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Podemos, Díaz y los sindicatos callan mientras Escrivá destroza las promesas de la izquierda en pensiones

El ministro ya modificó la jubilación anticipada. Ahora dice que debemos trabajar pasados los 65 años. Lo contrario de lo que defendían los morados.

Podemos, Díaz y los sindicatos callan mientras Escrivá destroza las promesas de la izquierda en pensiones
Yolanda Díaz y José Luis Escrivá, la semana pasada, en un desayuno informativo. | Europa Press

Empecemos por lo básico. España tiene una tasa de participación laboral de los mayores de 55 años muy baja en comparación con sus vecinos más ricos. Esto es así tanto para la franja de edad de 55 a 65 años como para los mayores de 65: en ambos casos, nuestro país está entre los miembros de la UE en el que menos personas de edad avanzada tienen un empleo.

En este artículo de hace un año en Libre Mercado ofrecíamos los principales datos, que pueden resumirse en:

  1. Las cifras de nuestro país, que llaman la atención a simple vista: una tasa de empleo que en 2019 no llegaba al 54% para la franja de edad de 55 a 65 años. Recuerden que hablamos de un momento de nuestras vidas en el que, en teoría, casi todos deberíamos estar trabajando. Y del 4,3% para los que tienen entre 65 y 74 años. O lo que es lo mismo: casi nadie sigue más allá de la edad obligatoria.
  2. La comparación con los países de nuestro entorno. Sólo Italia o Francia, entre los países más ricos de la UE presentan datos similares en este campo. Al mismo tiempo, en casi todos estos índices estamos a 15-20-25 puntos de diferencia respecto a los nórdicos, Alemania, Holanda, etc... Por ejemplo, la tasa de empleo en Alemania para la franja de edad de 55-64 es del 73%; y en ese mismo país, para los que tienen entre 65 y 74 años, alcanza el 13,8% [todos los datos son de 2019, antes de la pandemia].

Desde que llegó al Ministerio de Seguridad Social, José Luis Escrivá dejó claro que éste sería su principal objetivo. Según sus cuentas, simplemente con llevar las tasas de empleo de los mayores de 55-60 años a los niveles habituales en el norte de Europa, se resolverían bastantes (casi todos, en opinión del ministro) de los problemas de la Seguridad Social.

Aquí hay dos discusiones. Una económico-financiera, que hoy dejaremos a un lado, sobre cómo de realistas son las cifras de incremento de las cotizaciones que maneja Escrivá, qué medidas habría que adoptar para lograr ese incremento de la tasa de empleo o hasta dónde llegaría el ahorro en el Presupuesto de la Seguridad Social.

Pero hay otro debate igual de interesante: el político. Porque lo que Escrivá ha planteado es un ataque directo y frontal al programa de Podemos en materia de pensiones. No hablamos de un pequeño matiz. Si fuera eso, podríamos aceptarlo como comprensible. Al fin y al cabo, estamos ante un Gobierno de coalición y es lógico que los dos partidos que lo forman no coincidan en todo.

Como decimos, esto va mucho más allá. Porque estamos ante la partida más relevante del gasto público, la pieza angular del Estado de Bienestar y uno de los capítulos más importantes del programa electoral de cualquier partido. Ninguna otra medida afectará a más españoles. Pues bien, Escrivá quiere destrozar la promesa que la izquierda europea y española (también el PSOE y en un pasado no muy lejano) ha defendido con más fuerza en las últimas tres décadas. Trabajar menos, cobrar más pensión y hacerlo durante más tiempo. ¿Sorprendente? En parte sí, pero casi lo es más el silencio de sus compañeros de coalición. Esta semana, por ejemplo, que en pensiones sólo se habla de si trabajar hasta los 70 o hasta los 74, ni Podemos ni Yolanda Díaz han dicho nada.

