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Sánchez da la puntilla a la nuclear: su decreto de tope del precio del gas concentra las pérdidas en sus centrales

El Gobierno dijo que quería que las eléctricas perdiesen los "beneficios caídos del cielo". Pero esa pérdida se ha concentrado en las nucleares.

El Gobierno dijo que quería que las eléctricas perdiesen los "beneficios caídos del cielo". Pero esa pérdida se ha concentrado en las nucleares.
Pedro Sánchez, a 31 de agosto de 2022. | Europa Press

El decreto Sánchez de tope del precio del gas ha demostrado su grado de eficacia: básicamente ninguna. El recibo de la luz sigue subiendo para dolor de todos los consumidores y el principal mecanismo de supuesta corrección del coste de la energía generada con gas natural se ha financiado desde el primer momento con los bolsillos de los propios ciudadanos y empresas por medio de la denominada "compensación" a las gasistas.

Pero ese decreto sí ha provocado un deslizamiento de los beneficios y pérdidas de las compañías eléctricas que cada día generan la electricidad en España, dependiendo de la fuente de energía empleada. Y la gran perdedora ha sido, para no variar, la nuclear. Pedro Sánchez, de ese modo, sí ha conseguido dos cosas con su decreto: la primera, seguir recaudando más y más con sus impuestos a la energía durante todo este tiempo. Y, dos, dar la puntilla a efectos de rentabilidad a las mismas centrales nucleares a las que ha confirmado ya su obligación de cierre gradual hasta 2035.

El decreto de Pedro Sánchez de tope al precio del gas empleado en las centrales de ciclo combinado está claro ya que no ha logrado su objetivo. Pretendía, según afirmó el Gobierno, frenar la escalada del precio del recibo de la luz y el recibo de familias y empresas no ha dejado de subir.

La clave de ese fracaso era obvia desde el primer momento, tal y como adelantó desde el primer día Libertad Digital: su principal y supuesto mecanismo corrector del precio de la luz se basaba en topar el coste del gas natural empleado en las centrales de ciclo combinado que generan electricidad en España. Esa fuente de energía, el gas, en ocasiones marca el precio más alto de la subasta eléctrica y, por culpa del sistema legal actual, todas las fuentes de energía generadoras de electricidad cobran sus KW al precio del más caro. Es lo que se denomina sistema marginalista. O lo que la izquierda ha bautizado como "beneficios caídos del cielo" para las eléctricas que ven inflado el precio de sus KW gracias al alza del coste del gas.

Pues bien, el impacto de esa medida de tope en las distintas centrales ha sido distinto. El Gobierno dijo que quería que las eléctricas perdiesen los "beneficios caídos del cielo". Pero esa pérdida se ha concentrado en las nucleares.

La nuclear, más castigada

Para las primeras centrales afectadas por la reforma, las de ciclo combinado, el tope al precio del gas natural que emplean para generar electricidad se ha convertido en un coste que no han tenido que asumir: quien ha rebajado el precio del gas, desde el coste real de mercado al nivel máximo admitido por el Gobierno de España, han sido las gasistas. Pero, a su vez, las compañías gasistas reciben la denominada "compensación" por el tope al precio del gas de manos de los propios consumidores: los recibos de luz de las familias y empresas se han elevado ya para financiar esa compensación, porque, obviamente, en caso de que las gasistas hubiesen tenido que trabajar a pérdidas, hubiesen cortado el suministro.

La solar o eólica, por su parte, cuenta con un esquema legal de salvaguarda: tienen garantizada una rentabilidad de entre el 7% y el 7,5%, con lo que, aunque se reduzca algo el precio del recibo, su salud esta a salvo. Esa rentabilidad se carga, de hecho, también en el recibo, por medio de los denominados "Recore". Si no llegan a esa rentabilidad, se les abona la diferencia, y si se pasan, devuelven al sistema dinero por haber rebasado el nivel de ayuda diseñado políticamente.

La hidroeléctrica, por otro lado, no cuenta con ese tipo de problemas: es rentable y, en muchas ocasiones, además, es ella la que entra en último lugar en la subasta, garantizando la punta de consumo necesaria y fijando el precio final del KW.

Pero la última de esta lista es la nuclear. No tiene la posición de la hidroeléctrica, no cuenta con sistemas de garantía y tampoco vive del gas.

Resultado: la que más supuestos "beneficios caídos del cielo" ha perdido ha sido la nuclear. Y resulta muy difícil pensar que este efecto no haya sido buscado por el Gobierno, teniendo en cuenta que todo lo que ha hecho el Ejecutivo hasta el momento ha ido contra la nuclear. Y que, mientras infinidad de países prolongan la vida útil de sus centrales o impulsan nuevas nucleares, Sánchez se niega. Y que, mientras que la UE ha incluido la nuclear entre las energías verdes, Sánchez se niega.

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