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Domingo Soriano

Todas las formas que tiene el Gobierno de recortar las pensiones

Hablarán de demografía y de parámetros técnicos. Y nos prometerán que ya no harán más lo mismo que llevan haciendo 40 años de tapadillo. No les creamos.

Hablarán de demografía y de parámetros técnicos. Y nos prometerán que ya no harán más lo mismo que llevan haciendo 40 años de tapadillo. No les creamos.
El ministro de Seguridad Socia, José Luis Escrivá, junto al secretario general de CCOO, Unai Sordo, este jueves en Madrid. | EFE

Los más jóvenes no lo recordarán. Pero en 1985 en España se convocó una Huelga General por la ampliación del período de cálculo para determinar la base reguladora (de dos a ocho años) y el incremento en el número mínimo de años cotizados (de 10 a 15) para tener derecho a una pensión. En Francia no hay que remontarse tanto tiempo: justo antes del covid, Emmanuel Macron lo pasaba muy mal para explicar por qué sus compatriotas iban a tener que jubilarse más tarde.

Cuando quedan dos meses para que el Gobierno cumpla con su promesa estrella —mantener el poder adquisitivo de las pensiones ligándolas al IPC (y la cumplirá)— es bueno recordar que eso no quiere decir que la Seguridad Social no vaya a hacer ajustes por el lado del gasto ni que nos hayamos olvidado de los recortes. La gran trampa de los últimos diez años en este debate es desligar por completo la suerte de los actuales pensionistas y la de los del futuro, blindando a unos aunque eso pueda poner en riesgo a los otros. Es como lo de ese pacto de rentas que excluye al 20% de la población, justo el que recibe más rentas del Estado y el que ha salido mejor parado de las últimas dos crisis.

Esta semana, han vuelto a reaparecer dos debates que nos acompañarán a lo largo de este otoño. El alargamiento del período de cálculo y el destope de las bases máximas de cotización. El ministro de Seguridad Socia, José Luis Escrivá, ha vuelto a asegurar que (i) no se ampliará el período de cálculo a 35 años y (ii) si se suben las bases máximas se hará al mismo ritmo que con las pensiones máximas. Pero los españoles tienen la suficiente experiencia como para ser escépticos en ambas cuestiones.

En el período de cálculo, hay que recordar que es la reforma-recorte más efectiva. Los titulares en contra se los llevó la reforma del PP de 2013 (por cambiar el índice para revalorizar las pensiones y por aquel factor de sostenibilidad que introducía un poco del elemento demográfico en la ecuación), pero la que supuso de verdad un palo para los futuros pensionistas fue la del PSOE de 2011 que supuso el paso de 15 a 25 años para el cálculo de la base. Hace unos días, el Banco de España nos recordó que pasar de 25 a 35 supondría un 8% de recorte extra.

Y sí, el ministro dice que no se hará. Pero es lo que el Gobierno (éste y otros) siempre han prometido a Bruselas. La polémica de la famosa cajita que no decía lo que sí decía. Si no hay dinero en la caja (y no lo habrá) lo más sencillo será ampliar el período de cálculo. Contundente y con efectos en el futuro. Lo tiene todo para que el sucesor de Escrivá (o él mismo, si sigue en el cargo lo suficiente) eche la culpa a Bruselas de lo que le obligan a hacer.

En cuanto al destope de las bases máximas, pues lo mismo. Después de 40 años limando las pensiones con este truco (la reforma silenciosa que tantas veces hemos denunciado), ahora nos dicen que ya no lo harán más y que cada subida de las cotizaciones irá acompañada por otras de las prestaciones. Tampoco es muy creíble. Porque es muy fácil, en la ley de los PGE de cada año, subir las dos... pero un poquito más una que otra. Y porque para esto también sirve el interés compuesto: ese poquito cada año y en un par de décadas tienes al 30-35% de los nuevos pensionistas con sus prestaciones topadas por arriba porque han generado muchos más derechos de los que les vas a pagar.

Recortes en las pensiones hay de muchos tipos:

  • Desligarlas del IPC
  • Subir la edad de jubilación
  • Incrementar el período de cálculo para la base
  • Endurecer el resto de requisitos (años cotizados para tener derecho a una contributiva, años para cobrar el 100% de la base...)
  • Endurecer los requisitos para acceder a la jubilación anticipada
  • Destopar las bases máximas

Todos implican o una prestación más baja o la obligación de pagar más para cobrar lo mismo.

Como, por ejemplo, lo de la edad de jubilación, que va a pasar de los 62-63 años de media a los 67 sin que apenas se escuche una protesta. No es extraño que sea el mecanismo preferido por nuestro ministro. Y es que es increíble que esté pasando tan en silencio: lo que en Francia es un escándalo que incendia las calles aquí la izquierda lo ha asumido con una sumisión perruna. Incluso nos dicen que "subir la edad de jubilación es una exigencia para que no haya recortes". ¡¡Como si trabajar cinco años más y cobrar cinco menos no fuera un recorte brutal!!

Mi propuesta sería aplicar recortes en los seis puntos de la lista. Pequeños en cada uno, para repartir cargas y para poder hacer ajustes si son necesarios. Porque la clave es que si dejas sin tocar un punto, entonces tendrás que hacer más esfuerzos en los otros. Pero en cualquier caso, lo más relevante este otoño es lo que tiene que ver con el lenguaje: lo que es un recorte y lo que no. Porque nos van a decir que salvaguardar a los pensionistas actuales y cambiar las reglas que se aplicarán a futuro no son un recorte. Nos dirán que es "una reforma". Hablarán de demografía y de parámetros técnicos. Y nos prometerán que ya no harán más lo mismo que llevan haciendo 40 años de tapadillo. No les creamos. Un recorte es un recorte y un cambio en las reglas de juego también lo es. Y jubilarnos a los 69, ¡¡más!!

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