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Fiasco ecologista: los españoles compran vehículos de más de 15 años y dan la espalda al eléctrico

Los hábitos de consumo de los conductores españoles están muy lejos de la obsesión ecologista de los políticos.

Los hábitos de consumo de los conductores españoles están muy lejos de la obsesión ecologista de los políticos.
Vehículos en Madrid | Alamy

La ofensiva contra el coche promovida desde Bruselas, y con el Gobierno de Pedro Sánchez entre los que más ideas está ejecutando para acabar con el vehículo de combustión, no está teniendo el efecto deseado por los políticos.

Los últimos datos oficiales sobre el perfil del parque automovilístico nacional demuestran que los hábitos de consumo de los españoles están muy lejos de la obsesión ecologista de las Administraciones. Una de las razones principales es el elevado coste que supone para el ciudadano cumplir con la prohibitiva agenda verde.

Por eso, no es extrañar que los conductores de nuestro país hayan preferido en 2022 adquirir un coche antiguo antes que uno nuevo a pesar de que los primeros están sentenciados a muerte. Bien es cierto que el pasado año ha seguido estando marcado por la escasez de microchips y los cuellos de botella generados tras la pandemia, lo que ha provocado importantes retrasos en la comercialización de vehículos nuevos y un cierto trasvase a los vehículos de ocasión.

Sin embargo, otra de las razones fundamentales del poco éxito del vehículo nuevo no es otra que la inflación. Como la escalada de precios tampoco dio tregua en 2022, lo que supone una erosión sistemática de la riqueza de los ciudadanos mes a mes, los conductores han tenido complicado hacerse con un coche "poco contaminante" como fomentan los políticos. Así, según los datos de las patronales Faconauto (concesionarios) y Ganvam (distribuidores), el año pasado por cada vehículo nuevo se vendieron 2,3 usados a pesar de las políticas gubernamentales.

El éxito de los coches de más de 15 años

En concreto, el año 2022 se saldó con la venta de 1.885.553 de vehículos de ocasión (un 5,6% menos que un año antes) frente a solo 813.396 vehículos nuevos matriculados (un 5,4% menos). Dentro de la cifra de los coches de ocasión, 727.597 correspondieron a vehículos de más de 15 años, lo que significa que el año pasado casi cuatro de cada diez ventas tuvo como protagonista un modelo de los más antiguos. Como se observa en el gráfico, las ventas de los vehículos más longevos subieron un 6,2%. El mayor aumento de todos.

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Tan alejados están los políticos de la realidad del automóvil de nuestro país, que el Gobierno ha aprobado dentro de la Ley de Cambio Climático la obligatoriedad de imponer Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en los municipios de más de 50.000 habitantes desde el año 2023. Ayuntamientos como el de Madrid ha sido de los primeros en ponerla en marcha y sacará de la ciudad (y hasta de la M30) a los coches más antiguos que, como hemos visto, son los más vendidos.

El eléctrico no cuaja

Pero si hay una versión de vehículo que hace las delicias de los políticos ese es el eléctrico. Poco les importa a los burócratas de Bruselas que estos coches valgan entre 15.000 y 25.000 euros más que su versión gasolina o diésel o las deficiencias de su autonomía, porque ya le han puesto fecha oficial al fin de la venta de los coches de combustión en el Viejo Continente: 2035.

A cambio, el Ministerio de Transición Ecológica gastará 1.200 millones de euros en el Plan Moves III para subvencionar la compra de coches eléctricos. Sin embargo, a pesar del dinero público destinado este tipo de turismos están penetrando muy lentamente en el mercado. Por ejemplo, en el caso de los eléctricos puros de segunda mano, aunque terminaron el ejercicio con una subida del 16,3% con respecto a 2021, solo alcanzaron las 11.774 unidades vendidas, el 0,6% del mercado total. Mientras tanto, las operaciones con vehículos usados diésel, el combustible más demonizado, representaron el 57,4% del total. En el caso de los turismos 100% eléctricos nuevos, las ventas se incrementaron un 31,1% en 2022, pero se vendieron sólo 31.388 eléctricos, lo que no llega ni al 4% del mercado.

En teoría, en 2035 los conductores podrán seguir utilizando los coches de combustión que hayan comprado antes. Eso sí, a los osados que se atrevan a seguir manteniendo su coche diésel o gasolina les van a machacar con todo tipo de impuestos (sobre circulación o matriculación, sobre el combustible...) o con restricciones de entrada o circulación en las ciudades. De momento, los ciudadanos se atreven a correr el riesgo.

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