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La ley de la gravedad económica golpea al Gobierno: los fiascos de los bonos de Sánchez

De los trenes vacíos a los anuncios en Wallapop para revender productos culturales, los consumidores han reaccionado como era previsible.

De los trenes vacíos a los anuncios en Wallapop para revender productos culturales, los consumidores han reaccionado como era previsible.
Pedro Sánchez, esta semana en Bali, Indonesia, durante la Cumbre del G-20. | Cordon Press

Si hay un colectivo que agradecerá estos años de Gobierno de Pedro Sánchez será el de los profesores de Economía. Porque no siempre es fácil poner ejemplos a los alumnos. El enunciado típico es: "Imaginad que se pone un precio máximo al trigo de 20 $/ton, y luego se subvenciona a los agricultores con menos de 20.000 euros. Cómo afectará a las curvas de oferta y demanda de la página 28 del libro". Y entonces comienzan las dudas y las preguntas, porque ponerse en situación es complicado. A partir de ahora lo tendrán más sencillo, porque el Ejecutivo ha hecho por ellos el trabajo duro: precios máximos, bonos, descuentos a algunos consumidores, impuestos específicos a determinados productos... Ejercicios a paladas.

Eso sí, serán ejemplos sin demasiadas novedades. Queremos decir que no habrá sorpresas. Lo que siempre ha dicho la teoría se ha cumplido en la práctica. No son de esas medidas que acaban generando resultados llamativos. El fracaso de muchos de ellos (ya sea en el sobrecoste o en el colectivo beneficiado) era lo esperado. También eso alegrará a los maestros. Sánchez confirma que lo que estaban explicando en clase se cumple en la realidad.

Trenes vacíos

Cuando el precio es cero, la demanda es infinita. Esta idea se entiende mal. Porque podría pensarse que si nos dan algo gratis nos llevaremos todas las unidades que podamos acarrear. Y no es eso, entre otras cosas porque acarrear un bien tiene sus costes (de espacio, comodidad...). Lo que quiere decir "infinita" es que si un bien es gratuito, tenderemos al sobreconsumo porque el factor precio monetario ya no entra en la ecuación.

Pasa en todos los servicios públicos: en general, sobreconsumimos. Pero como tenemos que soportar esos otros costes no dinerarios (tiempo para acceder al servicio, la molestia que supone acudir al lugar donde se presta, el hecho de que sólo nos dan gratis una unidad de cada bien, etc...), que tiran en sentido contrario, al final ese sobreconsumo es limitado.

En el caso de la compra de billetes de tren por internet, estaba claro que el experimento era muy peligroso. El coste extra de reservar en todos los horarios es pequeño (apenas unos minutos en internet), sin peligro reputacional (nadie te ve) y muy cómodo (porque no tienes que decidir al sacar el billete en qué horario vas viajar y puedes cambiar de opinión sobre la marcha). ¿Y qué ha pasado? Pues lo previsible: algunos usuarios han aprovechado para adquirir billetes para todas las combinaciones posibles. Porque tampoco es necesario que el 90% de la gente lo haga. Es suficiente con que unos pocos aprovechen el truco.

Ahora nos informan de que Renfe se plantea retirar los abonos gratuitos a aquellos pasajeros que abusen o dejen su asiento libre. Podían haberlo pensado antes. Tampoco era tan complicado de imaginar. O podían haber cobrado una pequeña tarifa por cada reserva: algo de sobreconsumo habría (sobre todo en las fechas más demandadas) pero con un mínimo cargo (algo parecido a la idea de los pequeños copagos en Sanidad que funcionan en otros países) probablemente se habría solucionado el problema casi por completo. Pero claro, el titular es más potente con "gratuito".

La ayuda para gasolina

De muchos de los bienes subvencionados, los ricos consumen más. Lo que genera "ayudas regresivas". Y dinero del presupuesto para los que más tienen. Otra medida muy potente para abrir el Telediario, con un titular agradecido, pero que tiene efectos secundarios no tan positivos.

En primer lugar, el consumo de carburantes suele ir asociado a la renta: a más ingresos, tenemos más coches en las familias y nos desplazamos más con ellos. Abonar 20 céntimos por litro es, por lo tanto, una medida que beneficia a las rentas altas. Pero no sólo eso: además, subvenciona el uso del coche, lo que se supone que es malo en nuestra lucha contra la emergencia climática. Esto último se dice poco pero es muy absurdo: los lunes-miércoles-viernes pones medidas de ahorro energético; los martes-jueves-sábados haces que consumir energía sea más barato.

