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Siete lecciones económicas que el Gobierno ha aprendido de golpe con el caso Ferrovial

Los ministros compiten por hacer la declaración más contundente contra la compañía o sus responsables. Pero, ¿podrán hacer algo más?

Los ministros compiten por hacer la declaración más contundente contra la compañía o sus responsables. Pero, ¿podrán hacer algo más?
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La "semana Ferrovial", que así podríamos denominar a los últimos días, ha dejado una serie de enseñanzas económicas que servirán para que profesores y alumnos puedan discutir en clase en los próximos meses. Muchos de esos planteamientos teóricos que en ocasiones cuesta que salgan de los libros de texto han tomado forma en los titulares de prensa. Para algunos miembros del Gobierno, no especialistas en Economía, podría ser también una forma de aprendizaje.

1. Las expectativas importan. Los incentivos son clave. La incertidumbre cuesta dinero.

Todo el capitalismo se basa en el cálculo económico sobre el futuro. "¿Podré vender a un precio que me permita recuperar la inversión?". "¿Merece la pena soportar estos costes a cambio de un beneficio futuro que no sé a cuánto ascenderá?".

La expresión más escuchada de la semana ha sido "incertidumbre jurídica". Apela exactamente a esas expectativas e incentivos de los que tanto hablan los manuales: ¿podré seguir pagando a mis ejecutivos lo que yo quiera? Si sigue esta crisis, ¿habrá un impuesto extraordinario a los beneficios? ¿Se mantendrán las actuales condiciones de las concesiones públicas? ¿Impondrán a mis principales accionistas un impuesto a la riqueza que ataque su patrimonio personal?

No es necesario que la respuesta sea "sí" a todo. Aquí lo que importa es el porcentaje que se le da a cada escenario y el miedo a que se produzca. La mera posibilidad ya genera efectos.

Las declaraciones de ministros del Gobierno sobre "capitalistas despiadados"; o sobre los bajos impuestos que pagan las empresas; o sobre la necesidad de hacer que las medidas para cerrar el déficit público recaigan en las grandes compañías y en los ricos; o sobre esa idea de que hay que meter en cintura al Ibex; o sobre el poder que da el BOE para imponer precios máximos o para cambiar las condiciones a los prestatarios de servicios públicos incluso con efectos retroactivos...

Ninguna de esas afirmaciones tiene un impacto directo en las cuentas de una empresa. Pero hace que el porcentaje del "miedo" (el temor a que se apruebe alguna medida lesiva) sea más alto. Y, por supuesto, eso también se puede incluir en un Excel y en un business plan.

2. No hay monopolios absolutos, ni siquiera el de los gobiernos. El Estado tiene todo el poder... o ninguno.

En 2014, en las semanas previas a las elecciones al Parlamento Europeo que le dieron a conocer, Pablo Iglesias citaba y elogiaba a Jean-Luc Melenchon, el líder de la extrema izquierda francesa, que había afirmado algo así como que "el día que gane las elecciones, lo primero que haré será un desfile militar en los Campos Elíseos para enseñar al poder económico quién manda realmente".

Es la expresión más clara del poder monopolístico sobre la violencia que se arroga el Estado. Y es verdad: en su territorio, nadie puede sustraerse al mismo y un tanque da más fuerza que una cuenta de resultados.

Lo que le dice Ferrovial a Podemos y al PSOE es que ese poder puede ser mucho... y poco. ¿Qué poder tiene Maduro sobre las multinacionales que operaban en Venezuela hasta hace 20 años? Ahora mismo, ninguno. ¿Les ha hecho daño con sus nacionalizaciones y medidas anti-empresa? Sí, mucho. ¿Les puede hacer algo más? Nada de nada.

3. Mover una mole empresarial puede ser muy fácil (y barato).

Lo del capitalismo cada vez menos físico, la movilidad de los capitales, los flujos transfronterizos... todo eso de lo que llevan hablando los expertos desde hace décadas lo han comprendido en Moncloa en unos minutos. Porque, además, no hablamos de una compañía de software o de la nueva economía, con la que es más fácil imaginar un movimiento como éste.

En el caso de Ferrovial, hablamos de una empresa que se dedica a uno de los negocios más físicos que podamos imaginar: las infraestructuras. Pues bien, incluso así, le ha resultado tan sencillo como una decisión de sus órganos de administración que tendrán que ratificar sus accionistas.

Es cierto que en el Ibex no todos podrían hacerlo. O más bien podríamos decir que a algunos les sería mucho más complicado porque sí tienen buena parte de su negocio en España (por ejemplo: Endesa, Caixabank o Unicaja). Pero, cuidado, también es verdad que el peso de los ingresos generados en nuestro país es muy pequeño para otras grandes multinacionales: Amadeus, Grifols, ACS, Fluidra, Meliá, Inditex... Puestos a pensar en quién puede ser el siguiente, hay unos cuantos candidatos. ¿Se imaginan la sensación que habría si hay un segundo anuncio antes de las elecciones?

