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Los empresarios españoles, los grandes olvidados de la recuperación económica

El número de empresas continúa estando un 5% por debajo de los niveles precrisis, y un 7% inferior a 2019. ¿Qué significa esto? Que la recuperación se hace más difícil porque la contratación se complica.

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El número de empresas continúa estando un 5% por debajo de los niveles precrisis, y un 7% inferior a 2019. ¿Qué significa esto? Que la recuperación se hace más difícil porque la contratación se complica.
Un camarero recoge las sillas y mesas en una terraza de Galicia | Carlos Castro / Europa Press

España está repitiendo errores del pasado. Bastan unos datos económicos que no sean catastróficos para comenzar a hablar de "brotes verdes" y a proclamar el fin de esta crisis, como si esto hubiera acabado, cuando no ha hecho más que empezar y, lo que es más importante, España continúa mostrando cifras de paro y actividad económica a la cola de Europa y de la OCDE.

Los datos que hemos conocido el pasado viernes del paro y de la afiliación a la seguridad social no son positivos. Algunos indicadores para argumentar mi postura:

  • Eliminando el efecto de los ERTE, la afiliación efectiva es de 18,9 millones de personas. O, dicho de otra manera, la cifra de personas trabajando no es un máximo histórico como nos pretenden vender, ni tan siquiera ha recuperado los niveles prepandemia, sino que está en cifras similares a las de2016.
  • El número de desempleados, contando los ERTE, autónomos en prestación por cese de actividad, Otros no Ocupados, y personas con disposición limitada asciende a 4,9 millones de personas. O, lo que es lo mismo, en España la tasa de paro real continúa por encima del 20%.
  • Y, por último, la actividad económica no recupera niveles prepandemia y el mercado laboral tampoco. Tanto es así que en junio de 2021 se formalizaron 1,8 millones de contratos, una cifra que es la más baja desde la recuperación económica y un nivel del 10% por debajo de 2019.

No es intención de este artículo analizar los datos de paro y afiliación a la seguridad social, pero sí que es necesario un contexto para que el lector entienda la verdadera profundidad de uno de los grandes problemas de esta crisis: El sector privado.

La contratación se complica

El número de empresas continúa estando un 5% por debajo de los niveles precrisis, y un 7% inferior a 2019. ¿Qué significa esto? Que la recuperación se hace más difícil porque la contratación se complica.

El empresario ha sido el gran olvidado de esta crisis. Esta semana el Banco de España ha sacado un informe que es claro al respecto: El tejido empresarial ha sido el que menos ayudas directas ha recibido durante esta crisis, a lo que yo añado que, además, las ayudas han llegado tarde y bajo una maraña burocrática que las hace difícil de ejecutar.

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O, dicho de otra manera: no sólo han sido uno de los colectivos que han sufrido con más dureza la crisis por la acción discrecional y restrictiva de la actividad de su gobierno nacional. También han sido quienes menos apoyados han estado. El escudo social ha sido ese eufemismo usado por el Gobierno de España para subvencionar y aumentar la dependencia de ellos. Y, sin embargo, se ha dejado atrás al empresario.

Ya contamos en esta columna la semana pasada que en el último informe de la Central de Balances Trimestral del Banco de España queda reflejado que las empresas están facturando un 4% menos que hace un año, que su beneficio neto también evoluciona a la baja y que 1 de cada 2 se ha visto obligada a despedir durante los últimos meses.

Pero digo más: la magnitud del impacto se ve claramente con la evolución del Excedente Bruto de Explotación y con la Renta Mixta Bruta, sendos indicadores que suponen una aproximación al beneficio empresarial:

  • Si entre 2008 y 2013 estas partidas cayeron en 40.000 millones de euros, ahora lo han hecho por un montante que casi alcanza los 100.000 millones. Su evolución, además, está prácticamente estancada (e incluso ligeramente a la baja en el primer trimestre de 2021).

Por decirlo para que sea fácilmente comprensible: Los beneficios empresariales no sólo podrían haber duplicado la caída de la crisis de 2008. También, podrían estar afrontando una situación de no retorno por una evolución plana y con pocas esperanzas de mejora.

Esto, por no hablar de la prohibición de despedir si se ha incluido a algún trabajador en ERTE, de la obligación de reponer mano de obra que se jubila con otra nueva, de la brutal subida de la luz, que deja fuera al 75% de los establecimientos comerciales, o de las brutales subidas de impuestos que ya ha puesto en marcha este gobierno y que, previsiblemente, seguirá ejecutando.

Los intervencionistas son así: No importa que sus políticas no hayan triunfado nunca en ningún sitio. Ellos tienen su hoja de ruta clara y están decididos a andar el camino. Pero sin empresas no hay camino posible. El récord de contratación que supone el sector público bajo el mandato de Sánchez no es suficiente para saciar su hambre de miseria.

Por ahora, está habiendo un proceso de autoempleo similar al que vimos en la crisis de 2008, por eso la afiliación de autónomos ha registrado máximo histórico. Esto, sin embargo, no puede dejarnos ver que es cuestión de tiempo que supongan un problema en términos de solvencia y empleo si la recuperación económica no adquiere mucha más solidez.

Por ahora, las condiciones de financiación no son especialmente duras. Pero seguimos sin poder descartar un movimiento inesperado en el mercado que las cambie (por ejemplo, el default de Argentina).

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Ahora bien, el propio Banco Central Europeo publica en su informe trimestral un ligero repunte en el tipo de interés pagado por las empresas españolas. Por el momento es una subida testimonial, aunque no podemos descartar un empeoramiento de las condiciones de financiación como respuesta a la inflación y a la subida de precios de los activos considerados sin riesgo.

España se adentra en los años más importantes de las últimas décadas. De lo que hagamos ahora dependerá el estilo de vida de las generaciones futuras. Con lo que vamos conociendo a día de hoy, no podemos decir que sean acertadas.

Menos impuestos, flexibilización normativa y reducción del gasto público. Ese es el camino a seguir para España… y para sus empresas.

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