Lo explica el propio Miguel Sebastián, en este tuit:

Como alternativa, hace unos días Fedea planteaba enviar un cheque de ayuda contra la inflación a los hogares con menos renta, sin distorsionar el sistema de precios en general:

En 2021 había en nuestro país casi 9 millones de hogares con ingresos netos regulares por debajo de 2.000 euros mensuales, cuyo gasto total en comida y energía ascendió a unos 55.000 millones de euros. El ahorro derivado (17.000 millones) de la eliminación de las ayudas no selectivas a la energía permitiría enviar a cada una de estas familias un cheque por un importe de 1.889 euros, lo que supondría un 31% de su gasto medio en comida y energía.

Porque también hay dudas sobre cómo se está repartiendo esa ayuda entre consumidores y empresas del sector. Al final hablamos de un bien con una demanda bastante inelástica a corto y medio plazo, y en el que la competencia por el lado de la oferta es limitada, sobre todo fuera de las gandes ciudades (abrir una nueva gasolinera no es nada sencillo ni rápido). Por eso, como explicábamos en su momento, todos los estudios coincidían en que buena parte de la subvención se la estaban llevando las empresas.

Bono cultural de 400 euros para jóvenes

Y llegó la reventa en Wallapop. Una mezcla de arbitraje y búsqueda de liquidez. Otro efecto secundario más que previsible. En primer lugar porque estás regalando algo a quien quizás no lo valore (o lo valore menos que su precio de mercado).

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En segundo lugar, por la liquidez, la característica por la que preferimos el dinero: incluso aunque nos gusten los bienes que podemos comprar con el cheque del Gobierno: ¿qué es mejor: 400€ en un bono cultural o 350€ en billetes que hemos obtenido revendiendo las entradas o los juegos en Wallapop? Pues es un descuento razonable y una pregunta interesante: ¿cuánto pagaríamos nosotros? Depende de nuestras preferencias. Pero es un ejercicio excelente para comprender ese concepto de liquidez, de sustituto monetario y el descuento que estamos dispuestos a asumir cuando nos deshacemos de un bien que es como dinero, pero sólo de forma limitada.

Para un país con un déficit disparado y problemas de sostenibilidad en las finanzas públicas es una iniciativa cuestionable; como ejemplo para una clase de economía es inmejorable.

Precios del alquiler, paneles, coche eléctrico.

Ninguno de los ejemplos anteriores suena raro. Es lo que podríamos denominar "ley de la gravedad económica", que afecta desde hace siglos a todos los legisladores que han intentado fijar precios o ignorar los incentivos que mueven a productores y consumidores. En los últimos veinte años, en España, hemos tenido ejemplos de todos los colores. Y este Gobierno ha sido especialmente proclive a sentarse bajo ese manzano:

  • Ley de alquileres que limita las posibilidades de fijar precios y disponer del inmueble para los propietarios. Pero si alquilar sale menos rentable (bien porque no puedo actualizar la renta o porque se disparan los riesgos) habrá menos oferta en inmuebles y los precios de las nuevas viviendas que lleguen al mercado se dispararán.

  • Ayudas al coche eléctrico: los pobres subvencionando a los ricos

  • Primas a las renovables: sobrecapacidad y todo tipo de trampas (incluidos generadores de gasoil por las noches) para incrementar los ingresos por las ayudas (por cierto, en esto fue Miguel Sebastián, el del tuit anterior, el que diseñó un sistema carísimo)

  • Billetes subvencionados a Canarias para residentes: precios más altos para los turistas y menos gasto por su parte en destino

Los precios son información: una forma de comunicarnos y de indicarles a los demás si un bien o servicio es más o menos valorado que otros. Pero además son un incentivo para consumidores y productores.

Por eso, casi siempre hay otras opciones más eficientes antes de tocar esos precios. Porque también hay múltiples formas de saltarse las posibles medidas de control. Por ejemplo, el bono joven para bienes culturales: si no quieres que se revenda el bono en su totalidad, puedes obligar a que el usuario del bono presente el DNI en cada adquisición; pero es mucho más complicado evitar que revendan el bien una vez lo tienen en sus manos (ya sea una entrada o un videojuego). Siempre hay soluciones imaginativas para aprovecharse de que el Estado te da por 20 lo que el mercado valora en 50. Y es muy complicado anticiparlas todas. Sólo hay tres aprendizajes seguros en esta cuestión: el usuario encuentra esos resquicios antes o después; los gobiernos seguirán recurriendo a las mismas medias incluso aunque les vuelvan a decir que fracasarán; y lo harán porque el coste recae en un tercero, el contribuyente.

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