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Diego Barceló Larran

La trampa de la brecha fiscal con Europa que el Gobierno usará para subir impuestos

Más de la mitad de la brecha con Europa se explica por el mayor desempleo de España y no porque aquí se paguen pocos impuestos.

Diego Barceló Larran
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Más de la mitad de la brecha con Europa se explica por el mayor desempleo de España y no porque aquí se paguen pocos impuestos.
María Jesús Montero | LM

Antes de la pandemia, la recaudación tributaria media de los países de la UE equivalió al 45% del PIB. En España fue 5,8 puntos porcentuales menor (39,2%). Los socialistas de todos los partidos razonan que, si nuestro país subiera su recaudación al nivel de la media europea, el gobierno podría gastar 72.000 millones de euros más y mejorar los servicios que presta.

Esa comparación es tramposa. En los diez años anteriores a la pandemia, la tasa de paro española fue 11,6 puntos porcentuales mayor que la media europea (20,5% y 8,9%, respectivamente). Con la misma tasa de paro que Europa, España tendría casi 2,7 millones de personas más trabajando. Dado que un salario medio de 1.694 euros brutos mensuales, puede calcularse que ese mayor empleo implicaría una recaudación adicional de no menos de 38.000 millones de euros anuales (25.000 millones por cotizaciones sociales, 7.000 millones por IVA, 5.000 millones por IRPF y el resto por otros).

Así, más de la mitad de la brecha se explica por el mayor desempleo de España y no porque aquí se paguen pocos impuestos. El resto puede explicarse por la mayor economía sumergida y un mayor nivel de evasión tributaria. Precisamente, la economía sumergida y la evasión tributaria son en gran medida la consecuencia de una presión tributaria exagerada. Ambos fenómenos tenderían a crecer con cada nueva subida de impuestos.

¿Por qué España tiene un mayor desempleo que la UE? Por las trabas que pone el gobierno a la creación de empresas (límites a la competencia en servicios profesionales, farmacias, transporte, etc.), a la contratación de personal (cotizaciones sociales de las más altas, legislación laboral de las más rígidas), por las prohibiciones para invertir (en energía nuclear, en fracking, etc.) y por la desconfianza que genera, entre otras cosas, la creciente deuda pública.

El gobierno desalienta la creación de riqueza, con lo que impide crear actividad y empleo que generarían al menos 38.000 millones de euros más de ingresos tributarios. En lugar de pensar en suprimir esas trabas, convocan a unos “expertos” para que den una pátina técnica a la decisión ya tomada de subir los impuestos. ¡Y se prestan a ello!

Aumentar la presión fiscal no garantiza un mejor nivel de vida: Grecia recauda el 49% de su PIB y eso no le ha supuesto a su pueblo una mayor prosperidad. Además, sería una ingenuidad pensar que se puede aumentar la recaudación de impuestos en 72.000 millones de euros sin que ello lastre el crecimiento económico.

Así como los costes de una mala política económica lo pagan principalmente esos 2,7 millones de personas que podrían estar trabajando pero están parados, el precio de la mayor presión tributaria no lo pagarán solo los que deban ingresar una mayor cantidad de euros, sino también todos los que pierdan oportunidades de prosperar, en especial los currantes de menores ingresos.

El gasto de los parlamentos autonómicos es apenas el 0,5% de sus respectivos presupuestos, pero su gestión más eficiente permitiría un ahorro de 300 millones de euros anuales ¿Se imagina el lector lo que podrían ahorrarse con una mejor gestión de los 300.000 millones que gasta el sector público (sin contar prestaciones sociales ni intereses de la deuda)?

Que nadie se engañe: el gobierno quiere confiscar una mayor proporción de la riqueza que genera el sector privado para aumentar su poder y sus probabilidades de conservarlo. Con una mayor recaudación le será más fácil comprar apoyos parlamentarios y aumentar la red clientelar a través de más subvenciones y empleo público. La planeada subida de impuestos no tiene nada que ver con el bienestar de la sociedad; tiene que ver con un proyecto político disgregador, revanchista y contrario a la prosperidad. Un ejemplo más de cómo el estado mastodóntico que hemos creado se ha convertido en enemigo de nuestra libertad

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