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Daniel Rodríguez Asensio

Ayuso tiene razón: debemos oponernos al último delirio totalitario de Sánchez

Nuestra economía es un 25% más eficiente que hace 20 años. Y no hemos necesitado a ningún dictador que nos imponga lo que tenemos que hacer.

Nuestra economía es un 25% más eficiente que hace 20 años. Y no hemos necesitado a ningún dictador que nos imponga lo que tenemos que hacer.
Cordon Press

La pobreza es uno de los elementos imprescindibles para cualquier régimen totalitario. Lo cuenta a la perfección Federico Jiménez Losantos en Memoria del Comunismo (La esfera de los libros), e incide mucho sobre este factor Richard J. Evans en La llegada del Tercer Reich. Tanto el comunismo como el fascismo nacieron en un caldo de cultivo en Europa.

Sánchez ha decidido tirar por el camino del medio en su agenda totalitaria y acelerarla a 1 año de las elecciones. Para ello, cumple con el manual del intervencionista: Primero, en lugar de afrontar un problema, lo exagera (puede ser el cambio climático o la guerra en Ucrania); después, lo maquilla con expresiones que generen miedo (como, por ejemplo, la emergencia climática) y llena los medios de comunicación afines de casos extremos y, en muchas ocasiones, excepcionales; y, por último, usa este estado de ánimo basado en el pánico para usar herramientas supuestamente legales para coartar la libertad de la gente y seguir aumentando su poder.

Sánchez tuvo a los españoles 3 meses encerrados en sus casas. Aplicó las herramientas más restrictivas de Europa durante la primera ola de la pandemia, y esto incluye 2 estados de alarma que el Tribunal Constitucional declaró ilegales. La consecuencia, como no podía ser de otra manera, es que España fue el país con peores cifras sanitarias durante esta primera ola, y que aún hoy somos la única economía europea que no ha recuperado los niveles de riqueza (PIB) previos a la crisis.

¿Cuál ha sido la consecuencia de todo este despropósito judicial, democrático, constitucional y en términos de libertad individual? Una gran nada. Aquí no ha pasado nada ni nadie ha asumido ninguna responsabilidad.

No es difícil deducir, a la vista de lo anterior, los grandes incentivos que tienen nuestros políticos a exacerbar problemas para usar herramientas jurídicas "excepcionales" para afrontarlos. Ya saben, el clásico político socialista con cada vez más poder a costa de unos ciudadanos más pobres y sometidos.

El Decreto de medidas de racionamiento de la energía (porque no se puede llamar de otra manera) es una aberración. A una buena parte de la población (y esto incluye a los propietarios de comercio) nos han subido la luz en mayor o menor medida. Las PyMEs españolas aún mantienen unos beneficios que están un 20% por debajo de los niveles previos a la crisis. ¿De verdad alguien en su sano juicio piensa que un propietario de un establecimiento en un barrio humilde, como puede ser la Rondilla de Valladolid, no estaría ya apagando la luz de su tienda de moda a las 22h (y a las 20h) si no considerara que es estrictamente necesario mantenerla para seguir vendiendo?

Es absurdo. Este Real Decreto no debería ser motivo de discusión política, sino de sublevación ciudadana. Los que creemos en la libertad y queremos luchar por la democracia liberal frente a quienes quieren convertir a España en un régimen autoritario bananero como los que vemos en América Latina.

Es curioso ver cómo el intervencionista, autoritario y socialista Sánchez, junto con su enorme equipo de piratas de la libertad, caen en contradicciones tan evidentes como:

  • Los mismos que te obligan a dejarte los ahorros de toda una vida en un coche eléctrico porque el tuyo de combustión contamina ahora te dicen que hay que reducir el consumo de energía eléctrica.
  • Los mismos que se ponen detrás de pancartas absurdas (¿Recuerdan el "sola y borracha quiero llegar a casa"?) ahora quieran generar el caldo de cultivo para que haya lugares más inseguros por la falta de visibilidad.
  • Y los mismos que se opusieron al fracking hace muchos años ahora estén comprando petróleo y gas natural a Estados Unidos, quien ha construido su predominio energético a nivel global gracias a esta tecnología.

La lista es extensa. Podría llenar varios artículos con lo absurdo de esta medida. En lugar de eso, creo que hay dos cosas importantes: 1) Basta ya. 2) España usa una 25% menos de energía eléctrica por unidad de PIB que hace 20 años. O, dicho de otra manera, para producir 1 millón de euros en bienes y servicios en España (PIB por valor de 1 millón de euros) necesitamos 0,28 GWh en 2002… y 0,21 GWh en 2021.

Sí. Han leído bien: Nuestra economía es un 25% más eficiente que hace 20 años. Y no hemos necesitado a ningún dictador que nos imponga lo que tenemos que hacer desde el Palacio de la Moncloa, o, peor aún, desde su residencia de vacaciones pagada por todos.

