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Las grandes economías de la OCDE dan ejemplo a España con los impuestos

Mientras volvemos a la fallida política económica de los globos sonda para que las subidas de impuestos no nos parezcan tan salvajes, los concursos de acreedores han crecido un 86,5% en el primer trimestre de 2021 y los de los autónomos, un 137%.

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Mientras volvemos a la fallida política económica de los globos sonda para que las subidas de impuestos no nos parezcan tan salvajes, los concursos de acreedores han crecido un 86,5% en el primer trimestre de 2021 y los de los autónomos, un 137%.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto con motivo de la reforma del artículo 49 de la Constitución | EFE

Si por algo está destacando España durante esta crisis es por sus altas dosis de sectarismo en la toma de decisiones, tanto sanitarias como económicas. Tanto es así, que hemos tenido que superar más de un año de pandemia para que el Gobierno de la Nación se conciencie de que compatibilizar salud y economía no sólo es deseable, sino también necesario.

Ahora, que vienen tiempos de propaganda y datos parciales en materia económica, no debemos perder la perspectiva: España ha sido el país que mayor destrucción económica ha sufrido en 2021, el que mayor tasa de paro mantiene de toda la UE, el que mayor empleo ha destruido de toda Europa y el que mayor déficit público va a mantener en los próximos años.

Por supuesto que vendrán datos económicos positivos. Aunque sólo sea por efecto rebote, nuestro país tiene que registrar cifras positivas porque en cualquier otro caso la situación sería catastrófica. Pero no debemos perder la perspectiva: un rebote no es una recuperación. Los niveles de PIB no se recuperarán, al menos, hasta 2023. Un año después de lo estimado por el Gobierno de España y 3 después del estallido de la pandemia.

¿La razón? España no ha tenido ningún plan para minimizar el impacto del Covid19, y lo que ha presentado a Europa para afrontar los próximos años está muy lejos de lo que necesitamos. Tal y como hemos advertido aquí, dicho documento no es una hoja de ruta clara ni creíble y, lo que es peor, va en contra de lo que cualquier gestión con unos conocimientos básicos de economía y una cierta experiencia haría, que es lo que están haciendo otros países europeos.

De esta crisis se sale con un sector privado sólido y dinámico. O, dicho de otra manera, con menos impuestos, menos trabas burocráticas y mucha más valentía para hacer las reformas que necesita nuestro país.

Este es el camino que están transitando los países de la OCDE, y por eso la brecha fiscal (diferencia entre el coste asumido por la empresa y el salario neto recibido por el trabajador) ha caído casi medio punto porcentual de media en la OCDE, y en lugares como Estados Unidos, Irlanda o Italia la disminución oscila entre 1 y 1,5 puntos porcentuales.

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Una senda, además, que ha sido ligeramente decreciente desde que las principales economías transitaron por la recuperación económica de 2015-2019.

¿Y España? Los datos hablan por sí solos: la brecha fiscal de 2015 para una persona de sueldo medio sin hijos era del 39,39%, y en 2019 del 39,41%. Es decir, ha permanecido invariable. ¿Y en 2020? También continúa en el 39%. Y, ¿qué pasa con una familia con dos hijos en la que uno de los miembros adultos está en paro? Que la brecha fiscal en la OCDE ha caído 1 punto porcentual, mientras que la tributación en España no se ha movido… y el interés del Gobierno es subirla.

Vamos a ver qué ocurre con el Plan de Recuperación enviado a Bruselas. Es cierto que esta semana la Comisión Europea ha publicado unas nuevas estimaciones de crecimiento económico que ya incluían el impacto de los 140.000 millones de euros que recibirá España en los próximos años. Pero también es cierto que Europa últimamente nos está haciendo muchas preguntas por cuestiones que no son menores (rescate de Plus Ultra, nombramientos en el Consejo General del Poder Judicial, etc.) y que pueden suponer problemas a la hora de que los 27 aprueben unos recursos muy necesarios.

Percibo, además, un ambiente pre-rescate en algunas de las acciones del Gobierno. ¿En qué tipo de política económica se podría encajar, por ejemplo, medidas como los posibles peajes a las autovías, la brutal subida del IVA que han deslizado para productos de primera necesidad o unas cotizaciones a la seguridad social para autónomos confiscatorias? Sólo en la de un país que necesita mandar mensajes urgentes de aparente tranquilidad a sus acreedores. En nuestro caso, a la Unión Europea.

Mientras volvemos a la fallida política económica de los globos sonda para que las subidas de impuestos no nos parezcan tan salvajes, los concursos de acreedores han crecido un 86,5% en el primer trimestre de 2021 y los de los autónomos, un 137%. Y no, no es por efecto pandemia, pues el confinamiento comenzó en marzo de 2020. Y tampoco es por el fin de la moratoria concursal, porque en marzo seguía vigente.

Es por una economía extenuada, en la que los parches ya no funcionan y las barricadas de sacos de arena han sido superadas por el nivel del agua. La inmunidad de rebaño, sin duda, será un catalizador de crecimiento, pero sería irresponsable fiar todo a un contexto que deberíamos haber conseguido hace meses: Conseguir controlar la situación epidemiológica sin recurrir a la destrucción económica por decreto.

El Banco de España ya ha advertido de que podríamos comenzar a observar episodios de falta de liquidez en los mercados en algunos segmentos, como también ha propuesto algunas de las reformas estructurales que, por supuesto, obviaremos aunque sean necesarias. Por ahora, la situación a nivel internacional es de relativa calma, y transmitir una hoja de ruta creíble es algo imprescindible para resguardar nuestra economía ante posibles episodios de tensión en los mercados financieros y/o de crédito.

Ahí tienen a países como Italia, Portugal o Grecia, todos viejos conocidos de la Troika, sacando adelante reformas sin que nadie se lo pida. Y, mientras, España sigue con globos sonda y la política sectaria e ideológica de la que nos acordaremos antes o después.

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