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Manuel Fernández Ordóñez

La energía nuclear que mata es la que se cierra

La seguridad de las centrales nucleares no está en entredicho, no es ni siquiera un elemento de discusión racional

La seguridad de las centrales nucleares no está en entredicho, no es ni siquiera un elemento de discusión racional
Central nuclear de Almaraz | Foro Nuclear

Los relatos se construyen porque, de manera usual, no coinciden con la realidad. Un relato es una narrativa que se desarrolla cuando se tiene que vender algo que generalmente no es verdad y hay que vestirlo de un halo de verosimilitud que lo haga susceptible de ser creído por la población generalista. Ustedes saben perfectamente a qué me estoy refiriendo, pues asistimos a diario a la construcción de relatos políticos que merman de manera deliberada nuestra calidad democrática y la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Uno de esos relatos, construido como mimo durante décadas, es el de la inseguridad de las centrales nucleares. Esta narrativa, absolutamente falsa y que no aguanta un contraste superficial con la realidad de los datos, ha sido enarbolada de manera autosuficiente por ciertos grupos de interés y su discurso ha permeado hasta las más altas instituciones del estado en España. Pero la seguridad de las centrales nucleares no está en entredicho, no es ni siquiera un elemento de discusión racional. Es fruto de intereses políticos, argumentos demagógicos y un ejercicio de dogmática soberbia indigno de cualquier dirigente en un país democrático.

Para generar la misma cantidad de electricidad, la energía solar fotovoltaica y la energía nuclear ocasionan el mismo número de muertes prematuras. Ambas se sitúan por debajo de la energía eólica, muy por debajo de la energía hidráulica, cien veces por debajo del gas, doscientas veces por debajo de la biomasa, casi mil veces por debajo del petróleo y más de mil veces por debajo del carbón que queman en Alemania. La energía nuclear, por tanto, es la tecnología más segura -junto a la energía solar- y lo es mucho más que otras tecnologías consideradas seguras por el imaginario colectivo (incluidas el resto de renovables). Esto nos dice la Ciencia, esta es la realidad, el resto es demagogia y relato. Y conviene tener en cuenta que en los fallecidos por la energía nuclear están tenidas en cuenta las muertes ocasionadas por el accidente de Chernobyl.

Los combustible fósiles ocasionan millones de muertos cada año a nivel mundial por la emisión de partículas como las PM2.5 que, debido a su pequeño tamaño, son capaces de ocasionar graves afecciones en el sistema respiratorio aumentando la incidencia de asma, bronquitis crónica, cáncer de pulmón o enfermedades cardiovasculares y cerebrales. Esto es conocido desde hace mucho años, pero obviado por muchos dirigentes, especialmente cuando elaboran los planes energéticos. Para muestra, el caso de España.

Nuestro gobierno elaboró en 2020 el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que plantea el cierre de más de la mitad del parque nuclear español para el año 2030, mientras se mantiene toda la potencia de gas de nuestro sistema eléctrico. Obviando el hecho de que cerrar centrales que no emiten gases de efecto invernadero mientras se mantienen otras que sí lo hacen no parece cuadrar con los discursos de "emergencia climática" del ejecutivo, vamos a restringirnos a analizar lo que el propio PNIEC dice sobre los efectos de esta decisión para la mortalidad de las personas en España.

El texto del PNIEC establece que en España, en el año 2030, van a seguir muriendo 6.521 personas debido a las emisiones contaminantes de los combustible fósiles. Y el relato nos intenta vender esto como un éxito, puesto que si no se llevara a cabo la transición energética postulada sobre el papel, morirían 8.913 personas. Nos intentan convencer que, gracias a la política energética del gobierno, van a morir menos personas. Lo que no nos dice el gobierno es que morirían muchas menos personas de esas 6.521 si decidieran mantener en operación las centrales nucleares en lugar de cerrarlas para seguir quemando gas. ¿Cómo de lícito es que un gobierno tome decisiones sabiendo que perjudican a su ciudadanía?

Las centrales nucleares salvan vidas, a lo largo del último medio siglo han salvado millones de vidas en todo el mundo por haber desplazado el uso de combustibles fósiles. Las centrales nucleares que más matan son, en realidad, las que se cierran. Y cuando se hace sin ningún motivo racional, la gravedad del asunto supera toda lógica intelectual. El hecho de que en España algunos prefieran que mueran más españoles de los que deberían, únicamente por mantener una agenda ideológica caduca, debería hacernos reflexionar…y mucho.

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