de uno de los dos partidos que forman la coalición a las próximas Elecciones Generales exigía a los supermercados que pusieran una cesta de "productos de calidad" a "precios moderados" al alcance de los consumidores. Esto ya lo había hecho en septiembre, así que la novedad ahora es la amenaza: "Aquellas que no acuerden, por ejemplo, pues que no puedan repartir, por dar alguna idea, dividendos, igual que hicimos en otros momentos de la crisis".

En septiembre ya explicábamos, tomando como ejemplo el pollo, que aquello no parecía fácil de conseguir. Lo primero, porque poner un precio máximo es casi imposible: ¿a todas las clases, productos, calidades y variedades del pollo? Porque si sólo pones el precio al "pollo normal" (es decir, al que se vende de una pieza) parece fácil imaginar qué pasará: las cadenas dejarán de vender esa variedad (o apenas tendrán unos pocos ejemplares) y se centrarán en los despieces o preparados no sujetos al control de precios. Y lo mismo que decimos del pollo puede aplicarse al resto de productos.

Pero junto a estas preguntas, que siguen vigentes, lo novedoso esta semana es (1) la cesta y (2) la amenaza.

Sobre lo primero no nos detendremos mucho porque es como lo de cada producto, pero en formato agrupado. ¿Cuántas cestas tendría que tener cada súper? ¿Ilimitadas? ¿Y si se le acaban? ¿Cómo obliga el Gobierno no sólo a mantener un precio, sino a un stock? Porque para cumplir podría haber cadenas que tuvieran una cesta por establecimiento. Cumples la ley, esquivas la multa... y no afecta a tus resultados. ¿Y qué quiere decir "productos de calidad"? Si el consumidor que quiere la cesta de precio topado cree que el arroz o la pasta que le han metido dentro no es como él desea, ¿podría protestar? ¿Va a controlar el Gobierno la calidad de las marcas blancas de los súper?

Por eso, llama más la atención la amenaza: que no puedan repartir dividendos. Aquí sí nos detendremos para hacer unas cuentas rápidas.

Los márgenes

Lo primero, sobre los márgenes. Las cadenas de supermercados son uno de los sectores en los que estos márgenes del distribuidor son más estrechos. Es algo que sabe cualquiera que se dedique a la venta de alimentación al gran público, tanto si tiene una tienda pequeña como un gran establecimiento. Pero que es todavía más acusado en estos últimos. Y no lo decimos nosotros. Son datos oficiales. Aquí, Díaz podría encontrar los estudios sobre cadenas de valor del Ministerio de Agricultura. Cogeremos el del aceite de oliva, un producto de calidad que seguro que la ministra quiere incluir en esa cesta de básicos (click para ampliar; recomendamos ver los dos gráficos que acompañan este artículo con calma).

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Lo que nos dicen las cifras oficiales es que:

  • De los costes (sin IVA) del kilo de aceite, la distribución (los malvados supermercados) sólo es responsable del 13%
  • Y ni siquiera ese porcentaje está por completo en sus manos. Hablamos de medio euro por kilo (sí, aunque sea un líquido, las cifras aparecen en kilogramos) que se reparten entre los transportistas que lo llevan al almacén, los costes de este almacén final, los transportistas que lo llevan a las tiendas y el propio distribuidor final. El "coste tienda", que aparece en el último lugar de esta cadena de valor, es de entre 10 y 23 céntimos. Ahí está todo el margen que se puede rascar.
  • Ya vemos que por el lado de los supermercados no hay mucho. De hecho, el propio estudio del Ministerio recuerda que "los precios de venta al público, sin IVA, oscilaron entre 3,468 €/kg para los supermercados+autoservicios y los 3,636 €/kg para los hipermercados". Si comparamos ese precio con la cadena de valor del gráfico, vemos que en realidad lo que hay son muchos integrantes de esa cadena que van al límite.
  • Y de acuerdo con las cifras del Ministerio, "la distribución comercial obtiene un beneficio antes de impuestos de 0,186 €/kg".
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¿Precios máximos? En realidad, Podemos lo que pedía hasta anteayer eran precios mínimos, porque aseguraba que las grandes cadenas asfixiaban a los productores con exigencias inasumibles. Y que era precisamente en estos productos más básicos en los que centraban sus ofertas para atraer al consumidor hacia otros productos con más margen (servicios, ropa, electrónica, etc...) En Libre Mercado tampoco estamos muy de acuerdo con esa propuesta, pero tiene algo más de sentido que la que Díaz plantea ahora. Si uno ve los márgenes de las cadenas de distribución y las cadenas de valor de los productos frescos (hemos puesto la del aceite de oliva, pero valdría igual con cualquier otro) se da cuenta de que acusarles de subir precios o de beneficios extraordinarios no tiene demasiado sentido. Los que ganan mucho, lo hacen a base de mucha rotación.

