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La legislatura perdida de Sánchez: el peor gestor económico de la democracia

Analizamos los datos del peor gestor económico de Europa y el más nefasto de toda la historia democrática de España.

Analizamos los datos del peor gestor económico de Europa y el más nefasto de toda la historia democrática de España.
España, el país europeo con peor desempeño económico. | Libertad Digital

"Me gustaría ser recordado como el político que arregló la economía de España". Esas fueron las palabras de Pedro Sánchez -doctor en Economía- en una entrevista en abril de 2015, tres años antes de alcanzar la presidencia del Ejecutivo español. Pues bien, Sánchez alcanzó el poder, y después de cuatro años de gobierno socialista, estamos en condiciones de afirmar que no solo no ha arreglado la economía del país, sino que ha sido el peor gestor económico de la democracia -al menos, por el momento-. Veamos por qué.

Sánchez heredó en 2018 una situación económica relativamente positiva tras la legislatura de Mariano Rajoy. España crecía a ritmo contenido pero estable, el PIB marcaba máximos, la tasa de paro disminuía poco a poco, y el déficit público parecía contenerse impulsado por el crecimiento y los tímidos ajustes fiscales aplicados por el PP -en gran medida, por orden de Bruselas-.

Pero ahora, en la recta final del 2022, la situación es bien distinta. El PIB real de España continúa al mismo nivel que lo dejó Rajoy, mientras que el paro apenas ha bajado desde entonces, de forma que el desempleo sigue liderando el ranking de los países desarrollados. Todo ello, a la par que la deuda pública ha alcanzado niveles nunca vistos y el descuadre entre ingresos y gasto públicos continúa siendo endémico, cuando no más acentuado.

Parece, por tanto, que el mandato de Sánchez está siendo, hasta el momento, una legislatura perdida en términos económicos. Y así, claro está, difícilmente podrá ser recordado como el político que "arregló" la situación económica del país.

Pero hay quienes piensan que el duro contexto que hemos atravesado durante los últimos años, con la pandemia de coronavirus o la guerra en Ucrania, puede excusar los malos números de Sánchez. A fin de cuentas, hasta ahora, España nunca se había sometido a una cuarentena generalizada para atajar una pandemia de alcance mundial, y hacía mucho tiempo que no experimentábamos las consecuencias de un conflicto bélico en Europa. Sin embargo, si atendemos a las cifras macroeconómicas del resto de países, podremos observar que la evolución de España ha sido, en comparación, notablemente peor. Y en eso sí que podemos pedirle cuentas al Ejecutivo de Sánchez.

Concretamente, nuestro país es la única gran potencia europea (y de la OCDE) que aún no ha alcanzado los niveles de PIB previos a la pandemia. Y, además, se prevé que no recuperemos esta cota hasta ya entrado el 2024. En otras palabras, la de Sánchez será una legislatura completamente perdida en términos de crecimiento económico.

Veámoslo gráficamente: como se observa en la imagen inferior, España (-2,0%), es el único país, junto a República Checa (-0,5%), que en el tercer trimestre de este año 2022 aún no ha recuperado el PIB -ajustado por inflación y paridad de poder adquisitivo- del último trimestre de 2019, antes de la pandemia. En este periodo, la riqueza de nuestro país ha variado en la misma proporción que la media de la Eurozona, pero nuestros socios lo han hecho en términos positivos, y nosotros, en negativo.

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Llegados a este punto, hay quienes podrían considerar que, pese a los malos datos de crecimiento de la era Sánchez, estos no serían tan negativos de compararse con los cosechados durante legislaturas pasadas. Pero, lejos de ser así, las cifras nos indican que el líder socialista no solo está siendo el peor gestor económico de Europa, sino también el más nefasto de toda la historia democrática de España.

Para constatar este hecho, hemos recopilado los niveles de PIB real en nuestro país y obtenido la tasa media de crecimiento anual bajo el mandato de cada presidente. En el siguiente gráfico, observamos la evolución de la serie cuatrimestral –la más precisa– desde 1996, cuando José María Aznar comenzara a gobernar. De un primer vistazo, podemos advertir que las legislaturas de Aznar (+4,2% anual) y Rajoy (+1,7% anual) han sido las más positivas para el crecimiento económico en el país, mientras que la de Zapatero (+0,8%) obtuvo un crecimiento más modesto. La etapa de Sánchez (0,0%), por su parte, arroja un escenario de estancamiento, con un crecimiento medio anual totalmente nulo desde el tercer trimestre de 2018 hasta el mismo periodo de 2022.

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Pero la gestión de Sánchez no solo es la peor desde Aznar, sino incluso la más pobre desde que se instauró la democracia en España. Así, si ampliamos el análisis mediante una estimación del crecimiento en base a datos anuales, encontramos que el crecimiento durante los años de UCD rondó el 0,8% anual, mientras que Felipe González logró un incremento del PIB de entorno al 3,1% anual. De esta forma, podemos confirmar que, por el momento, el mandato de Pedro Sánchez está siendo el peor para el crecimiento económico de España. Y si atendemos a las discretas previsiones de crecimiento de cara a los próximos años, seguramente así acabará siendo de manera definitiva; salvo que el líder socialista encadene una nueva (y próspera) legislatura encabezando el Ejecutivo.