4. Poco o mucho son conceptos relativos. Y las multinacionales NO pagan pocos impuestos en España.

Después de años con la cantinela de que las grandes empresas apenas pagan impuestos y de que hay que subirles los tipos... el Gobierno ha descubierto que hay otros países, muy cercanos y con los que compartimos incluso moneda, en los que los impuestos son menores.

En realidad, desde la empresa aseguran que la clave de la decisión no es sólo la fiscalidad. Es verdad que pagará algo menos en Holanda, pero no mucho menos. Por ejemplo, los dividendos de las filiales en el extranjero están exentos en Países Bajos, mientras que en España la bonificación llega al 95%. Las cifras publicadas sobre la reducción de la factura tributaria van de los 6 a los 40 millones de euros anuales. No son migajas, pero hablamos de una empresa que en 2022 facturó 7.550 millones y tuvo un Ebitda de 728 millones. Nadie quiere pagar 6 millones más si puede ahorrárselos, pero no parece que sólo por esa cifra alguien vaya a cambiar su sede.

En cualquier caso, si aceptamos la tesis del Gobierno de que lo hace sólo para pagar menos impuestos, entonces surgen tres preguntas:

  • ¿No decíamos que las grandes empresas y los ricos apenas pagan impuestos en nuestro país? Si es así, ¿por qué se van?
  • ¿Holanda también es un paraíso fiscal? Pero si presume de uno de los estados del bienestar más sólidos de Europa y que más a menudo se ponen como referencia por la izquierda española. ¿Cómo mantiene esos servicios públicos si no cobra impuestos a las multinacionales?
  • ¿Debemos compartir Unión Europea, moneda común y fronteras abiertas con países como Países Bajos o Irlanda que son "paraísos fiscales" según miembros de nuestro propio Gobierno? ¿Qué opinan los primeros ministros de estos países cuando escuchan a los ministros de Pedro Sánchez llamarles "paraíso fiscal"? ¿Pondrá este tema encima de la mesa nuestro presidente en la próxima Cumbre de la UE?

5. La valoración es subjetiva. Y los inversores de Ferrovial no parecen tener la misma que el Gobierno.

El pasado viernes, la acción de Ferrovial cerraba la semana a 26,11 euros por título. Este jueves, el precio que marcaba la compañía de los Del Pino era de 26,73 euros. Esto implica una subida del 2%.

¿Mucho? No demasiado. ¿Castigo? Tampoco. La operación le costará a Ferrovial algo de dinero (se habla de un montante de unos 20 millones de euros) y los inversores parecen creer que merece la pena. Como vemos, tampoco es que haya cambiado de forma radical la percepción del mercado sobre la compañía. Al fin y al cabo, en España o en Holanda, esa valoración depende de su negocio (cuántas infraestructuras construirá y gestionará en los próximos años). Pero lo que está claro es que, por ahora, los inversores no piensan, como Nadia Calviño, que la decisión sea un error.

6. El déficit público también repercute en el sector privado. Y España, desgraciadamente, no aporta demasiado a sus empresas.

Los grandes accionistas y los directivos de Ferrovial pueden tener un enorme cariño a España. O no, eso lo sabrán ellos. Pero una cosa es lo que ellos piensen (o sus criterios personales) y otra es lo que es mejor para su empresa. En cada momento, sus decisiones deben ir dirigidas a maximizar el valor de la misma. No por "codicia", como afirmaba ayer el ministro José Luis Escrivá, sino porque (1) es su obligación como representantes de esos accionistas, (2) es la mejor forma de asegurar la continuidad de la empresa y (3) sus competidores también lo están haciendo y, si quieren mantener o mejorar su posición en su sector, no les queda otra alternativa.

¿Pueden equivocarse? Por supuesto, quizás esta apuesta sea un error. O no, pero el objetivo es ser más competitivos.

En el comunicado que conocíamos esta semana, Ferrovial aseguraba que una de las principales razones para la decisión es la búsqueda de mejores condiciones de financiación. Y lanza un par de mensajes entre líneas sobre las cuentas públicas españolas y el impacto que la deuda y el déficit tienen también en las empresas:

Los Países Bajos tienen, y han tenido durante décadas, las mejores calificaciones crediticias; un entorno favorable para negocios e inversores, un ordenamiento jurídico confiable y un sólido marco de gobierno corporativo. La solidez financiera y la estabilidad del país son dos grandes fortalezas de la economía neerlandesa.