La izquierda y la edad de jubilación

En España somos muy dados a mirar a Francia para casi todo. Al menos para lo que tiene que ver con la política, está claro que el país vecino es una referencia, algunos piensan que para bien y otros que no tanto. Así podríamos equiparar a Escrivá (también a Nadia Calviño) con la nueva izquierda que allí representa Emmanuel Macron: ese social-liberalismo con un poco de tecnocracia, unas gotas de socialdemocracia de toda la vida, una dosis sustancial de europeísmo burocrático, mucho intervencionismo que se pretende ilustrado y un buen puñado de hojas de Excel para medirlo todo. En ese esquema hay mucho Estado e impuestos altos, Hayek diría también que bastante "fatal arrogancia", pero al mismo tiempo se busca aparentar modernidad y un cierto apego al mercado (por lo menos, mientras éste sirva para recaudar más). Es evidente que no es liberal ni lo pretende, pero tampoco es el socialismo francés de los 60.

Enfrente, Podemos se mira en el espejo de Jean-Luc Melenchon, un político al que aseguran imitar y del que les gustaría copiar su éxito. En medio queda el partido socialista, moribundo en Francia pero gobernante en España y que debe decidir aquí a cuál de esas dos opciones se acerca más.

Francia es también, y por eso traemos aquí su ejemplo, el país grande y rico de la UE que más se parece a España en este tema de las pensiones y cuándo comenzamos a cobrarlas. Según Eurostat, en 2019 (cogemos este año para evitar posibles efectos extraños provocados por el impacto de la pandemia en el mercado laboral), la tasa de empleo entre los 55 y 64 años era del 53,8% en España y del 54,5% en Francia. Para los que ya habían alcanzado los 65 años, la tasa de empleo en España era del 4,3% y en Francia del 5,4%.

Por cierto, los datos provisionales de 2021 apuntan a que en España ha crecido bastante este porcentaje en los dos años de pandemia y ya supera el 5,6% para la franja de edad de los 65 a los 74 años. Ahora habrá que ver si se mantiene o no está tendencia cuando volvamos a la normalidad.

Las bajas tasas de empleo para los mayores españoles y franceses no son una casualidad. En parte son la consecuencia de un mercado laboral disfuncional. Pero la principal razón es normativa: en las últimas décadas, tanto en Francia como en España se ha incentivado que las personas puedan jubilarse de forma anticipada y se han penalizado las jubilaciones demoradas. En el mejor de los casos, se ha permitido a regañadientes que se trabajase más allá de los 65, pero sin apenas incentivos. Todo esto lo ha hecho la izquierda. No es de extrañar, por lo tanto, que las movilizaciones fuesen masivas en Francia cuando Emmanuel Macron trató poner orden en el caótico sistema de jubilación, sobre todo en lo que hace referencia a la edad de retiro. El otoño-invierno de 2019-2020 fue muy caliente en el país vecino por este motivo. En aquel momento, al presidente galo le salvó en parte la campana del covid que dejó todo en suspenso dos años, pero no está nada claro si podrá aprobar la reforma en su nuevo mandato. En principio ha dicho que sí, que mantiene su idea de retrasar la edad mínima de jubilación, que ahora está en los 62 años, hasta los 65. Pero los sindicatos y la izquierda ya le han avisado de que vaya preparándose para nuevas huelgas y manifestaciones.

En España, el tema de la edad de jubilación había sido siempre igual de polémico. Decimos "había sido" porque parece que eso ha cambiado. El mismo Escrivá modificó hace unos meses la normativa sobre jubilación anticipada, endureciendo los requisitos para acceder a la misma y penalizando (y mucho) a los trabajadores con carreras de jubilación más largas y bases de cotización más elevadas. Este es un perfil muy querido y protegido por los sindicatos tradicionales, porque muchos de sus afiliados, especialmente en la gran industria, cumplen con estas condiciones. Pues bien, aunque la reforma perjudicaba precisamente a parte de sus afiliados... ni UGT ni CCOO fueron demasiado beligerantes. Por no decir que se pusieron de perfil y bajaron la cabeza ante el ministro socialista.

Podemos también se tragó aquel sapo. Pero lo de ahora es más gordo y también parece que los de morado y las centrales sindicales tienen pocas ganas de pelea. En el pasado, Yolanda Díaz dijo alguna vez que esto de subir la edad de jubilación no estaba entre los acuerdos pactados por la coalición de Gobierno. Pero, mientras tanto, Escrivá mantiene su objetivo, sus declaraciones y sus propuestas sin que nadie le tosa.

