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Qué es el hidrógeno verde y por qué la promesa de Sánchez es puro "marketing"

Para alcanzar el futuro "verde" prometido por Sánchez tras la derrota del Midcat pueden faltar décadas.

Para alcanzar el futuro "verde" prometido por Sánchez tras la derrota del Midcat pueden faltar décadas.
Planta solar para la producción de hidrógeno verde en Mallorca | Cordon Press

"El hidrógeno verde ha eclosionado ya y tenemos muchísimos proyectos solventes, así que es una apuesta segura": así valoró hace unos días la ministra de Transición energética Teresa Ribera el proyecto BarMar, el gasoducto con el que Macron ha dado la puntilla definitiva al Midcat. Desde el Gobierno, se defiende que nuestro país está llamado "a convertirse en una de las principales potencias europeas en producción y exportación de hidrógeno renovable". Pero lo cierto es que a día de hoy la investigación es aún muy incipiente y se necesitarán décadas para que las promesas de Sánchez tras el "no" francés se cumplan.

El uso del hidrógeno como fuente de energía no es una novedad: lleva años utilizándose sobre todo en procesos industriales. En España, lo usan refinerías (70% del consumo total), fabricantes de productos químicos e industrias metalúrgicas. Lo que sí es nuevo es el etiquetado por colores de los tipos del incoloro hidrógeno según su origen:

  • Las 500.000 toneladas al año consumidas en España son, en su inmensa mayoría, hidrógeno gris, es decir, procedentes de fuentes de energía de origen fósil (gas natural, carbón, petróleo) y generan emisiones.
  • El hidrógeno "verde", en cambio, es aquel que se ha obtenido mediante energías renovables (solar, eólica, biomasa), sin generar emisiones.
  • La industria energética ha creado hasta nueve etiquetas para este gas: azul (obtenido con energía fósil pero con tecnologías asociadas para disminuir CO2); turquesa (con energía fósil pero sin emisiones), negro (obtenido a partir del carbón); morado (obtenido a partir de la energía nuclear)…

De dónde sale el hidrógeno verde

Para obtener hidrógeno clasificable como "verde" hay varios sistemas pero el más desarrollado es que utiliza energías renovables y agua: mediante la electrólisis del agua con electricidad obtenida a partir de energía solar o eólica se logran separar las moléculas de hidrógeno del oxígeno.

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Planta solar para la producción de hidrógeno en Mallorca | Cordon Press

El proceso generaría energía sin emisiones y además permitiría utilizar energía renovable que de otra forma se perdería. Sin embargo, hay muchos factores que impiden, a corto y medio plazo, el uso generalizado del hidrógeno verde: el fundamental es el coste: como recuerda a LM Pedro Mielgo, ex presidente de Red Eléctrica Española y uno de los mayores expertos en energía de España, para la obtención de hidrógeno verde son necesarios varios "procesos en serie" y aún está lejos el momento en que sea competitivo.

Los muchos proyectos en marcha a los que aludía Ribera están en parte dedicados al reto de abaratar las técnicas electrolíticas para separar las moléculas de hidrógeno y oxígeno del agua y al mismo tiempo adaptarlas a las fluctuaciones propias de las energías renovables. El proceso conlleva el desafío añadido de que algunas de estas tecnologías implican el uso de minerales críticos, que lo encarecen aún más.

Otros proyectos están asociados a otro gran reto: el transporte. Aunque se confía en que se puedan usar las actuales infraestructuras gasistas (el fallido Midcat así lo contemplaba) hace falta adaptarlas. Se trata de una molécula muy pequeña que se fuga con facilidad; su menor densidad también hace más complejo su almacenaje.

Los usos deseados del hidrógeno verde

Sobre el papel (así lo recoge la Hoja de Ruta del Hidrógeno del ministerio de Transición Ecológica) se espera que el hidrógeno verde consiga varios objetivos:

  • almacenar energía renovable a gran escala;
  • uso en todo tipo de procesos industriales
  • abastecimiento de hogares
  • sustitución de los combustibles fósiles en todo tipo de medios de transporte: vehículos particulares, camiones, ferrocarril, barcos e incluso aviones.
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Camión de hidrógeno de Hyundai

El horizonte para ello es aún es extraordinariamente lejano. Desde el sector, se destaca la dificultad para hacer grandes plantas y mejorar su eficiencia. En cuanto al transporte, la tecnología para hacer realidad los vehículos de hidrógeno está creada: pilas de combustible de hidrógeno que emplean hidrógeno verde para generar electricidad. Sin embargo aún falta el reto de hacerlas rentables y, además, de crear una red que en el futuro pueda abastecer a los vehículos. En España, en 2019, existían 10 vehículos de hidrógeno pertenecientes a proyectos de demostración, según el Ministerio de Ribera, y un total de cuatro "hidrogeneras", no operativas para la venta al público.

El sector defiende que el hidrógeno ofrece ventajas respecto a los coches de baterías eléctricas sobre todo en el ámbito de los vehículos pesados al acortar los tiempos de recarga y la distancia recorrida antes de repostar. Sin embargo, su eficiencia sería menor. Al respecto cabe recordar las dudas que mostró hace unos meses el CEO de Volkswagen Herbert Diess, que afirmó que el hidrógeno no era la solución para la automoción citando un estudio que consideraba mucho más caros e ineficientes los vehículos de hidrógeno frente a los eléctricos.

La "palabrería" del BarMar

Sobre estos obstáculos, Mielgo subraya cómo aún "estamos aprendiendo" de esta tecnología y compara su posible evolución con la de la fotovoltaica: recuerda que la energía solar aún produce sólo, a nivel mundial, en torno al 4% de la energía eléctrica pese a los miles de millones invertidos en ella. El hidrógeno posiblemente se convierta en un caso similar: su implantación a gran escala, si se consigue, "va a llevar muchos años". En España, siguiendo la estela de la UE, el Ministerio se ha marcado retos con los horizontes de 2030 y 2050, fecha en que se pretende que esté ya extendido en casi todos los ámbitos.

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Pila de combustible instalada en un vehículo de Toyota

Con las actuales perspectivas, el BarMar anunciado por Sánchez es, a juicio de Mielgo, puro "marketing" y "palabrería": a los extensos plazos para su construcción, que se podrían prolongar diez años, se sumaría el hecho de que para que transporte hidrógeno verde este se tendría que producir a gran escala en España, algo que no ve posible antes de bien entrada la década de los 30.

Escepticismo ecologista

Hasta entre los ecologistas se ve con escepticismo el nuevo gasoducto, que consideran "un lavado verde para la industria gasista", según un comunicado de, entre otras, Greenpeace y Ecologistas en acción. En su opinión, "lo más probable es que BarMar lleve gas o gas mezclado con un poco de hidrógeno durante décadas" e incluso apuntan, como ya han señalado otras voces, que quizás jamás se construya.

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