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Luis Fernando Quintero

Ferrovial dobla la mano al Gobierno: así se gestó este enorme fracaso de Sánchez

Un monumental enfado de Sánchez por no haber recibido la pleitesía de Del Pino estaría detrás del pulso que el Gobierno ha perdido con Ferrovial.

Un monumental enfado de Sánchez por no haber recibido la pleitesía de Del Pino estaría detrás del pulso que el Gobierno ha perdido con Ferrovial.
El presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, interviene en la junta este jueves. | EFE

Con rotundidad, tranquilidad y orgullo, Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, refrendó la decisión que en ese mismo instante tomaba la Junta General de Accionistas de Ferrovial."Se aprueba el punto 10", dijo después de que el 93,3% del capital social de la compañía apoyase el traslado de la sede social a Países Bajos. Como estaba previsto, tan sólo su hermano Leopoldo se oponía, aunque sin riesgo para la operación al no querer ejercer el derecho de liquidar su paquete de acciones.

Terminaba así, al filo de las 14:00 horas de la tarde de este jueves, un enorme pulso que ha mantenido el Gobierno de Pedro Sánchez contra Rafael del Pino y la compañía española, desde que el 28 de febrero Ferrovial anunciase su decisión de trasladarse a Países Bajos, confesando una estrategia societaria para agilizar la cotización en el mercado norteamericano y deslizando la búsqueda de una plaza con mayor seguridad jurídica que España.

Del Pino llegaba a las instalaciones de los Duques de Pastrana en Madrid consciente de que le había doblado la mano al Gobierno, y de qué manera. Quienes hemos asistido a esta guerra como espectadores no dábamos crédito. La violencia con la que se ha pronunciado el Gobierno desde el primer día llamó mucho la atención, sobre todo después de enterarnos de que durante este tiempo otras grandes compañías como Mediaset, han trasladado también su sede a Países Bajos sin que el Gobierno haya dicho esta boca es mía.

"Esto ha sido un enorme fracaso del Gobierno", comentaban algunas fuentes de la compañía este jueves después de la votación. Las mismas confesaban haberse sorprendido de la ira y la violencia mostrada por el Gobierno quien, casi fuera de sí, ha hecho de todo contra la compañía: han usado a la CNMV y a la Agencia Tributaria. Han pedido informes ad hoc a despachos privados de abogados. Han señalado públicamente a Rafael del Pino a quien han tachado de antipatriota. Han cargado contra Países Bajos y le han acusado de "dumping fiscal". Hasta se han ido a medios de comunicación extranjeros como la CNN para cargar contra la decisión de Ferrovial. ¿Se imaginan que Biden acudiese a la BBC a cargar contra Apple? ¿Que Giorgia Meloni se plantara en la Fox a cargar contra Ferrari? ¿Que Macron viniese a Televisión Española a cargar contra Michelin? Pues eso es lo que hizo Calviño con Ferrovial en CNN.

La indignación entre los accionistas era palpable. La interferencia que ha pretendido el Gobierno en la soberanía de una compañía y la libertad de sus propietarios, ha sentado francamente mal a la masa empresarial. Incluso a aquella sin poder de influencia como el pequeño accionista propietario de 200 títulos de la compañía que hizo una cerrada defensa del derecho a la propiedad, a la libertad y los valores que alumbraron la Unión Europea, durante la propia Junta General de Accionistas.

Pero ¿cómo es posible que el Gobierno se expusiera a perder un pulso de estas características? No faltó quien, en plena ofensiva de Sánchez y los suyos, elucubraron con que el enfrentamiento hubiera sido el resultado de alguna desavenencia previa, alguna negociación entre el Gobierno y la empresa que había salido mal. Sin embargo, las fuentes consultadas por Libre Mercado hacen un relato distinto y más primitivo de lo sucedido. El Gobierno se enteró de la decisión de Ferrovial al mismo tiempo que lo hizo el resto del mundo. No pasaron por Moncloa a informar o pedir permiso, lo que provocó la ira de Sánchez, quien se ha negado a hablar o recibir a Del Pino desde aquel mismo 28 de febrero, cuando se anunció la decisión. Del Pino quiso informar a Moncloa después de anunciarlo y no antes. Sánchez no le cogió el teléfono ni quiso recibirle.

Otras fuentes apuntan a que lo que sí que hizo el presidente del Gobierno fue hablar con su vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, a quien habría mostrado su contrariedad por la decisión de Ferrovial, y más aun porque ni él ni Economía fueran conscientes de que esto iba a suceder. En ese momento, Calviño tomó las riendas de la situación y encabezó el ataque contra Ferrovial por tierra, mar y aire.

El resultado de este monumental cabreo a la vista está: la Junta aprueba la decisión de Ferrovial y dobla la mano al Gobierno. Éxito del libre mercado, de los derechos de propiedad y de los valores europeos. Fracaso enorme del Ejecutivo de Sánchez.

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