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¿Qué pasará con los terrenos de las centrales nucleares cuando desaparezcan?

Zorita está prácticamente desmantelada; en Garoña, el proceso aún no ha empezado. Es el futuro que le espera a todo el parque nuclear español.

Zorita está prácticamente desmantelada; en Garoña, el proceso aún no ha empezado. Es el futuro que le espera a todo el parque nuclear español.
Desmantelamiento del edificio de contención de la central de Zorita | Enresa

Si los planes del Gobierno no cambian (2023 será el año clave), en 2035 se cerrará el último de los siete reactores nucleares en España. Las centrales españolas pasarán un complejo proceso de desmantelamiento, que según el último Plan de Residuos Radiactivos, aún pendiente de aprobar, arrancará "entre tres y, preferentemente, cinco años antes de la fecha de cese definitivo", de manera que las obras se inicien "en un plazo no superior a tres años" tras la clausura.

La empresa pública Enresa será la encargada del proceso, para el que servirá de modelo el desmantelamiento de la central José Cabrera, en Almonacid de Zorita, que arrancó en 2010 y que está ya en sus "actividades finales" tras la "demolición de los grandes edificios", según fuentes de Enresa.

Tras la aprobación del Plan de Restauración de los terrenos por parte del Consejo de Seguridad Nuclear, el último paso es ejecutarlo, elaborar un informe final y obtener "la declaración de clausura de la instalación" que permitirá devolver la titularidad de los terrenos a la propietaria, Naturgy. La central burgalesa de Santa María de Garoña, cerrada en 2017, está aún en "actividades preparatorias" a la espera de la autorización de transferencia de titularidad de la propietaria, Nuclenor, a Enresa, "para poder acometer la primera fase del desmantelamiento".

¿Cuál es el futuro de esos terrenos una vez demolidas las instalaciones de las centrales y restaurados los terrenos? El presidente del Consejo de Seguridad Nuclear, Juan Carlos Lentijo, apuntó la posibilidad de que el lugar donde una vez estuvieron las centrales pase a convertirse en parques eólicos o fotovoltaicos: según afirmó en un reciente encuentro con periodistas, los terrenos "restaurados" dejarán espacios "valiosos y atractivos", candidatos a albergar proyectos industriales o relacionados con las renovables.

Al respecto, Lentijo señaló que "una vez superados numerosos controles de protección radiológicos" algunas de sus características, como la presencia de tendidos de alta tensión ya instalados, puede hacerlos atractivos para esos proyectos.

Según apuntó, en el caso de la central de Zorita, ya se está planteando alojar algún tipo de planta de producción. En cuanto a Garoña, se da la circunstancia de que hace pocos meses el Consejo de Seguridad Nuclear informó favorablemente de una petición para instalar cuatro plantas solares fotovoltaicas de la empresa Solaria en la comarca de la Bureba, en las inmediaciones de la cerrada central. Desde la compañía apuntan que el proyecto, con el que llevan "bastantes años", "no tiene nada que ver" con el proceso de cierre de centrales aunque sí señalan que la zona es atractiva por el "punto de conexión" a la red, en alusión a la subestación Barcina-Garoña, unas infraestructuras eléctricas que están atrayendo a la comarca otros proyectos similares.

Entre tanto, las centrales nucleares a las que el Gobierno ha puesto fecha de cierre continúan aportando al mix español un 20% de la producción eléctrica. La central de Almaraz, la primera en el calendario de clausura (está previsto para 2027), aportó más del 6,5% de la energía eléctrica consumida en España en 2022. Las de Ascó y Vandellós, mientras, generaron el 9,16% de la electricidad en España y el 57% en Cataluña.

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