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La caída en desgracia de Escrivá: mala gestión, contradicciones y acusaciones de "despotismo"

La situación del ministro de Seguridad Social se ha vuelto insostenible y una reforma de las pensiones que no convence a nadie no le ha ayudado.

La situación del ministro de Seguridad Social se ha vuelto insostenible y una reforma de las pensiones que no convence a nadie no le ha ayudado.
José Luis Escrivá durante una rueda de prensa posterior al Consejo de ministros. | EFE

José Luis Escrivá organizó recientemente un encuentro con periodistas con el que pretendía aplacar las feroces críticas que está recibiendo su reforma de las pensiones. No es la primera vez que el ministro de Seguridad Social hace algo así, puesto que incluso ha llegado a abrir las puertas de su casa de verano y posar con su perro. Sin embargo, sus intentos de acercar posturas no consiguen cambiar las cosas.

De hecho, su creciente impopularidad va a más, puesto que todos los estudios independientes que se han publicado en las últimas semanas ponen de manifiesto que los cambios introducidos recientemente por el ministro van a disparar las cotizaciones sociales de forma insoportable, encareciendo aún más la contratación, pese a lo cual no se van a reducir los graves desequilibrios que presenta el sistema de pensiones.

Para entender la caída en desgracia de Escrivá, es preciso repasar los puntos que han contribuido a esta circunstancia. Y es que su periplo como ministro se salda, de momento, con (1) una gestión nefasta de la Seguridad Social, (2) una trayectoria llena de contradicciones, (3) informaciones que cuestionan el trato que brinda a sus propios trabajadores y colaboradores, y (4) su incapacidad de asumir y digerir las críticas sin revolverse de manera frontal y altiva contra quienes no están de acuerdo con él.

Gestión nefasta

Bajo su gestión, la Seguridad Social ha visto cómo su déficit estructural se dispara hasta los 37.500 millones de euros. Así, las cuentas de 2022 muestran que los gastos del sistema alcanzaron los 177.838 millones, mientras que los ingresos por cotizaciones fueron de 140.282 millones. Solo las transferencias presupuestarias maquillan la situación, pese a lo cual la deuda de la Seguridad Social ha aumentado de forma drástica: rondaba los 30.000 millones cuando Escrivá llegó al ministerio, pero ya supera los 100.000 millones. Pero la cosa no acaba ahí: la Seguridad Social tiene cuatro millones de llamadas sin atender y una situación de total y absoluto colapso que ha provocado un aumento del 42% en las quejas ciudadanas.

Continuas contradicciones

Sus continuos cambios de criterio tampoco ayuda a mejorar la situación. Cuando presidía la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Escrivá parecía ser un crítico serio y responsable, comprometido con la estabilidad presupuestaria. En cambio, desde que asumió la cartera de ministro, no ha tenido ningún rubor a la hora de aplaudir y justificar las medidas de un gobierno que ha aumentado la deuda del Reino de España en más de 300.000 millones de euros. De igual manera, aunque en 2019 desaconsejaba un aumento de las cotizaciones sociales, lo único que ha hecho en 2022 y 2023 es elevar estos pagos, creando incluso recargos adicionales. Hasta 2050, su reforma eleva un 38% tales contribuciones, pero solo revaloriza un 3% las pensiones. Otro punto de discordia ha sido la ampliación del periodo de cálculo de las pensiones, cambio que negó vehementemente pero que finalmente ha terminado aplicando. La credibilidad de Escrivá, pues, juega ya en la misma liga que Pedro Sánchez, un presidente notorio por decir una cosa y hacer la contraria.

"Déspota" y "poco dialogante" con sus trabajadores

Los antiguos empleados del gabinete de José Luis Escrivá no guardan muy buen recuerdo de su tiempo a las órdenes del actual ministro de Seguridad Social. De acuerdo con una información publicada el pasado verano por El Confidencial, algunos de los antiguos integrantes de su equipo consideran que el responsable del sistema de pensiones y de otros asuntos como la política migratoria es "un hombre complicado", "déspota" y "poco dialogante", lo que podría explicar por qué muchos de sus colaboradores han terminado abandonando su departamento de gobierno, caso de Jesús Perea o Israel Arroyo. La noticia explica asimismo que uno de sus ex trabajadores "sentía miedo cada vez que se abría la puerta de su despacho" y describe "un clima de tensión insoportable en el ministerio". En este sentido, se cuenta también el presunto episodio de una empleada que habría abandonado llorando una reunión, tras recibir diversos gritos por parte del ministro. Algo parecido cuentan de él otras fuentes que trataron con Escrivá en la AIREF o la entidad bancaria en la que trabajó durante años. En este caso, destacan sus "constantes cambios de humor y de postura".

Incapaz de asumir críticas

Pero Escrivá no solo ha sido cuestionado por la forma de actuar de puertas hacia adentro que se describe en el punto anterior, sino que también está en el punto de mira por su actitud hostil hacia los periodistas y los servicios de estudios que cuestionan su gestión. En las pocas entrevistas en las que se ha visto presionado, no ha dudado en estallar contra quienes le formulaban preguntas incómodas. De igual manera, también ha atacado públicamente los informes que han hecho de su gestión instituciones y organizaciones como el Banco de España, Fedea o BBVA Research, hablando incluso del "desprecio" y la soberbia" de las entidades que cuestionan su gestión con números encima de la mesa.

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