Miren este tuit, por ejemplo:

Estábamos en el verano de 2017 y la plana mayor de Podemos en el Congreso, encabezados por Pablo Iglesias y una desconocida Yolanda Díaz, presentaba una Proposición de Ley sobre la Reforma de las Pensiones (aquí el texto completo). Las medidas planteadas eran muy parecidas a las que contiene el programa electoral de los morados. En lo que tiene que ver con la edad de jubilación son:

  • "Las personas que hayan cotizado al menos 35 años podrán jubilarse anticipadamente sin penalización en sus pensiones". En aquella Proposición se hablaba de los 61 años, como la edad a la que podríamos acceder a la jubilación sin reducción en la prestación mensual si se cumplían los requisitos de cotización.
  • Paralizar la aplicación de la reforma de 2011, derogando aquellos artículos que suben la edad de jubilación hasta los 67 años y amplían el número mínimo de años cotizados que eran necesarios para cobrar el 100% de la base reguladora.
  • Facilitar la jubilación anticipada para los trabajadores de sectores "especialmente duros y precarios".
  • En la Proposición de Ley se incluía también una regulación para la jubilación anticipada que la hacía mucho más sencilla y con mejores condiciones para aquellas personas de más de 61 años que no tengan un empleo y cuyo "cese en el trabajo" se deba a una "causa no imputable a la libre voluntad del trabajador". Una redacción que parece pensada expresamente para los prejubilados o los trabajadores despedidos en un ERE. Un buen recordatorio en la semana en la que el ministro de Seguridad Social ha abroncado a los empresarios por este tema y ha pedido que acabemos con las prejubilaciones.

Como vemos, lo que Podemos quiere para la jubilación no es que sea un poco diferente a lo que persigue Escrivá. Es exactamente lo contrario.

Porque, además, las razones de uno y otros también son opuestas. El ministro de Seguridad Social cree que incrementar el empleo de las personas que rondan (por arriba o por abajo) los 65 años es bueno para la economía. En su opinión, no hay un número de empleos tasado y fijo; por eso, mantener en activo a alguien que podría jubilarse, genera actividad y permite que se creen nuevos puestos de trabajo también para los más jóvenes.

Enfrente, la izquierda siempre ha defendido la teoría del tapón: es decir, que un país con la tasa de paro juvenil de España no se puede permitir tener a sus trabajadores en activo hasta los 67 o 68 años, porque estos tienen que dejar hueco a los más jóvenes. Y que si los que se jubilan son los de 60... pues mejor para los que se retiran antes y mejor para los veinteañeros porque les dejan todavía más huecos. De hecho, tan era así esta teoría que durante años fue muy complicado compatibilizar pensión y sueldo porque se suponía que había que irse para dar paso a los nuevos trabajadores. La jubilación a los 65 era legal... pero también, en la práctica, era casi obligatoria y aquello se consideraba una conquista social de la izquierda.

¿Aceptará Podemos con tranquilidad estos cambios? ¿Vamos a jubilarnos con 68 años sin que la izquierda diga nada? ¿Modificar las condiciones para la jubilación anticipada o demorada no se merece ni una triste manifestación? ¿Los sindicatos, que le montaron la que le montaron a Fátima Báñez por un Factor de Sostenibilidad mucho menos lesivo en términos actuariales que estos cambios en las condiciones de acceso a la pensión, se quedarán callados?

Son muchas preguntas sin respuesta. Por ahora, Escrivá avanza. También es verdad que no queda tanta legislatura por delante. No sabemos si le dará tiempo a aprobar todo lo que quiere. Es evidente que, para la sostenibilidad del modelo, trabajar más tiempo y tener menos tiempo de derecho a la prestación es un alivio (en otros artículos analizaremos con más detalle los elementos económico-financieros de la propuesta). También es igual de evidente que esto es una quiebra del sistema, otra más, puesto que están modificando las reglas cuando no se pueden pagar las facturas.

Y luego está Macron, que estará pensando que Pedro Sánchez tiene suerte. Al norte de los Pirineos, la izquierda radical es mucho más peleona.

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