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Los pronósticos de Juan Castañeda, el economista que anticipó la crisis inflacionista de 2020

Considera que el BCE sigue sin actuar como debería y recalca el buen desempeño de la inflación en Japón o Suiza, donde no hubo expansión monetaria.

Considera que el BCE sigue sin actuar como debería y recalca el buen desempeño de la inflación en Japón o Suiza, donde no hubo expansión monetaria.
Entrevistamos al experto monetario que anticipó la crisis inflacionista | IIMR

Juan Castañeda es Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Lleva más de una década impartiendo docencia en la Universidad de Buckingham, donde dirige el Vinson Centre, un prestigioso centro de estudios dedicado a asuntos de economía política clásica. Asimismo, dirige el Institute of International Monetary Research, uno de los think tanks de referencia en el campo del análisis monetario.

Libre Mercado se ha entrevistado con el experto monetario para comentar la crisis inflacionista que está viviendo la Eurozona y, especialmente, España. Sus palabras son de especial interés, puesto que Castañeda anticipó la crisis inflacionista a mediados de 2020, con la publicación de una serie de artículos que advertían de lo que finalmente está pasando..

"Las razones que ofrecen los gobiernos no pueden ser tomadas en cuenta. Ligan la subida de precios a la invasión rusa de Ucrania, pero antes del ataque de Vladimir Putin ya teníamos los peores datos de inflación en décadas. Hablan de la codicia de los empresarios pero, si eso fuese cierto, tendríamos inflación siempre. E ignoran que otras economías abiertas y con estructuras similares tienen el IPC por debajo del 4%, caso de Japón o Suiza", arranca.

La diferencia entre el caso nipón y helvético, donde la inflación está bajo control, y la crisis que sufren Estados Unidos y la Eurozona, donde los precios están subiendo de forma descontrolada, estriba en la política monetaria. Y es que, mientras Japón o Suiza se han abstenido de aplicar grandes estímulos monetarios, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han hecho todo lo contrario.

"No entiendo que desde estos bancos centrales se afirme que la cantidad de dinero no afecta a los precios, si algo ha hecho esta crisis es validar la teoría cuantitativa del dinero. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han expandido enormemente la cantidad de dinero, con subidas interanuales que no se veían desde los años 40. En el pico de aplicación de estos estímulos monetarios, en Estados Unidos se llegaron a dar aumentos en la cantidad de dinero del 25%, en Reino Unido se dieron subidas del 15% y en la Eurozona se observaron repuntes del 12%", recuerda el académico español afincado en Reino Unido.

"En la crisis anterior, la Gran Recesión, se creó mucho dinero que, sin embargo, se quedó dentro del sistema bancario. Por eso, hay que medirse en la cantidad de dinero de forma general, es decir, la métrica conocida en la Eurozona como M3, en la que se incluyen los depósitos bancarios. De esa forma se puede comprobar si la economía realmente tiene mucho dinero en circulación o no", señala Castañeda.

Nuestro invitado recalca que "la relación entre dinero y precios se da en el medio plazo. Los impulsos monetarios se pueden poner en marcha en el corto plazo, pero eso no infiltra la economía de forma inmediata, a veces hay entre un año y medio y dos años de lapso entre la aplicación de estímulos y su reflejo en los precios. Ahora mismo estamos lidiando con las consecuencias de lo que hicieron los bancos centrales en 2020".

¿Hasta cuándo seguiremos así? "Sobre el papel, no es fácil anticipar la evolución de la inflación pero sabemos que las medidas que se han empezado a tomar ahora se van a reflejar claramente a partir de la segunda mitad de 2023 y, sobre todo, 2024. No veo una salida clara hasta entonces, no veo que se pueda relajar la inflación hasta entonces, de modo que el presente curso 2022 y buena parte del año 2023 serán años de precios altos. Pero, ojo, todo esto depende de que el Banco Central Europeo tome medidas más drásticas, porque a fecha de hoy la cantidad de dinero sigue creciendo en torno al 6%. Además, en vez de salir por completo de los programas de expansión cuantitativa, siguen actuando en el mercado de deuda, inyectando dinero para comprar obligaciones de los países más endeudados. Y, como estamos viendo, los gobiernos nacionales también están presionando para que el BCE frene cualquier encarecimiento de las primas de riesgo, lo que solo contribuye a seguir politizando las decisiones monetarias y puede llevarnos a una economía con precios estructuralmente más altos", apunta Castañeda.

En relación con Estados Unidos, considera que "la Reserva Federal está tomando medidas de forma muy drástica, puede que incluso esté restringiendo demasiado la cantidad de dinero, puesto que por ejemplo están cayendo los depósitos bancarios. Esto puede dar pie a que se de incluso un escenario de deflación. Por lo tanto hay que tener en cuenta que es importante actuar, pero tampoco excediéndose, porque no por ser ahora muy severo se tapan los errores del pasado, de ahí la importancia de actuar con sentido".

Así, "si seguimos la Regla de Friedman, la del monetarismo clásico, entonces debemos establecer que el BCE nunca debería crecer más de un 3,5-4% cada año. Llegamos a estar en el 12% y ahora nos movemos en torno al 6%, como hemos comentado antes. Por tanto, todavía no se ha hecho suficiente para verdaderamente contener el aumento de la inflación. De modo que primero se inyectó demasiado dinero y ahora no se ha ajustado lo suficiente".

Castañeda considera que "los bancos centrales están peligrosamente cerca de los gobiernos y sus tesoros. En la Eurozona, ha habido muchos años en que el grueso de la deuda pública ha sido adquirida por el BCE. Es evidente que hay una presión muy fuerte sobre los bancos centrales, porque se espera de ellos que compren deuda sin fin. Pero, en la medida en que se han financiado los déficits públicos de forma tan generosa, el problema lo han creado los propios bancos centrales, cuya independencia ha demostrado ser inexistente cuando más importante era mantener un sentido de autonomía. Precisamente por eso, siempre he defendido la conveniencia de que existan reglas que restrinjan las operaciones de los bancos centrales y protejan a los banqueros centrales de la presión política".

Desgraciadamente, "no hay otra salida que no pase por cerrar los déficits presupuestarios. El descuadre entre ingresos y gastos ha sido cubierto en los últimos años por inyecciones de dinero de nueva creación que acaban teniendo un efecto devastador al traducirse en una crisis de inflación. Tenemos que salir del espejismo, no tiene sentido pensar que déficits tan grandes se pueden financiar de manera casi gratuita". "Más que austeridad, es volver a la normalidad, a una economía al uso", concluye.

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