Las compañías con sede en los Países Bajos se han beneficiado de una menor volatilidad en sus costes de financiación gracias a una prima de riesgo del país más estable en comparación con otros países europeos. [Esto] debería traducirse en que, en el futuro, se reduzcan los costes de financiación en las emisiones de deuda de la compañía y, a la larga, también en mejoras en el coste total de capital.

  • ¿Es Ferrovial la única compañía que ha cambiado de sede y se ha marchado a otro país? Ni es la única ni será la última.
  • ¿Es un grave perjuicio para España? Tampoco. En realidad, afectará tirando a poco al conjunto de nuestra economía. La noticia ha generado tanto ruido por lo simbólico y porque todos nos hemos puesto a hacer listas de cuáles podrían ser las siguientes.
  • ¿Hay muchas compañías que hagan la operación contraria? Es decir, que se vengan de Holanda, Irlanda o Dinamarca a España. No se nos viene a la cabeza ningún caso. Suena casi a ciencia-ficción. De hecho, en ese caso todos nos preguntaríamos: ¿por qué va a querer alguien hacer eso?
  • ¿Tener la sede o cotizar en España aporta valor a una compañía? Parece que no demasiado. De hecho, quizás si el Gobierno se preguntase no por qué se va Ferrovial sino por qué se quedan las demás, llegaría a la conclusión de que esos "capitalistas despiadados" a los que fustiga tienen más sentimientos de lo que parece.
  • ¿Por que se marcha Ferrovial a Países Bajos? Es verdad, como hemos leído a menudo estos días, que más del 80% del negocio de la empresa está en el extranjero. Pero eso no quiere decir que ese 80% provenga del país de su nueva sede. En realidad, hablamos de una compañía con filiales en medio mundo y que tiene en EEUU y en Reino Unido dos de sus principales mercados. Con esa estructura de ingresos, podría haberse radicado en muchos lugares. O haberse quedado en España. ¿Por qué ha decidido irse y a otro país de la Eurozona? Ésa es la gran pregunta.
  • Ni siquiera es necesario pensar en la sede central o en radicarse en España. Pensemos en multinacionales americanas o asiáticas que buscan un lugar para instalar su filial europea. ¿Cuántas eligen Londres, París, Fráncfort, Dublín, Ámsterdam...? ¿Y cuántas Madrid o Barcelona?

7 Las amenazas que importan son las que puedes aplicar.

Lo más curioso de todo lo que ha ocurrido en los últimos días han sido las declaraciones de miembros del Gobierno o de los partidos de la coalición.

Por ejemplo, el día del anuncio de Ferrovial, Pablo Echenique, portavoz de uno de los partidos que forman la coalición gubernamental, publicaba lo siguiente en Twitter:

Ione Belarra anunciaba una iniciativa para obligar a las empresas a devolver el dinero púbico recibido si cambian su sede.

El problema es que (1) este tipo de medidas no son legales, porque las concesiones públicas hay que darlas a la mejor oferta y el derecho comunitario impide penalizar a las compañías de otros países de la UE; y (2) su anuncio puede hacer que haya otros que se planteen lo mismo que Ferrovial (volvemos al punto uno, a la seguridad jurídica y el miedo).

Más allá del coste del traslado (esos 20 millones de euros de los que hablábamos antes), una decisión como la de Ferrovial sólo tiene impacto en la imagen pública de la empresa. En compañías con un negocio minorista (tipo Inditex), podría generar rechazo entre el público (o quizás no, pero es una suposición razonable). Pero en empresas con un negocio en el que no existe ese contacto con el cliente final es mucho más complicado que se produzca ese fenómeno.

De hecho, la distancia entre la retórica política y la facturación real es mucho mayor de lo que parece. Por ejemplo, en España hemos visto durante el procés cómo muchas compañías cambiaron de sede. Hubo mucho ruido en los primeros días tras el anuncio, acusaciones de los políticos catalanes y declaraciones altisonantes sobre la falta de compromiso con el lugar en el que habían nacido. ¿Y al final? ¿Alguna de estas empresas ha sufrido algún perjuicio? ¿Los clientes han huido en masa a otras empresas? No lo parece.

Y una pregunta final: la retórica habitual en el Gobierno sobre las grandes empresas y los grandes patrimonios suele ser muy negativa. No sólo entre los ministros de Podemos. Este jueves, Pedro Sánchez lanzó un ataque muy duro, incluso nombrándole, contra el presidente de Ferrovial, Rafael del Pino.

El retrato es el de unos parásitos que se quedan con todo y se aprovechan de su tamaño para extraer recursos de las sociedades en las que operan. Si esto es así, ¿por qué les importa tanto el anuncio de que se marchan a otro país? Si fueran coherentes, deberían celebrarlo. Si estas empresas no están en España, se quedarán con menos recursos de todos y los demás tendremos más para repartir, ¿o no?

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