De hecho, la rentabilidad (medida en beneficios netos sobre ventas) de las grandes cadenas de distribución en España se mueve alrededor del 2-4%. Mercadona, por ejemplo: tuvo un beneficio neto en 2021 de 680 millones, para unas ventas de 27.819 millones: 2,5% de margen. De hecho, se ha movido alrededor del 2,5-2,7% desde 2017. Ninguna locura. No estamos ni mucho menos ante uno de esos negocios (por ejemplo, los productos de lujo) con márgenes muy elevados y que se sustentan en que tienen algo (por ejemplo, la marca) que sus competidores no pueden imitar. Esto no pasa en la distribución alimentaria. Si un súper en España intenta subir el aceite más de lo debido... no hay duda de que su competencia se lo hará saber a sus clientes.

Y queda por resolver la pregunta que nos hacíamos también en septiembre: si pone un precio máximo y las cadenas lo trasladan a esta cadena. ¿Está de acuerdo Díaz en que los olivareros, ganaderos, cerealeros... reciban todavía menos que ahora? ¿O subvencionará a todos ellos por la diferencia entre el PVP y sus costes+beneficios?

Los dividendos

Pero si lo de la cesta es curioso, lo de los dividendos lo es todavía más. En primer lugar, porque apenas hay cotizadas entre las empresas dueñas de los supermercados que operan en España (Carrefour, Dia). Y las que sí son cotizadas, también son extranjeras en su mayoría.

Por cuota de mercado, los cinco grandes grupos son: Mercadona (25%), Carrefour (9,3%), Lidl (5,6%), Dia (4,8%), Eroski (4,3%). Podríamos incluir a El Corte Inglés, Consum, Alcampo, Aldi... ¿A cuál de todos ellos va a penalizar en los dividendos? ¿A las no cotizadas? ¿A las extranjeras? ¿Cree Díaz que el Gobierno francés permitiría que se impusiera una limitación a Carrefour por el negocio en España? Porque si no se pone esa multa al grupo francés o a los alemanes y sí a los españoles, estos estarían en desventaja.

Y si consigue una fórmula para prohibir esos dividendos a todas las empresas, cotizadas y no cotizadas, nacionales y extranjeras, cooperativas y marcas propiedad de una familia, ¿cuánto tiempo duraría la prohibición? ¿O es que les va a expropiar esos beneficios? Porque si es por un año, alguien podría pensar que lo único que tendrían que hacer las empresas es guardar el beneficio de un ejercicio en caja para acumularlo al del siguiente. O para hacer inversiones. O para recomprar acciones. Todas ellas opciones que los mercados valoran igual (muchas veces, mejor) que los dividendos. Lo que queremos decir es que sería una prohibición que tampoco les afectaría demasiado tanto si cotizan en el mercado de renta variable como si no. ¿Y qué porcentaje de los beneficios anuales tendrían prohibido repartir? ¿El 100%? ¿Sólo el 50%? De nuevo, en cuanto baje un poco la cifra, se encontrará con que eso ya lo hacen para alguna de las finalidades apuntadas anteriormente.

Tampoco hay respuesta para estas preguntas. A primera vista, la propuesta de la vicepresidenta parece más una ocurrencia que otra cosa. Pero habrá que esperar a conocer los detalles. Díaz dice que quiere ser presidenta del Gobierno. Parece raro imaginar que alguien que aspira a tal responsabilidad desconozca cuestiones tan básicas como las planteadas en este artículo. Seguro que en los próximos días explicará con más precisión la medida.

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