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En cualquier caso, todo lo anterior no quiere decir que la situación económica haya sido boyante antes de Pedro Sánchez . De hecho, los datos ya expuestos muestran que el nivel de PIB de nuestro país solo ha aumentado discretamente respecto al alcanzado en 2007, antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Pero la situación es aún más sangrante si atendemos a las cifras per cápita. Concretamente, según datos de la OCDE, la renta per cápita real de los españoles llegó en el tercer trimestre de este año 2022 a los 37.137 dólares por persona, lo que se sitúa al mismo nivel que la renta por persona marcaba en 2007. Es decir, podríamos decir que el nivel de vida de los españoles no ha crecido nada en los últimos 15 años. Y en ello tiene parte de responsabilidad Sánchez, sí. Pero también las políticas económicas seguidas por los gobiernos anteriores.

Además, el nivel de vida de los españoles medido por la renta per cápita no está alcanzando los estándares europeos. Así, en 1996, el PIB por persona en la Eurozona era de 33.014 dólares, frente a los 26.937 de España: un 21% superior, con 5.707 dólares de diferencia. Sin embargo, en la actualidad, la renta por persona de nuestros socios es de 43.972 dólares, frente a la española de 35.957: un 20% mayor, con 7.579 dólares de diferencia. En definitiva, nos encontramos a una distancia si cabe mayor del nivel de renta de la Eurozona en términos absolutos, y a nivel relativo apenas nos hemos acercado en el último cuarto de siglo. Y, para colmo, en los últimos tiempos, países como Estonia, Lituania, Chipre o Malta ya han alcanzado o superado nuestra renta per cápita.

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Sánchez apuntala la irresponsabilidad fiscal

Echando la mirada atrás en lo que se refiere a la gestión de las cuentas públicas, Aznar llegó a revertir completamente el déficit fiscal que dejó Felipe González, poniendo a España en la senda del superávit. Este fue aprovechado por Zapatero en sus primeros años, impulsado por el fuerte aumento de los ingresos públicos. Pero con el pinchazo de la burbuja, los recursos del Estado cayeron en picado, mientras que los gastos quedaron completamente sobredimensionados, generando un colosal déficit público que no se corrigió parcialmente hasta la etapa de Mariano Rajoy. Este redujo progresivamente el descuadre fiscal apoyado por un comedido plan de recortes, por las subidas de impuestos de Montoro, y por la recuperación de la economía española.

Sánchez heredó una cuentas relativamente saneadas, pero el coronavirus trastocó de nuevo el equilibrio. O, más que el coronavirus, podríamos decir que la ambición derrochadora del dirigente socialista. Y es que Sánchez ha aprovechado la crisis para elevar más si cabe el gasto público; y la inflación para inflar los ingresos. Eso sí, dejando en segundo plano la salud de las cuentas: el déficit público cerró el 2020 por encima del 10%, el 2021 casi en el 7%, y terminará el 2022 entre el 4 y el 5%, mientras que seguirá siendo elevado en los próximos años. De esta forma, Pedro Sánchez apuntala la tendencia de irresponsabilidad fiscal de las últimas décadas; todo ello, mientras sitúa el peso del Estado sobre la economía en un rango cercano al 50% del PIB. Y, así, los políticos manejan cada vez más y más recursos.

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La mala gestión de las cuentas públicas ha repercutido directamente en los niveles de deuda de nuestro país, ya que todo exceso de gasto sobre los ingresos debe financiarse pidiendo dinero prestado. A día de hoy, la cifra de deuda pública supera los 1.504 miles de millones de euros (un billón y medio), lo que representa el 116% del PIB español. Dicho de otra manera, aunque el valor de toda la producción de España durante un año se dedicara íntegramente a pagar la deuda pública, seguiríamos debiendo dinero. Estas cifras se calculan siguiendo las directrices europeas en el marco del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), pero los datos reales de endeudamiento público son aún más abultados.

Si atendemos a los niveles históricos de deuda pública, observamos que el incremento del endeudamiento acometido por Sánchez tras la pandemia ha constituido una de las alzas más abruptas de nuestra historia, habiéndose disparando el ratio deuda/PIB por encima del 125% a comienzos del 2021. Otro de los incrementos más sustanciales se vivieron bajo el gobierno de Zapatero, que duplicó el ratio de deuda pública durante su mandato.

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Líderes en desempleo

Por último, echemos un vistazo al estado del mercado laboral bajo la gestión de Pedro Sánchez y la ministra Yolanda Díaz. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (tercer trimestre de 2022), en España hay casi 3 millones de parados –2.980.200, concretamente– lo que supone que el 12,67% de la población activa está desempleada. Y mejor ni hablemos del paro juvenil, por encima del 30%.

De esta forma, la tasa de desempleo apenas ha caído menos de 4 puntos desde los peores momentos de la pandemia, cuando el desempleo superó el 16%; si bien, afortunadamente, se sitúa muy lejos del casi 27% alcanzado en 2013.

Tengamos en cuenta que, pese a que la EPA aporta los datos menos manipulables y los que utiliza Bruselas para sus análisis comparativos, este método de contabilización del paro también incluye truco estadístico por la entrada en vigor de la nueva figura de los "fijos discontinuos". Por lo que el número de personas activas que no trabajan sería mayor a los 3 millones.

Sea como fuere, y aun dando por fiables estos datos, España soporta la mayor tasa de paro de toda la Unión Europea y la OCDE. Ya ni siquiera Grecia nos supera. Y los niveles de desempleo siguen lejos de la senda establecida por Aznar y disfrutada en los primeros años Zapatero. De hecho, España es también el país de la OCDE que se sitúa más lejos de su récord mínimo de paro –del 7,5%, alcanzado en mayo de 2007–. Además, tan solo 1 de cada 3 empleos creados desde que gobierna Sánchez corresponden al sector privado.

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Así que no, Sánchez tampoco ha arreglado el mercado laboral español; en cualquier caso, su contrarreforma laboral y sus alzas unilaterales del SMI han podido contribuir a lastrar el dinamismo del empleo.

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