¿Cómo lo hemos hecho? Seguro que esto les va a sorprender… ¡¡¡Gracias a los avances tecnológicos!!! Sí, los mismos que hacen que una caldera gaste un 35% menos de gas que hace 25 años, o que un vehículo también consuma mucho menos que entonces. Quién lo iba a pensar, ¿verdad? (nótese la ironía).

Y Europa, ¿qué?

La Unión Europea nació para combatir los autoritarismos, tanto de izquierdas (comunismo) como de derechas (fascismo). Y nació con unos principios básicos, como son el respeto a la propiedad privada, el estado de derecho, la libertad individual, el libre mercado y la separación de poderes.

Todos ellos se ven gravemente alterados con un decreto como el que Sánchez pretende sacar adelante. España tenía que haberse levantado cuando el Gobierno vendió como un "logro" que España sólo tendría que reducir un 7% su consumo de gas, frente al 15% de otros países europeos.

Ese nunca debió ser el objetivo. España tiene capacidad para almacenar el 40% del gas natural que Europa ha venido importando de Rusia (lean) y, sin embargo, se ha dedicado a torpedear por tierra, mar y aire nuestra relación con Argelia sólo para beneficiar las aspiraciones personales de Sánchez.

Europa lleva cometiendo un error estratégico desde hace años en su política energética. Ahora, como siempre, lo pagarán sus ciudadanos. España podría haber sido parte de la solución y, sin embargo, ha decidido trocear la factura y asumir los errores propios y ajenos.

La solución al enorme problema que tenemos por delante no pasa por consumir menos. Y, mucho menos, porque sea el Gobierno el que diga quién, dónde y cuándo tiene que apretarse el cinturón. El reto en el corto plazo pasa por diversificar las fuentes de gas natural y afianzar las relaciones con los proveedores fiables; y, en el largo plazo, eliminar nuestra dependencia energética de otros regímenes, cada cual con sus objetivos. ¿Cómo? Con energía nuclear (como Francia) y con tecnologías que nos permitan extraer los recursos que tenemos bajo tierra, como es el fracking (tal y como está haciendo Estados Unidos).

Por supuesto que esto no es un camino fácil ni rápido. Lleva muchos años construir una central nuclear, y otros tantos explotar un yacimiento de petróleo o gas natural. Pero si no empezamos, como está ocurriendo, nunca lo conseguiremos.

El verdadero problema de España es que el debate está en ver cómo reducimos el consumo energético, y no en evolucionar el modelo de producción para hacerlo sostenible y garantista.

Lo que queda claro es que la gestión ideológica no funciona. Alemania ha invertido más de 300.000 millones de euros en energías renovables desde el año 2000 y tiene un problema de primer nivel desde el punto de vista energético.

Renovables sí, pero con tecnología alternativas de soporte, como es la nuclear o el ciclo combinado. Si no, pasaremos de depender de Putin a depender de otro suministrador de dudosa capacidad democrática o, peor aún, como estamos viendo… a que perder calidad de vida sea la única alternativa.

Europa siempre se ha distinguido por su Estado de Bienestar. Nunca en su historia ha impuesto a sus Estados Miembros lo que tenían que hacer, ni hacia dónde tenían que dirigir sus políticas. Por eso ha sido un modelo de éxito durante años. Ahora, sin embargo, va por el camino opuesto, con ningún político capaz de demostrar que otro modelo de gestionar es posible y deseable como, de hecho, hemos visto a principios de los 2000.

Desconozco cómo van a aplicar las restricciones energéticas en el resto del continente. Desde luego, si lo hacen como Sánchez en España, estarán abonando el terreno del autoritarismo y avanzando, quizás de forma irremediable, hacia la destrucción del proyecto europeo.

Los ciudadanos queremos mirar hacia delante, no hacia atrás; y queremos soluciones, no problemas. Y un decreto que genera inseguridad física y jurídica, arbitrariedad en la toma de decisiones y acumula poder en manos de unos pocos a costa de la inmensa mayoría es precisamente lo que no necesitamos en un momento de tanta incertidumbre.

Asegurar el cumplimiento del decreto, tanto en materia de temperatura como de iluminación, es sencillamente imposible. Como lo fue mantener a todo el mundo en su casa durante el estado de alarma. Ahora, los caciques que hay repartidos por España y que están deseando acumular más poder para aumentar sus redes clientelares, se están frotando las manos. Basta, por ejemplo, con acudir a una sala de cine cuyo dueño no es de su agrado en enero y 5 minutos después de comenzar la sesión para comprobar, casi con total seguridad, que la temperatura no cumple con la normativa.

Porque la acumulación de personas tiene la mala costumbre de subir la temperatura. Tras el penúltimo decreto autoritario de Sánchez, por encima de lo permitido.

Lo pagaremos. Primero fue "sólo" con empleos, hasta hace poco también con impuestos… y ahora con bienestar.

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